Notas de Elena | Martes 14 de noviembre 2017 | No bajo la Ley, sino bajo la gracia | Escuela Sabática

Martes 14 de noviembre:
No bajo la Ley, sino bajo la gracia
No hay poder capaz de quebrantar el yugo del mal y libertar de él los corazones de los hombres, sino cl poder de Dios en Jesucristo… Solo la gracia de Cristo puede habilitarnos para resistir y dominar las inclinaciones de nuestra naturaleza caída.
El valor infinito del sacrificio requerido por nuestra redención da a conocer el hecho de que el pecado es un mal tremendo. Por causa del pecado, el organismo humano completo está en desarreglo, la mente pervertida, y la imaginación corrompida. El pecado ha degradado las facultades del alma. El corazón reacciona positivamente a las tentaciones de afuera, y los pies se apresuran imperceptiblemente hacia el mal.
Así como el sacrificio expiatorio en nuestro favor fue completo, también nuestra restauración de la contaminación del pecado ha de ser completa. La ley no excusa ningún acto de maldad; no hay injusticia que se escape de la condenación. La vida de Cristo fue un cumplimiento perfecto de todos los preceptos de la ley. Él dijo: “Yo he guardado los mandamientos de mi Padre”. Juan 15:10. Su vida es nuestra norma de obediencia y servicio (Maranata: el Señor viene, p. 93).
La voluntad del hombre es agresiva, y constantemente se esfuerza por someter todas las cosas a sus designios. Si se alista al lado de Dios y del bien, los frutos del Espíritu aparecerán en la vida, y Dios ha señalado gloria, honra y paz a cada persona que obra el bien.
Cuando se permite que Satanás moldee la voluntad, el la utiliza para cumplir sus fines.. .Estimula las propensiones al mal, despierta las pasiones y las ambiciones impías. Él dice: “Yo te daré todo este poder,
estos honores, riquezas y placeres pecaminosos”; pero, pone por condición la entrega de la integridad y el embotamiento de la conciencia. Así degrada las facultades humanas, y las pone en cautividad para obrar el mal (Nuestra elevada vocación, p. 155).
La sofistería de Satanás consiste en hacer creer que la muerte de Cristo trajo la gracia que reemplazo a la ley. La muerte de Cristo no cambia o anula o debilita en el menor grado la ley de los diez mandamientos.
Esa preciosa gracia ofrecida al hombre por medio de la sangre de Cristo, establece la ley de Dios. Desde la caída del hombre, el gobierno moral de Dios y su gratia son inseparables. Van de la mano a través de todas las dispensaciones. “La misericordia y la verdad se encontraron: la justicia y la paz se besaron”…
La obediencia a los estatutos y leyes divinas, significa la vida y prosperidad de su pueblo.
La influencia del evangelio de esperanza no llevara al pecador a ver la salvación de Cristo como un mero asunto de gracia gratuita que le permite seguir viviendo en la transgresión de la ley de Dios…
Reformara sus actos, se hará leal a Dios mediante la fuerza que obtenga del Salvador y vivirá una vida nueva y más pura.
Para los obedientes hijos de Dios, los mandamientos son una delicia” (The Faith I Live By, p. 89; parcialmente en La fe por la cual vivo, p. 91).

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