Notas de Elena | Martes 22 de enero 2019 | El libro sellado | Escuela Sabática

Martes 22 de enero: El libro sellado

“Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos. Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos? Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aun mirarlo” (Apocalipsis 5:1-3).

Allí en su mano abierta estaba el libro, el rollo de la historia de las providencias de Dios, la historia profética de las naciones y de la iglesia. Contenía las declaraciones divinas, su autoridad, sus mandamientos, sus leyes, todo el consejo simbólico del Eterno, y la historia de todos los poderes reinantes en las naciones. El rollo contenía, en lenguaje simbólico, la influencia de cada nación, lengua y pueblo desde el inicio de la historia del mundo hasta su final (Manuscript Releases, t. 9, p. 7).

La cruz de Cristo nos conduce más cerca de Dios, reconcilia al hombre con Dios, y a Dios con el hombre… Casi se ha perdido de vista la cruz, pero sin la cruz no hay relación con el Padre, no hay unidad con el Cordero en el medio del trono del cielo, no hay una recepción de bienvenida a los errantes que quieran volver al olvidado camino de la justicia y la verdad, no hay esperanza para el transgresor en el día del juicio. Sin la cruz no hay un medio provisto para vencer el poder de nuestro poderoso enemigo. Toda esperanza de la humanidad pende de la cruz (Nuestra elevada vocación, p. 48).

En la carrera celestial, todos podemos correr, y recibir el premio. No hay incertidumbre ni riesgo en el asunto. Debemos revestirnos de las gracias celestiales y con los ojos dirigidos hacia arriba, a la corona de la inmortalidad, tener siempre presente el Modelo. Fue Varón de dolores, experimentado en quebranto. Debemos tener constantemente presente la vida de humildad y abnegación de nuestro divino Señor. Y a medida que procuramos imitarlo, manteniendo los ojos fijos en el premio, podemos correr esa carrera con certidumbre, sabiendo que si hacemos lo mejor que podamos, lo alcanzaremos con seguridad (Testimonios para la iglesia, t. 2, p. 320).

Morando en [Cristo], podéis florecer. Recibiendo vuestra vida de él, no os marchitaréis ni seréis estériles…

Muchos tienen la idea de que deben hacer alguna parte de la obra solos. Confiaron en Cristo para obtener el perdón de sus pecados, pero ahora procuran vivir rectamente por sus propios esfuerzos. Mas todo esfuerzo tal fracasará. El Señor Jesús dice: “Porque separados de mi nada podéis hacer”. Nuestro crecimiento en la gracia, nuestro gozo, nuestra utilidad, todo depende de nuestra unión con Cristo. Sólo estando en comunión con él diariamente y permaneciendo en él cada hora es como hemos de crecer en la gracia. Él no es solamente el autor de nuestra fe sino también su consumador. Ocupa el primer lugar, el último y todo otro lugar. Estará con nosotros, no solo al principio y al fin de nuestra carrera, sino en cada paso del camino (El camino a Cristo, pp. 68, 69).

Comentarios de Elena G. de White para el estudio de la lección de Escuela Sabática
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