Notas de Elena | Lunes 16 de julio del 2018 | La curación de un cojo | Escuela Sabática

Lunes 16 de julio: La curación de un cojo
Con gran poder los discípulos predicaban a un Salvador crucificado y resucitado. En el nombre de Jesús realizaban señales y prodigios; los enfermos eran sanados; y un hombre que había sido cojo desde su nacimiento fue restablecido a la sanidad perfecta y entró con Pedro y Juan en el templo, andando y saltando mientras alababa a Dios a la vista de todo el pueblo. La noticia se difundió, y la gente comenzó a agolparse en derredor de los discípulos. Muchos vinieron corriendo, muy asombrados por la curación que se había realizado (Primeros escritos, p. 192).

El mensaje de la salvación es comunicado a los hombres por medio de agentes humanos. Pero los judíos habían tratado de monopolizar la verdad que es vida eterna. Habían atesorado el maná viviente, que se había trocado en corrupción. La religión que habían tratado de guardar para sí llegó a ser un escándalo.
Privaban a Dios de su gloria, y defraudaban al mundo por una falsificación del evangelio. Se habían negado a entregarse a Dios para la salvación del mundo, y llegaron a ser agentes de Satanás para su destrucción.

El pueblo a quien Dios había llamado para ser columna y base de la verdad, había llegado a ser representante de Satanás. Hacia la obra que éste deseaba que hiciese, y seguía una conducta que representaba falsamente el carácter de Dios y le hacía considerar por el mundo como un tirano (El Deseado de todas las gentes, pp. 26, 27).

El arrepentimiento comprende tristeza por el pecado y abandono del mismo. No renunciamos al pecado a menos que veamos su pecaminosidad. Mientras no lo repudiemos de corazón, no habrá cambio real en nuestra vida…

Pero cuando el corazón cede a la influencia del Espíritu de Dios, la conciencia se vivifica y el pecador discierne algo de la profundidad y santidad de la sagrada ley de Dios, fundamento de su gobierno en los cielos y en la tierra… La convicción se posesiona de la mente y del corazón… Ve el amor de Dios, la belleza de la santidad y el gozo de la pureza. Ansía ser purificado y restituido a la comunión del cielo (El camino a Cristo, pp. 23, 24).

El poder condenador de la ley de Dios se extiende no solo a lo que hacemos, sino a lo que no hacemos. No hemos de justificarnos dejando de hacer lo que Dios requiere. No solo hemos de cesar de hacer el mal, sino que debemos aprender a hacer el bien. Dios nos ha dado facultades que deben ejercerse en buenas obras, y si no se emplean esas facultades, ciertamente seremos considerados como siervos malos y negligentes. Quizá no hayamos cometido atroces pecados; tales faltas quizá no estén registradas contra nosotros en el libro de Dios; pero el hecho de que nuestros actos no sean registrados como puros, buenos, elevados y nobles, lo que indica que no hemos cultivado los talentos que se nos confiaron, nos coloca bajo condenación (Mensajes selectos, t. 1, p. 257).

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Notas de Elena Escuela Sabática Lección Adultos
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Lecciones de Escuela Sabática – Tercer trimestre 2018
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Narración: Maira Fermin

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