Notas de Elena | Martes 13 de febrero 2018 | Una declaración de fe | Escuela Sabática

Martes 13 de febrero: Una declaración de fe
Se debería explicar claramente cómo se puede ejercer fe. Toda promesa de Dios tiene ciertas condiciones. Si estamos dispuestos a hacer su voluntad, toda su fuerza nos pertenece. Cualquier don que nos prometa se encuentra en la promesa misma. “La semilla es la palabra de Dios”. Lucas 8:11. Tan ciertamente como se encuentra la semilla del roble en la bellota, se encuentra el don de Dios en su promesa. Si recibimos la promesa, recibimos el don.
La fe que nos capacita para recibir los dones de Dios, es en sí misma un don del cual se imparte una porción a cada ser humano. Aumenta a medida que se la usa para asimilar la Palabra de Dios. A fin de fortalecer la fe debemos ponerla a menudo en contacto con la Palabra (La educación, p. 98).
La paz proviene de la confianza en el poder divino. Tan pronto como el alma resuelve obrar de acuerdo con la luz que ha recibido, el Espíritu Santo da más luz y más fuerza. Se concede la gracia del Espíritu para cooperar con la resolución del alma, aunque no reemplaza al ejercicio individual de la fe. El éxito en la vida cristiana depende de que uno se apropie de la luz que Dios ha dado. Lo que libera al alma en Cristo no es la abundancia de luz y evidencia, sino la elevación de las facultades, la voluntad y las energías del alma que claman con sinceridad: “Creo, ayuda mi incredulidad” (Testimonios para los ministros, p. 518).
Con profunda gratitud [Jacob] repitió la promesa que le aseguraba que la presencia de Dios estaría con él; y luego hizo el solemne voto: “Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir, y si tomare en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios, y esta piedra que he puesto por título, será casa de Dios: y de todo lo que me dieres, el diezmo lo he de apartar para ti”. Génesis 28:20-22.
Jacob no estaba tratando de concertar condiciones con Dios. El Señor ya le había prometido prosperidad, y este voto era la expresión de un corazón lleno de gratitud por la seguridad del amor y la misericordia de Dios. Jacob comprendía que Dios tenía sobre él derechos que estaba en el deber de reconocer, y que las señales especiales de la gracia divina que se le habían concedido, le exigían reciprocidad. Cada bendición que se nos concede demanda una respuesta hacia el Autor de todos los dones de la gracia. El cristiano debiera repasar muchas veces su vida pasada, y recordar con gratitud las preciosas liberaciones que Dios ha obrado en su favor, sosteniéndole en la tentación, abriéndole caminos cuando todo parecía tinieblas y obstáculos, y dándole nuevas fuerzas cuando estaba por desmayar. Debiera reconocer todo esto como pruebas de la protección de los ángeles celestiales. En vista de estas innumerables bendiciones debiera preguntarse muchas veces con corazón humilde y agradecido: “¿Qué pagaré a Jehová por todos sus beneficios para conmigo?” Salmos 116:12 (Patriarcas y profetas, pp. 184, 185).
============================
Notas de Elena G. de White
Lección 7: Para el 17 de febrero de 2018
Honestidad para con Dios
Escuela Sabática – Primer trimestre 2018
Mayordomía: Las motivaciones del corazón

Compartir

Recomendado

Comentarios de Facebook

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*