Notas de Elena | Lección 7 | Mateo 24 y 25 | Escuela Sabática Semanal

Las palabras de Cristo habían sido pronunciadas a oídos de gran número de personas; pero cuando Jesús estuvo solo, Pedro, Juan, Santiago y Andrés vinieron a él mientras estaba sentado en el monte de las Olivas. “Dinos-le dijeron-, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del mundo?” En su contestación a los discípulos, Jesús no consideró por separado la destrucción de Jerusalén y el gran día de su venida. Mezcló la descripción de estos dos acontecimientos. Si hubiese revelado a sus discípulos los acontecimientos futuros como los contemplaba él, no habrían podido soportar la visión. Por misericordia hacia ellos, fusionó la descripción de las dos grandes crisis, dejando a los discípulos estudiar por si mismos el significado… Este discurso entero no fue dado solamente para los discípulos, sino también para aquellos que iban a vivir en medio de las últimas escenas de la historia de esta tierra (El Deseado de todas las gentes, p. 581).
Las perspectivas de nuestro mundo son ciertamente alarmantes. Dios está retirando su Espíritu de las ciudades impías, que han llegado a ser semejantes a las del mundo antediluviano y a Sodoma y Gomorra. Los habitantes de esas ciudades han sido sometidos a prueba. Hemos llegado al momento cuando Dios está por castigar a los presuntuosos malhechores que rehúsan guardar sus mandamientos y desprecian sus mensajes de advertencia. El que es paciente con los que obran mal, le da a todos la oportunidad de buscarlo y de humillar sus corazones delante de él (Cada día con Dios, p. 150).

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