Notas de Elena | Lunes 22 de junio 2015 | Judas | Escuela Sabática


 Lunes 22 de junio: Judas

Cuando Cristo permitió que Judas se asociara con él como uno de los doce, sabía que Judas estaba poseído del demonio del egoísmo. Conocía que su falso discípulo lo traicionaría, y sin embargo no lo separó de los otros discípulos alejándolo de él. Estaba preparando la mente de esos hombres para su muerte y ascensión, y previo que si alejaba a Judas, Satanás lo usaría para divulgar informes que serían difíciles de explicar…

Por lo tanto, Cristo no alejó a Judas de su presencia, sino lo mantuvo a su lado para poder contrarrestar la influencia que él pudiera ejercer contra su obra (Comentario bíblico adventista, t. 5, p. 1077).

Judas… había visto las poderosas obras del Señor, había estado con él durante su ministerio y se había sometido a la abrumadora evidencia de que era el Mesías; pero Judas era calculador y codicioso; amaba el dinero. Se quejó airado por el costoso perfume derramado sobre Jesús.

María amaba a su Señor. Él había perdonado sus pecados, que eran muchos. Había levantado de entre los muertos a su muy amado hermano, y creía que nada era demasiado costoso para ofrendárselo. Mientras más caro fuera el perfume, de mejor manera podía ella expresar su gratitud al Salvador dedicándoselo.

Judas, como excusa por su codicia, sugirió que el perfume podría haberse vendido para dar el dinero a los pobres. Pero no se trataba de que se preocupara por ellos, porque era egoísta, y a menudo se apropiaba, para su propio uso, de lo que se le había confiado con el fin de que fuera dado a los pobres. Judas no se había preocupado de la comodidad y ni siquiera de las necesidades de Jesús, pero para excusar su codicia a menudo se refería a los pobres. Este acto de generosidad de parte de María constituyó una tajante reprensión de su carácter codicioso. Ya estaba preparado el camino para que la tentación de Satanás encontrara franca acogida en el corazón de Judas…

Judas sabía cuán ansiosos estaban de prender a Jesús y se ofreció a los principales sacerdotes y ancianos para venderlo por unas cuantas monedas de plata. Su amor al dinero lo indujo a traicionar a su Señor para ponerlo en manos de sus más acerbos enemigos. Satanás estaba obrando directamente por intermedio de Judas, y en medio de las escenas impresionantes de la última cena el traidor estaba trazando planes para entregar a su Maestro (La historia de la redención, pp. 215-217).

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