Notas de Elena | Martes 12 de diciembre 2017 | Las ramas naturales | Escuela Sabática

Martes 12 de diciembre: Las ramas naturales
Aquí estamos reunidos —con mentes diferentes, educación diferente, y adiestramiento diferente—, y no esperamos que toda mente siga el mismo cauce; pero la pregunta es: ¿Estamos nosotros, las diferentes ramas, injertados en la Vid verdadera? Esto es lo que deseamos saber, y queremos preguntárselo tanto a los maestros como a los alumnos. Queremos entender si estamos realmente injertados en la Vid verdadera. Si lo estamos, podemos tener modales diferentes, tonos y voces diferentes. Usted puede considerar las cosas desde un punto de vista, y nosotros tener ideas diferentes los unos de los otros con res-pecto a las Escrituras, no en oposición a ellas, sino que nuestras ideas pueden ser distintas. Mi mente puede seguir una línea de pensamiento que me resulta más familiar, y otro puede pensar y tomar una posición de acuerdo con sus rasgos de carácter, y ver un interés muy profundo en un aspecto de ello que los demás no ven (Mente, carácter y personalidad, t. 1, p. 54).
Jesús vino a este mundo y, lleno de gracia, nos invita a ir a él, aprender de él y creer en él. Cuando vamos a él, nos injerta en su vida y en su carácter. Nuestro acercamiento a él se produce por medio de la fe y el injerto es nuestra adopción; y por ese proceso recíproco llegamos a constituimos en hijos de Dios y coherederos con Cristo, participantes de la naturaleza divina, habiendo escapado de la corrupción que está en el mundo por la concupiscencia.
Este injerto en Cristo nos separa del mundo. No amaremos más la compañía de los viles, contaminados y contaminadores. Estaremos de veras muertos al pecado, pero vivos en Dios por medio de Jesucristo nuestro Señor. Entonces se producirán deliciosos racimos de fruto. Las gracias del Espíritu aparecerán bajo las formas de amor, paz, paciencia, bondad, mansedumbre. Experimentaremos nuevos afectos, nuevos apetitos, nuevos gustos. Las cosas viejas pasaron y todo ha llegado a ser nuevo (Testimonios acerca de conducta sexual, adulterio y divorcio, p. 156).
Aunque nos demos cuenta de nuestra condición desesperada sin Cristo, no debemos estar desanimados; debemos depender de los méritos de un Salvador crucificado y resucitado. Alma pobre, enferma de pecado y desanimada, mira y vive. Jesús ha comprometido su palabra; él salvará a todos los que vienen a él. Vayamos pues confesando nuestros pecados, trayendo frutos de arrepentimiento.
Jesús es nuestro Salvador hoy. Él intercede por nosotros en el lugar santísimo del santuario celestial, y él nos perdonará nuestros pecados. Espiritualmente hablando, hará para nosotros toda la diferencia del mundo el que dependamos de Dios, sin dudas, como de un seguro fundamento, o que tratemos de encontrar alguna justicia en nosotros mismos antes de venir ante él. Apartad la vista del yo y fijadla en el Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo. Es pecado dudar. La menor incredulidad, si se acaricia en el corazón, envuelve el alma en la culpa y trae grandes tinieblas y desánimo…
Jesús quiere que vayamos a él tales como somos: pecadores, des-validos, necesitados. Afirmamos que somos hijos de la luz, no de la noche o de las tinieblas; ¿qué derecho tenemos a la incredulidad? (Mensajes selectos, t. 3, pp. 168, 169).

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