Notas de Elena | Lección 9 | La prueba más convincente | Escuela Sabática|4to. Trimestre 2018

La prueba más convincente

Sábado 24 de noviembre

El amor santificado es amplio, se difunde y no puede ser restringido por el hogar o la iglesia. Este amor quiere salvar a las almas que perecen. Cada corazón que ha sentido el amor del Salvador que perdona el pecado, halla afinidad con todo otro corazón cristiano. Los verdaderos creyentes se unirán entre ellos para trabajar por las almas que están a punto de perecer…

Cuando nuestras iglesias cumplan el deber que pesa sobre ellas, serán agencias vivas y activas para el Maestro. La manifestación del amor cristiano llenará el alma con un fervor profundo y más ferviente para trabajar en favor de Aquel que dio su vida para salvar al mundo. Siendo buenos y haciendo el bien los seguidores de Cristo expulsan el egoísmo del alma. A ellos, el sacrificio más costoso les parece demasiado barato para ofrendarlo. Ven una gran viña en la cual trabajar, y comprenden que deben prepararse por la gracia divina para laborar en forma paciente y dedicada, a tiempo y fuera de tiempo, en una esfera que no conoce límites. Obtienen victoria tras victoria, creciendo en experiencia y eficiencia, extendiendo en todas partes sus esfuerzos fervorosos por ganar almas para Cristo. Utilizan su experiencia creciente para lograr el máximo bien; tienen el corazón derretido por el amor de Cristo (El ministerio médico, p. 421).

Lo que profesamos es muy exaltado. Como adventistas observadores del sábado, profesamos obedecer todos los mandamientos de Dios y esperar la venida de nuestro Redentor. Un solemnísimo mensaje de amonestación ha sido confiado a los pocos fieles de Dios. Debemos demostrar por nuestras palabras y obras que reconocemos la gran responsabilidad que se nos ha impuesto. Nuestra luz debe resplandecer tan claramente que los demás puedan ver que glorificamos al Padre en nuestra vida diaria, que estamos en relación con el cielo y somos coherederos con Cristo Jesús, para que cuando él aparezca con poder y grande gloria seamos como él.

Todos debemos sentir nuestra responsabilidad individual como miembros de la iglesia visible y trabajadores en la viña del Señor. No debemos esperar que nuestros hermanos, que son tan frágiles como nosotros, nos ayuden; porque nuestro precioso Salvador nos ha invitado a unimos a él y a unir nuestra debilidad con su fortaleza, nuestra igno61

rancia con su sabiduría, nuestra indignidad con su mérito. Ninguno de nosotros puede tener una posición neutral; nuestra influencia se ejercerá en pro o en contra de Jesús. Somos agentes activos de Cristo, o del enemigo. O recogemos con Jesús, o dispersamos. La verdadera conversión es un cambio radical. La misma tendencia de la mente y la inclinación del corazón serán desviadas, y la vida llegará a ser nueva en Cristo.

Dios está conduciendo a un pueblo para que se coloque en perfecta unidad sobre la plataforma de la verdad eterna (Testimonios para la iglesia, t. 4, pp. 20, 21).

Domingo 25 de noviembre: Bajo la cruz de Jesús

“Ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca. Esto no lo dijo por sí mismo, sino que como era el sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación; y no solamente por la nación, sino también para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos” (Juan 11:50-52).

Estas palabras fueron pronunciadas por uno que no conocía su significado. Había perdido el sentido de lo sagrado de los sacrificios y las ofrendas. Pero sus palabras significaban más de lo que sabían él o los que estaban relacionados con él. Con ellas dio testimonio de que había llegado el tiempo para que cesara para siempre el sacerdocio aarónico. Estaba condenando a Aquel que había sido simbolizado en cada sacrificio ofrecido, el Único con cuya muerte terminaría la necesidad de los símbolos y las sombras. Estaba declarando, sin saberlo, que Cristo estaba por cumplir aquello para lo cual había sido instituido el sistema de sacrificios y ofrendas (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista, t. 5, p. 1111).

No es suficiente creer acerca de Cristo; debemos creer en él. La única fe que nos beneficiará es la que le acepta a él como Salvador personal; que nos pone en posesión de sus méritos. Muchos estiman que la fe es una opinión. La fe salvadora es una transacción por la cual los que reciben a Cristo se unen con Dios mediante un pacto. La fe genuina es vida. Una fe viva significa un aumento de vigor, una confianza implícita por la cual el alma llega a ser una potencia vencedora (La maravillosa gracia de Dios, p. 140).

En el acto de someterse a la ordenanza del bautismo Cristo le muestra al pecador uno de los pasos importantes de la conversión verdadera. Cristo no tenía ningún pecado que lavar, pero al aceptar la responsabilidad de transformarse en el sustituto del hombre, los pecados de los seres humanos culpables le fueron imputados…

Todos los que viven tienen pecados que lavar… El verdadero arrepentimiento por el pecado, la fe en los méritos de Jesucristo, y el bautismo en su muerte, para ser levantados del agua y vivir una vida nueva, son los primeros pasos en el nuevo nacimiento que Cristo le dijo a Nicodemo que debía experimentar para ser salvo. Las palabras que Cristo le dirigió a Nicodemo no fueron únicamente para él, sino para todo hombre, mujer y niño que habría de vivir en el mundo… Al seguir el ejemplo de Cristo estamos seguros (Exaltad a Jesús, p. 73).

La gracia de Dios llega al alma por el canal de la fe viva, que está en nuestro poder ejercitar.

La fe verdadera demanda la bendición prometida y se aferra a ella antes de saberla realizada y de sentirla. Debemos elevar nuestras peticiones al lugar santísimo con una fe que dé por recibidos los prometidos beneficios y los considere ya suyos. Hemos de creer, pues, que recibiremos la bendición, porque nuestra fe ya se apropió de ella, y, según la Palabra, es nuestra. “Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá”. Marcos 11:24. Esto es fe sincera y pura: creer que recibiremos la bendición aun antes de recibirla en realidad (Primeros escritos, p. 72).

Lunes 26 de noviembre: El ministerio de la reconciliación

El tiempo en que vivimos es una época de emociones intensas. La ambición y la guerra, el placer y la obtención de dinero absorben la mente de la gente. Satanás ve que le queda poco tiempo, de modo que ha puesto a todos sus agentes a trabajar, a fin de que la gente pueda ser engañada, entrampada, inducida a mantenerse ocupada y embelesada; hasta que concluya el tiempo de gracia y la puerta de la misericordia se cierre para siempre. Es nuestra tarea llevar al mundo entero —a toda nación, tribu, lengua y pueblo— la verdad salvadora del mensaje del tercer ángel (Testimonios para la iglesia, t. 6, p. 39).

Necesitamos la iluminación divina. Todo individuo está luchando para llegar a ser un centro de influencia, y hasta que Dios no trabaje por su pueblo no verán que la subordinación a él es la única seguridad para toda alma. Su gracia transformadora en los corazones humanos conducirá a la unidad, una unidad que todavía no ha sido lograda, pues todos los que son asimilados por Cristo estarán en armonía los unos con los otros. El Espíritu Santo creará unidad…

“Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación… y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo”. Efesios 2:14-16.

Cristo es el vínculo de unión en la cadena de oro que une a los creyentes y los mantiene en unidad con Dios. No debe haber separación en este gran tiempo de prueba. El pueblo de Dios está constituido por “conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor” (vers.19-21). Los hijos de Dios constituyen una sola unidad en Cristo, quien presenta su cruz como el centro de atracción. Todos los que creen son uno en él (Mensajes selectos, t. 3, pp. 21, 22).

Insto a nuestros hermanos a dejar de criticar y de hablar mal, y a acudir a Dios en ferviente oración, pidiéndole que ayude a los que se equivocan. Únanse unos con otros y con Cristo. Estudien el capítulo diecisiete de Juan, y aprendan cómo orar y cómo vivir la oración de Cristo. Él es el Consolador. Él morará en sus corazones, haciendo que su gozo sea cumplido. Sus palabras serán para ellos como el Pan de Vida, y con la fuerza así obtenida serán capacitados para desarrollar caracteres que serán una honra para Dios. Un perfecto compañerismo cristiano existirá entre ellos. Se verá en sus vidas el fruto que siempre aparece como resultado de la obediencia a la verdad…

Ha de haber menos charla acerca de pequeñas diferencias, y un estudio más diligente de lo que la oración de Cristo significa para quienes creen en su nombre. Hemos de orar por la unión, y entonces vivir de tal manera que Dios pueda responder nuestras oraciones…

La completa unión con Cristo y unos con otros es absolutamente necesaria para la perfección de los creyentes. La presencia de Cristo por la fe en los corazones de los creyentes es su poder, su vida. Produce unión con Cristo. “Tú en mí”. La unión con Dios por medio de Cristo hace perfecta a la iglesia (Reflejemos a Jesús, p. 192).

Martes 27 de noviembre: La unidad práctica

El amor hacia las almas por las cuales Cristo murió significa crucificar al yo. El que es hijo de Dios debe desde entonces considerarse como eslabón de la cadena arrojada para salvar al mundo. Es uno con Cristo en su plan de misericordia y sale con él a buscar y salvar a los perdidos. El cristiano ha de comprender siempre que se ha consagrado a Dios y que en su carácter ha de revelar a Cristo al mundo. La abnegación, la simpatía y el amor manifestados en la vida de Cristo han de volver a aparecer en la vida del que trabaja para Dios (El Deseado de todas las gentes, p. 386).

A fin de ser sabios, los que quieran tener la sabiduría de Dios deben llegar a parecer insensatos con respecto al conocimiento pecaminoso de esta época. Deben cerrar los ojos para no ver ni aprender el mal. Deben taparse los oídos, para no percibir lo malo ni obtener un conocimiento que mancillaría la pureza de sus pensamientos y actos. Y deben guardar su lengua para no expresar comunicaciones corruptas y para que no se halle engaño en su boca (El hogar cristiano, p. 367).

El poder de una vida más elevada, pura y noble es nuestra gran necesidad. El mundo abarca demasiado de nuestros pensamientos, y el reino de los cielos demasiado poco…

Él [Jesús] es el origen del poder, la fuente de la vida. Nos lleva a su Palabra, y del árbol de la vida nos presenta hojas para la sanidad de las almas enfermas de pecado. Nos guía hacia el trono de Dios, y pone en nuestra boca una oración por la cual somos traídos en estrecha relación con él. En nuestro favor pone en operación los todopoderosos agentes del cielo. A cada paso sentimos su poder viviente.

Dios no fija límites al avance de aquellos que desean ser “llenos del conocimiento de su voluntad, en toda sabiduría y espiritual inteligencia”. Por la oración, la vigilancia y el desarrollo en el conocimiento y comprensión, son “corroborados de toda fortaleza, conforme a la potencia de su gloria”. Así son preparados para trabajar en favor de los demás. Es el propósito del Salvador que los seres humanos, purificados y santificados, sean sus ayudadores (Los hechos de los apóstoles, p. 381).

[Deben presentar la verdad con corazones rebosantes de ternura. Traten con la misma ternura de Cristo a todos los que yerran. Si las personas por quienes trabajáis no comprenden la verdad inmediatamente, no las censuréis, no las critiquéis ni las condenéis. Recordad que debéis mostrar a Cristo en su humildad, en su bondad y en su amor…

No tengamos la impresión que debemos soportar gravosas pruebas y severos conflictos en nuestro esfuerzo por exponer una verdad impopular. Pensemos en Jesús y en los sufrimientos que debió soportar por nosotros en silencio. Aun cuando nos insulten y acusen falsamente, no nos quejemos por eso ni pronunciemos palabras de reproche ni expresiones displicentes; no penséis en criticar ni manifestéis actitudes de descontento. Actuad rectamente, “manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras”. 1 Pedro 2:12 (Testimonios para la iglesia, t. 6, p. 125).

Miércoles 28 de noviembre: Unidad en medio de la diversidad

El Señor no ha puesto sobre los hombres la preocupación de revivir los errores de los vivos o de los muertos. Él quiere que sus obreros presenten la verdad para este tiempo. No habléis de los errores de vuestros hermanos que viven; guardad silencio acerca de los errores de los muertos. Dejad que sus errores permanezcan donde Dios los ha puesto: arrojados en la profundidad del mar. Cuanto menos digan los que creen la verdad presente en cuanto a los pasados errores de los siervos de Dios, mejor será para sus propias almas y para las de aquellos a quienes Cristo compró con su propia sangre (Mensajes selectos, t. 3, p. 396).

En la dádiva de su Hijo para nuestra redención, Dios demostró cuánto valor atribuye a toda alma humana, y a nadie autoriza para hablar desdeñosamente de su semejante. Veremos defectos y debilidades en los que nos rodean, pero Dios reclama cada alma como su propiedad, por derecho de creación, y dos veces suya por haberla comprado con la sangre preciosa de Cristo. Todos fueron creados a su imagen, y debemos tratar aun a los más degradados con respeto y ternura. Dios nos hará responsables hasta de una sola palabra despectiva hacia un alma por la cual Cristo dio su vida (El discurso maestro de Jesucristo, p. 51).

Las cosas pequeñas prueban el carácter. Es ante los modestos actos diarios de abnegación, realizados con alegría y bondad, que Dios sonríe complacido. No debiéramos vivir para nosotros, sino para otros. Debiéramos ser una bendición al olvidamos de nosotros mismos y ser atentos con los demás. Debiéramos albergar amor, tolerancia y fortaleza (Testimonios para la iglesia, t.2, p. 571).

Aquellos que realmente [aman] la verdad por causa de la verdad deberían [proseguir] su curso de acción teniendo en mente la gloria de Dios y permitido que la luz de la verdad brillara ante todos…

[La ira de Satanás] se encendería… contra aquellos que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesús. Pero esto no debería haber impacientado o desanimado a los creyentes fíeles. Estas cosas tendrían… [una influencia] para que el verdadero creyente fuera más precavido, vigilante y devoto; más tierno, compasivo y amante… Como Cristo ha soportado, y continúa soportando nuestros errores, nuestra ingratitud y nuestro amor inadecuado, del mismo modo nosotros deberíamos soportar a los que prueban nuestra paciencia. ¿Los seguidores del Jesús desinteresado y abnegado serán diferentes de su Señor? Los cristianos debieran tener corazones bondadosos y pacientes {Testimonios para la iglesia, t. 3, p. 125).

Jueves 29 de noviembre: La unidad en la misión

Entre el pueblo de Dios debería haber, en este tiempo, frecuentes períodos de oración sincera y ferviente. La mente debería estar continuamente en actitud de oración. En la casa y en la iglesia, ofrézcanse fervientes oraciones en favor de los que se han dado a sí mismos a la predicación de la Palabra. Oren los creyentes como lo hacían los discípulos después de la ascensión de Cristo.

Una cadena de fervorosos creyentes en oración debería circundar el mundo. Oren todos en humildad. Un grupo de vecinos puede reunirse para orar por el Espíritu Santo. Los que no pueden dejar su hogar reúnan a sus hijos para aprender a orar juntos…

Nada es más necesario en la obra que los resultados prácticos de la comunión con Dios. Deberíamos celebrar convocaciones para la oración, pidiendo al Señor que abra el camino para que la verdad entre en las plazas fuertes donde Satanás ha instalado su trono, y disipe la sombra que ha echado sobre el camino de aquellos que está tratando de engañar y destruir. Tenemos la seguridad: “La oración eficaz del justo puede mucho”. Santiago 5:16 {En los lugares celestiales, p. 95).

Hay necesidad de oración, de oración muy ferviente, sincera, como en agonía, de oración como la que ofreció David cuando exclamó: “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía” … “Quebrantada está mi alma de desear tus juicios en todo tiempo” (Salmos 119:20). Tal es el espíritu de la oración que lucha, como el que poseía el real salmista…

De Cristo se dice: “Estando en agonía oraba más intensamente” (Lucas 22:44). ¡Qué contraste presentan con esta intercesión de la Majestad celestial las débiles y tibias oraciones que se ofrecen a Dios! Muchos se conforman con el servicio de los labios, y pocos tienen un anhelo sincero, ferviente y afectuoso por Dios…

La verdadera oración requiere las energías del alma y afecta la vida. El que presenta así sus necesidades delante de Dios, siente el vacío de todo lo demás bajo el cielo…

La religión debe empezar vaciando y purificando el corazón, y debe ser nutrida por la oración diaria (Testimonios para la iglesia, t. 4, pp. 525, 526).

Debe levantarse la iglesia para la acción. El Espíritu de Dios nunca podrá venir hasta que ella le prepare el camino. Debe haber un ferviente escudriñamiento de corazón. Debe haber oración unida y perseverante y, mediante la fe, una demanda de las promesas de Dios. No debemos vestimos con cilicios como en la antigüedad, sino debe haber una profunda humillación del alma. No tenemos el menor motivo para felicitamos a nosotros mismos ni exaltarnos. Debiéramos humillamos bajo la poderosa mano de Dios. Él vendrá para consolar y bendecir a los que lo buscan de verdad.

La obra está delante de nosotros. ¿Nos ocuparemos de ella? Debemos trabajar rápidamente, debemos avanzar continuamente. No tenemos tiempo que perder, no tenemos tiempo para ocupamos en propósitos egoístas. Ha de ser amonestado el mundo. ¿Qué estamos haciendo individualmente para llevar la luz ante otros? Dios ha dejado su obra para cada hombre; cada uno tiene una parte que hacer, y no podemos descuidar esa obra, a menos que pongamos en peligro nuestras almas (Mensajes selectos, t. 1, p. 147).

Viernes 30 de noviembre: Para estudiar y meditar

El evangelismo, “Unidad en la diversidad”, pp. 77-80.

Los hechos de los apóstoles, “Cartas escritas desde Roma”, pp. 380,381.

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