Lunes 7 de julio: El Hijo de Dios
La naturaleza de Cristo fue una combinación de lo divino y lo humano. Tenía todos los atributos de Dios pero también todas las excelencias de un carácter perfecto como pueden alcanzar aquellos que creen en Cristo como su Salvador personal y desean llegar a ser colaboradores con Dios. Seres humanos degradados pueden ser elevados, por virtud de Cristo, a la altura de hijos de Dios, que viven y trabajan como Cristo. No se desaniman ni fracasan porque son vitalizados por el Espíritu y el poder de Jesucristo.
Cristo, como Hijo de Dios representa al Padre, y como Hijo del Hombre representa a la raza humana y le brinda salvación. Llegó a ser hueso de nuestros huesos y carne de nuestra carne para enfrentarse en el gran conflicto con Satanás, vencer en todas las tentaciones, y quitar el estigma y la degradación del pecado que el enemigo había colocado sobre la familia humana. Al tomar la humanidad y combinarla con la divinidad, pudo cumplir con cada demanda de la Ley divina, y eliminar cada objeción satánica de que el ser humano no puede cumplir con los mandamientos de Dios (Manuscript Releases, t. 11, p. 344).
¡Cuán irreflexivamente hemos leído el relato del bautismo de nuestro Señor, sin comprender que su significado era de la máxima importancia para nosotros, y que Cristo fue aceptado por el Padre en lugar del hombre! Cuando Jesús se inclinó en la orilla del Jordán y elevó su petición, la humanidad fue presentada ante el Padre por Aquel que había revestido su divinidad con humanidad.
Jesús se ofreció a sí mismo al Padre en lugar del hombre, para que los que se habían separado de Dios debido al pecado, pudieran regresar a Dios por los méritos del Suplicante divino.
La Tierra había estado separada del cielo por causa del pecado, pero Cristo rodea a la raza caída con su brazo humano, y con su brazo divino se aferra del trono del Infinito, y la Tierra disfruta del favor del cielo y el hombre queda en comunión con su Dios.
La oración de Cristo en favor de la humanidad perdida se abrió camino a través de todas las sombras que Satanás había proyectado entre el hombre y Dios, y dejó un claro canal de comunicaciones hasta el mismo trono de la gloria. Las puertas fueron dejadas entreabiertas, los cielos fueron abiertos y el Espíritu de Dios, en forma de una paloma, circundó la cabeza de Cristo y se oyó la voz de Dios que decía: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Comentario bíblico adventista, t. 5, p. 1054).
En Cristo se unió lo humano y lo divino. Su misión consistía en reconciliar a Dios y el hombre, en unir lo finito con lo infinito.
Solamente de esta manera podían ser elevados los hombres caídos: por los méritos de la sangre de Cristo, que los hacía partícipes de la naturaleza divina. El asumir la naturaleza humana, hizo a Cristo idóneo para comprender las pruebas y los pesares del hombre, y todas las tentaciones que le asedian. Los ángeles que no conocían el pecado no podían simpatizar con el hombre y sus pruebas peculiares. Cristo condescendió en tomar la naturaleza del hombre, y fue tentado en todo como nosotros, a fin de que pudiese socorrer a todos los que son tentados (Joyas de los testimonios, t. 1, p. 218).

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Notas de Elena - Escuela Sabática Tercer trimestre 2014

Notas de Elena – Escuela Sabática Tercer trimestre 2014

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