Sábado 25 de julio

En la Biblia se llama la herencia de los bienaventurados una patria (Hebreos 11:14-16). Allí conduce el divino Pastor a su rebaño a los manantiales de aguas vivas. El árbol de vida da su fruto cada mes, y las hojas del árbol son para el servicio de las naciones. Allí hay corrientes que manan eternamente, claras como el cristal, al lado de las cuales se mecen árboles que echan su sombra sobre los senderos preparados para los redimidos del Señor. Allí las vastas llanuras alternan con bellísimas colinas y las montañas de Dios elevan sus majestuosas cumbres. En aquellas pacíficas llanuras, al borde de aquellas corrientes vivas, es donde el pueblo de Dios que por tanto tiempo anduvo peregrino y errante, encontrará un hogar (El conflicto dé los siglos, pp. 733, 734).

Como peregrinos, como extranjeros que anhelamos las cosas brillantes de Dios, el gozo que está por delante, que buscamos una ciudad cuyo artífice y hacedor es Dios, que contemplamos las provisiones hechas en nuestro favor, las mansiones que Jesús ha ido a preparar para nosotros, y que hablamos de ese bendito hogar, nos olvidamos de las molestias y de los incómodos cuidados de esta vida. Nos parece estar respirando la misma atmósfera de ese país mejor, celestial. Nos sentimos aliviados, consolados; pero aún más, nos sentimos gozosos en Dios (Alza tus ojos, p. 13).

El emprender valerosamente la tarea que necesita realizarse y el colocar el corazón en ella, convierten la obra en un placer y aseguran el éxito. Así Dios es glorificado…

Al realizar fervorosamente vuestra parte, vuestra mente se asimilará a la mente de Cristo. Mediante oraciones y súplicas buscad la bendición prometida. Pedid a Dios que os dé una verdadera comprensión del trabajo que debe realizarse. No os permitáis ser apartados o estorbados por ninguna influencia contraria. Llevad a cabo fielmente vuestra parte en la tarea de llevar bendición a vuestros semejantes. Alabad a Dios por el privilegio de colaborar con él en su obra. Al dedicaros de todo corazón a la obra que debe realizarse entraréis en una relación de verdadero compañerismo con vuestros compañeros en la obra. Veréis a Cristo en vuestros hermanos…

Todos los deberes en los que no se pone el corazón resultan fastidiosos. Hay una obra que debe realizarse y debemos dedicarnos de todo corazón a la realización de esa tarea. Los deberes que Dios coloca en nuestro camino debemos realizarlos, no como un ejercicio frío y pesado, sino como un servicio de amor. Colocad en vuestro trabajo vuestras facultades y simpatías más elevadas. Y encontraréis que Cristo está en él. Su presencia aligerará la tarea y vuestro corazón se llenará de gozo. Trabajaréis en armonía con Dios, y con lealtad, amor y fidelidad. Debemos ser cristianos fervorosos y sinceros, debemos realizar fielmente los deberes puestos en nuestras manos y contemplar siempre a Jesús, el autor y consumador de nuestra fe. Nuestra recompensa no depende de nuestro éxito aparente sino del espíritu con el cual trabajamos… Cristo siente un gran anhelo por las almas {El evangelismo, p. 468).

Domingo 26 de julio: El exilio

Daniel era solo un joven cuando fue llevado cautivo a Babilonia. Tenía aproximadamente 15 o 16 años de edad, porque se lo llama muchacho, lo que significa que estaba en la adolescencia. ¿Por qué Daniel rehusó comer de la propia mesa del rey? ¿Por qué rehusó aceptar el vino como su bebida, siendo que había sido puesto ante él por mandato del rey? Sabía que si bebía vino éste llegaría a gustarle y podría preferirlo al agua.

Daniel pudo haber argumentado que en la mesa real y ante el mandato del rey, no podía conducirse de otra manera. Pero él y sus compañeros tuvieron una reunión de consulta. Discutieron el asunto en forma exhaustiva tratando de ver en que podrían mejorar sus facultades físicas y mentales mediante el uso del vino. Estudiaron este tema diligentemente, y llegaron a la conclusión de que el vino era una trampa. Estaban familiarizados con la historia de Nadab y Abiú, que conocían por los pergaminos. En aquellos hombres el consumo de vino había incrementado su gusto por esa bebida. Bebieron vino antes de realizar el servicio sagrado en el santuario, y sus sentidos se embotaron. No pudieron distinguir entre el fuego sagrado y el común…

Otro asunto que estos jóvenes cautivos tomaron en cuenta fue que el rey siempre pedia una bendición antes de sus comidas, y se dirigía a sus ídolos. Separaba una parte de sus alimentos y también una parte de su vino a fin de presentarlos a los ídolos a quienes adoraba. Esta porción, de acuerdo con la instrucción religiosa que habían recibido, consagraba la totalidad al dios pagano. Daniel y sus tres compañeros consideraron que sería deshonrar al Dios del cielo sentarse a la mesa donde se practicaba tal idolatría. Estos cuatro muchachos decidieron que no podrían sentarse a la mesa del rey para comer el alimento colocado allí o para participar del vino, todo lo cual había sido dedicado a un ídolo… No hubo presunción en estos jóvenes, sino un firme amor por la verdad y la justicia. No es que hubieran elegido ser peculiares, sino que debieron serlo, ya que de lo contrario habrían corrompido sus hábitos en las cortes de Babilonia (Alza tus ojos, p. 81).

¿Qué habría sucedido si Daniel y sus compañeros se hubieran sometido a las exigencias de los oficiales paganos y, bajo la presión del momento, hubieran comido y bebido como los babilonios? Esa sola transigencia con el mal habría debilitado su capacidad de percibir el bien y de aborrecer el mal. La satisfacción del apetito habría significado el debilitamiento del vigor físico y la pérdida de claridad intelectual y poder espiritual. Un paso equivocado los podría haber conducido a otros, hasta que se cortara la conexión con el cielo y los arrastrara la corriente de la tentación…

La vida de Daniel constituye una ilustración sagrada de lo que significa un carácter santificado. El concepto bíblico de la santificación tiene que ver con el hombre completo (Consejos sobre la salud, p. 65).

Lunes 27 de julio: Testigos (Daniel 2-5)

Nabucodonosor creyó que podía aceptar esa interpretación como una revelación divina pues a Daniel le había sido revelado cada detalle del sueño. Las solemnes verdades implicadas en la interpretación de esa visión nocturna impresionaron profundamente al soberano, y con humildad y temor reverente “se postró sobre su rostro”…

Nabucodonosor vio claramente la diferencia entre la sabiduría de Dios y la sabiduría de los máximos eruditos de su reino.

El Señor se dio a conocer a los paganos de Babilonia mediante los cautivos hebreos. A esa nación idolatra se le dio un conocimiento del reino que el Señor iba a establecer y sostener mediante su poder contra todo el poder y la habilidad de Satanás. Daniel y sus compañeros, Esdras y Nehemías y muchos otros, fueron testigos de Dios en su cautiverio. El Señor los esparció entre los reinos de la tierra para que su luz pudiera resplandecer brillantemente en medio de las negras tinieblas del paganismo y la idolatría. Dios reveló a Daniel la luz de sus propósitos, que habían estado ocultos por muchas generaciones. Dispuso que Daniel contemplara en visión la luz de la verdad divina, y que reflejara esa luz sobre el orgulloso reino de Babilonia. Se permitió que desde el trono de Dios refulgiera luz sobre el despótico rey. Se mostró a Nabucodonosor que el Dios del cielo regía sobre todos los monarcas y reyes de la tierra. Su nombre debía publicarse como el de Dios que está por encima de todos los dioses. Dios anhelaba que Nabucodonosor comprendiera que los gobernantes de los reinos terrenales tenían un gobernante en los cielos. La fidelidad de Dios al rescatar a los tres cautivos de las llamas y al justificar la conducta de ellos, mostró el poder maravilloso de Dios.

De Daniel y sus compañeros emanó y brilló una gran luz. Se dijeron cosas gloriosas de Sión, la ciudad de Dios. El Señor quiere que de esta manera brille la luz espiritual procedente de sus fieles atalayas en estos últimos días. Si los santos del Antiguo Testamento dieron un testimonio tan decidido de lealtad, ¡cuánto debiera brillar hoy el pueblo de Dios que tiene la luz acumulada de los siglos, desde que las profecías del Antiguo Testamento proyectaron su gloria velada hacia el futuro! (Comentario bíblico adventista, tomo 4, p. 1190).

Estos fieles hebreos poseían gran capacidad natural y cultura intelectual, y ocupaban una encumbrada posición de honor. Sin embargo, todas esas ventajas no los indujeron a olvidarse de Dios. Todas sus facultades fueron entregadas a la influencia santificadora de la gracia divina. Con su piadoso ejemplo y su firme integridad manifestaron las alabanzas de Aquel que los había llamado de las tinieblas a su luz admirable. El poder y la majestad de Dios se exhibieron delante de la vasta asamblea en la maravillosa liberación de ellos. Jesús mismo se colocó a su lado en el terrible homo, y mediante la gloria de su presencia convenció al altivo rey de Babilonia de que no podía ser otro sino el Hijo de Dios. La luz del cielo había estado irradiando de Daniel y sus compañeros, hasta que todos sus compañeros entendieron la fe que ennoblecía sus vidas y embellecía sus caracteres (Comentario bíblico adventista, tomo 4, p. 1191).

El que anduvo con los notables hebreos en el homo de fuego acompañará a sus seguidores dondequiera que estén. Su presencia constante los consolará y sostendrá. En medio del tiempo de angustia cual nunca hubo desde que fue nación, sus escogidos permanecerán inconmovibles. Satanás, con toda la hueste del mal, no puede destruir al más débil de los santos de Dios. Los protegerán ángeles excelsos en fortaleza, y Jehová se revelará en su favor como “Dios de dioses”, que puede salvar hasta lo sumo a los que ponen su confianza en él (Conflicto y valor, p. 252).

Martes 28 de julio: Daniel en Persia

Dios no impidió a los enemigos de Daniel que le echasen al foso de los leones. Permitió que hasta allí cumpliesen su propósito los malos ángeles y los hombres impíos: pero lo hizo para recalcar tanto más la liberación de su siervo y para que la derrota de los enemigos de la verdad y de la justicia fuese más completa… Mediante el valor de un solo hombre que prefirió seguir la justicia antes que las conveniencias. Satanás iba a quedar derrotado y el nombre de Dios iba a ser ensalzado y honrado…

En el foso de los leones Daniel fue el mismo que cuando actuaba delante del rey como presidente de los ministros de estado y como profeta del Altísimo. Un hombre cuyo corazón se apoya en Dios será en la hora de su prueba el mismo que en la prosperidad, cuando sobre él resplandece la luz y el favor de Dios y de los hombres… El poder que está cerca para librar del mal físico o de la angustia está también cerca para salvar del mal mayor, para hacer posible que el siervo de Dios mantenga su integridad en todas las circunstancias y triunfe por la gracia divina (Conflicto y valor, p.255).

[Daniel] Rápidamente ascendió al puesto de primer ministro del reino. Durante el reinado de monarcas sucesivos, y cuando cayó la nación y se estableció un reino rival, su sabiduría y sus condiciones de estadista fueron tales, tan perfectos su tacto, su cortesía, y la bondad natural de su corazón, combinados con su fidelidad a los buenos principios, que hasta sus enemigos se vieron obligados a confesar que “no podían hallar ocasión alguna o falta, porque él era fiel”.

Mientras Daniel se aferraba a Dios con confianza inquebrantable, descendió sobre él el espíritu del poder profético. Mientras era honrado por los hombres con las responsabilidades de la corte y los secretos del reino, fue honrado por Dios como embajador suyo, y aprendió a leer los misterios de los siglos futuros. Los monarcas paganos, gracias a su relación con el representante del cielo, se vieron obligados a reconocer al Dios de Daniel. “Ciertamente el Dios vuestro —declaró Nabucodonosor— es Dios de dioses, y Señor de los reyes, y el que revela los misterios”. Y Darío, en su proclama “a todos los pueblos, naciones y lenguas que habitan en la tierra” ensalzó al “Dios de Daniel”, cómo “el Dios viviente” que “permanece por todos los siglos, y su reino no será jamás destruido”, que “salva y libra… y hace señales y maravillas en el cielo y en la tierra”.

Por su sabiduría y su justicia, por la pureza y la bondad de sus vidas diarias, por su devoción a los intereses del pueblo, aunque era idólatra. José y Daniel demostraron ser fieles a los principios de la educación recibida en su niñez, fieles a Aquel de quien eran representantes. Estos hombres fueron honrados por la nación entera tanto en Egipto como en Babilonia. Un pueblo pagano y todas las naciones con las cuales estaban relacionados, contemplaron en ellos una ilustración de la bondad y la benevolencia de Dios, una ilustración del amor de Cristo.

¡Qué vocación la de estos nobles hebreos! Al despedirse del hogar de su infancia, difícilmente pudieron haber soñado con el elevado destino que les esperaba. Su naturaleza fiel y firme se entregó a la dirección divina para que Dios pudiese cumplir su propósito por medio de ellos (La educación. pp. 56. 57).

Miércoles 29 de Julio: Daniel y el eterno reino de Dios

¿No tenemos una necesidad tan grande de acudir a Dios como la tuvo Daniel? Me dirijo a los que creen que estamos viviendo en el último período de la historia de esta tierra. Os suplico que llevéis sobre vuestras propias almas la carga por nuestras iglesias, nuestras escuelas y nuestras instituciones. El mismo Dios que escuchó la oración de Daniel oirá la nuestra cuando vayamos a él con espíritu quebrantado. Nuestras necesidades son tan urgentes, tan grandes nuestras dificultades, que necesitamos tener la misma intensidad de propósito, y poner con fe nuestra carga sobre el gran Portador. En nuestros tiempos se necesita que los corazones se conmuevan tan profundamente como en el tiempo cuando Daniel oró (Conflicto y valor, p. 256).

El Señor prometió al antiguo Israel que lo preservaría de todas las enfermedades con que había afligido a los egipcios, si tan solo quería permanecer en él y hacer todo lo que le exigiera: pero su promesa tenía la obediencia por condición. Si los israelitas hubiesen seguido las instrucciones dadas y sacado provecho de sus ventajas, hubiesen llegado a ser una lección objetiva para el mundo, por su salud y su prosperidad. Los israelitas no realizaron el propósito divino y perdieron así las bendiciones que les eran reservadas. Sin embargo, en José y en Daniel, en Moisés y en Elías, como en otros muchos casos, tenemos nobles ejemplos de los resultados que pueden obtenerse viviendo conforme a las verdaderas normas. La misma fidelidad producirá hoy día los mismos resultados. A nosotros se aplican estas palabras: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, gente santa, pueblo adquirido, para que anunciéis las virtudes de aquel que os ha llamado de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2: 9) (Consejos sobre la salud, pp. 136, 137).

La predicación del evangelio es el medio escogido por Dios para la salvación de las almas. Sin embargo, nuestra primera obra debe ser colocar nuestros propios corazones en armonía con Dios, y entonces estaremos preparados para trabajar en favor de los demás…

Cada día que pasa nos deja uno menos para proclamar el mensaje de amonestación al mundo. ¡Ojalá se buscara hoy con interés anhelante a Dios para interceder, y hubiera más humildad, pureza y fe!…

La norma que nos fija el evangelio es elevada. El cristiano consecuente no es solo una nueva criatura, sino también una noble creación en Cristo Jesús. Es una luz constante que señala a otros el camino al cielo y hacia Dios. Aquel que deriva su vida de Cristo no anhelará los placeres frívolos y nada satisfactorios del mundo (Testimonios para la iglesia. tomo 5. pp. 82. 83).

Jueves 30 de julio: Mas exiliados como misioneros

Fue humillante para Faraón tener que dejar a los magos y sabios de su reino para consultar a un esclavo extranjero: pero estaba listo para aceptar el servicio del más ínfimo con tal que su mente atormentada pudiese encontrar alivio. Enseguida se hizo venir a José. Este se quitó su indumentaria de preso y se cortó el cabello, pues le había crecido mucho durante el período de su desgracia y reclusión. Entonces fue llevado ante el rey.

“Y dijo Faraón a José: Yo he tenido un sueño, y no hay quien lo declare: mas he oído decir de ti, que oyes sueños para declararlos. Y respondió José a Faraón, diciendo: No está en mi: Dios será el que responda paz a Faraón”. La respuesta de José al rey revela su humildad y su fe en Dios. Modestamente rechazó el honor de poseer en sí mismo sabiduría superior. “No está en mi”. Solo Dios puede explicar estos misterios (Patriarcas y profetas, p. 220).

Pocos se dan cuenta de la influencia de las cosas pequeñas de la vida en el desarrollo del carácter. Ninguna tarea que debamos cumplir es realmente pequeña… Adhiriéndose a los principios rectos en las transacciones ordinarias de la vida, la mente se acostumbra a mantener las demandas del deber por encima del placer y de las inclinaciones propias. Las mentes disciplinadas en esta forma no vacilan entre el bien y el mal, como la caña que tiembla movida por el viento: son fíeles al deber porque han desarrollado hábitos de lealtad y veracidad. Mediante la fidelidad en lo mínimo, adquieren fuerza para ser fieles en asuntos mayores.

Un carácter recto es de mucho más valor que el oro de Ofir. Sin él nadie puede elevarse a un cargo honorable. Pero el carácter no se hereda. No se puede comprar. La excelencia moral y las buenas cualidades mentales no son el resultado de la casualidad. Los dones más preciosos carecen de valor a menos que sean aprovechados. La formación de un carácter noble es la obra de toda una vida, y debe ser el resultado de un esfuerzo aplicado y perseverante. Dios da las oportunidades: el éxito depende del uso que se haga de ellas (Patriarcas y profetas, pp. 223.224).

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