Notas de Elena | Lunes 13 de noviembre 2017 | Cuando el pecado reina | Escuela Sabática

Lunes 13 de noviembre:
Cuando el pecado reina
La justificación propia es el peligro de esta era; separa al alma de Cristo de los que confían en su propia justicia no pueden entender como la salvación viene por medio de Cristo. Al pecado llaman justicia, y a la justicia, pecado. No perciben la malignidad de la transgresión, ni comprenden el terror de la ley; porque no respetan la norma moral de Dios.
La razón por la cual hay tantas conversiones espurias en estos días es porque hay una estimación muy baja de la ley de Dios. En lugar de la norma divina de justicia, los hombres han erigido un patrón de su propia hechura por el cual miden el carácter. Ven a través de un vidrio, oscuramente, y presentan ante la gente ideas falsas acerca de la santificación, estimulando así el egotismo, el orgullo y la justificación propia… pero lo más bondadoso que se le puede predicar al pecador es la verdad de los requerimientos obligatorios de la ley de Dios. La fe y las obras deben ir de la mano; porque la fe sola, sin obras, es muerta (Fe y obras, p. 99).
El Señor hizo al hombre recto, pero este peco y se ha degradado, porque rehúsa rendir obediencia a las demandas sagradas de la Ley de Dios. Si las pasiones del hombre son apropiadamente controladas y correctamente orientadas, contribuirán para el bien de su salud física y moral, y le aseguraran felicidad en abundancia… No hay placer autentico para el transgresor de la Ley de Dios. Sabiendo esto, el Señor ha puesto restricciones al hombre. El dirige, comanda y categóricamente prohíbe… El Señor sabe muy bien que la felicidad de sus hijos depende de la sumisión a su autoridad, y de vivir en obediencia a su norma de gobierno santa, justa y buena (Testimonios acerca de conducta sexual, adulterio y divorcio, p. 113).
No podemos servir a Dios con un corazón dividido. La religión de la Biblia no es una influencia entre muchas otras; su influencia ha de ser suprema, impregnando y dominando todo lo demás. No ha de ser como un reflejo de color aplicado aquí y allá en la tela, sino que ha de impregnar toda la vida, como si la tela fuese sumergida en el color, hasta que cada hilo de ella quede tenido por un matiz profundo e indeleble…
El que desee conocer la verdad debe estar dispuesto a aceptar todo lo que ella revele. No puede transigir con el error. El vacilar y ser tibio en obedecer la verdad, es elegir las tinieblas del error y el engaño satánico.
Los métodos mundanales y los invariables principios de la justicia, no se fusionan imperceptiblemente como los colores del arco iris. Entre los dos, el Dios eterno ha trazado una separación amplia y clara. La semejanza de Cristo se destaca tanto de la de Satanás como el mediodía contrasta con la medianoche. Y únicamente aquellos que vivan la vida de Cristo son sus colaboradores. Si se conserva un pecado en el alma, o se retiene una mala práctica en la vida, todo el ser queda contaminado.
El hombre viene a ser un instrumento de iniquidad (El Deseado de todas las gentes, p. 279)

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