Lunes 29 de septiembre: Santiago, el creyente
“Cuando llegamos a Jerusalén, los hermanos nos recibieron con gozo” (Hechos 21:17). Así Lucas describe la recepción que recibió el apóstol a los gentiles cuando llegó a Jerusalén. Aunque Pablo había encontrado prejuicio, envidia y celos en todas partes, también había encontrado corazones receptivos para recibir las buenas nuevas que traía, quienes le manifestaban su amor por haberles compartido la verdad. Sin embargo, a pesar de la bondadosa bienvenida, todavía sentía ansiedad por saber la actitud de la iglesia en Jerusalén hacia él y su obra. Los verdaderos sentimientos se verían en la reunión con los ancianos que tendría lugar al día siguiente.
Pablo deseaba la unidad. Había hecho todo lo posible por remover el prejuicio y la desconfianza que se había creado porque él presentaba el evangelio a los gentiles sin las restricciones de la ley ceremonial. Temía que sus esfuerzos habían sido en vano, y que aun las ofrendas liberales que había traído no suavizaran los corazones de los hermanos judíos. Sabía que estos hombres con los que se iba a reunir eran firmes y decididos. Aunque esperaba una dura prueba, no la evitaría, puesto que había venido a Jerusalén justamente para remover las barreras de prejuicio y desconfianza que los separaban, y que había obstruido grandemente sus labores.
Al día siguiente de su llegada, los ancianos de la iglesia, con Jacobo a la cabeza, se reunieron para recibirle a él y a sus compañeros de viaje que representaban a las iglesias gentiles. Lo primero que hizo Pablo fue presentar las contribuciones que se les habían confiado. Queriendo evitar cualquier suspicacia en la administración de esas ofrendas, había pedido que las iglesias eligiesen delegados que lo acompañaran en la entrega de las contribuciones.
Estos fueron llamados al frente, y uno a uno pusieron a los pies de Jacobo las ofrendas que las iglesias gentiles habían reunido voluntariamente, aunque vivían en extrema pobreza.
Era una prueba tangible del amor que estos nuevos discípulos sentían por la iglesia madre, y su deseo de estar en armonía con sus hermanos judíos (Sketches From the Life of Paul, p. 207-209).

Compartir

Recomendado

Comentarios de Facebook

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*

1 Comment

  • hermana en cristo deseando la salvacion 3 años ago

    muchas felicitaciones por la hermosa labor de compartir con nosotros la explicacion de la escuela sabatica