Notas de Elena | Martes 18 de septiembre 2018 | Ante Agripa | Escuela Sabática

Martes 18 de septiembre: Ante Agripa
Y pasados algunos días, el rey Agripa y Berenice vinieron a Cesárea a saludar a Festo. Y como estuvieron allí muchos días, Festo declaró la causa de Pablo al rey”… Esbozó las circunstancias que indujeron al preso a apelar a César, describió el reciente juicio realizado ante él [Pablo]…
Cuando Festo relato su historia, Agripa se interesó y dijo: “Yo también quisiera oír a ese hombre”. De acuerdo con su deseo, se arregló una entrevista para el día siguiente. “Y al otro día, viniendo Agripa y Berenice con mucho aparato, y entrando en la audiencia con los tribunos y principales hombres de la ciudad, por mandato de Festo, fue traído Pablo.
En honor de sus visitantes, Festo había tratado de hacer imponente esta ocasión. Los ricos mantos del procurador y sus invitados, las espadas de sus soldados, y la resplandeciente armadura de sus comandantes, contribuían a dar relumbre a la escena (Los hechos de los apóstoles, p. 346).
Agripa y Berenice estaban desprovistos de los rasgos de carácter que Dios estima. Eran transgresores de su ley, corrompidos de corazón y vida. Su conducta era aborrecida por Dios y los ángeles. Pero porque poseían poder y jerarquía, eran favorecidos por el mundo. El anciano preso, encadenado a los soldados que le servían de guardia, no tenia en su apariencia nada que indujera al mundo a rendirle homenaje. Sin embargo, ese hombre aparentemente sin amigos ni riquezas ni elevada posición, era escoltado por seres que el mundo no podía ver. Los ángeles del cielo lo asistían. Si se hubiese manifestado la gloria propia de uno solo de estos resplandecientes mensajeros, la pompa y orgullo de la realeza habrían palidecido; el rey y sus cortesanos habrían sido postrados en tierra, como sucedió a los de la guardia romana que vigilaban el sepulcro de Cristo. Todo el cielo estaba interesado en este solo hombre que ahora era un prisionero por causa de su fe en el Hijo de Dios. Dice el amado Juan: “El mundo no nos conoce, porque no le conoció a él”. El mundo desconoce a Cristo, y tampoco conocerá a aquellos que ejemplifican a Cristo. Ellos son hijos e hijas de Dios, miembros de la familia real; sin embargo sus rasgos principescos no son percibidos por el mundo. Pueden despertar curiosidad, pero no son apreciados ni entendidos. No despierten ni interés ni admiración para el mundo (Sketches From the Life of Paul, Bocetos de la vida de Pablo. p. 254).
El cristianismo hace un caballero de un hombre. Cristo era cortés, aun con sus perseguidores; y sus verdaderos discípulos manifestarán el mismo espíritu. Miremos a Pablo ante los gobernantes. Su discurso ante Agripa es una ilustración de la verdadera cortesía como también de la elocuencia persuasiva. El evangelio no estimula la cortesía formal corriente en el mundo, sino la que brota de la verdadera bondad del corazón (Obreros evangélicos, p. 129).

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