Al mismo comienzo del cuarto mandamiento el Señor dijo: “Acuérda- te”. Él sabía que en medio de la multitud de cuidados y perplejidades el hombre se vería tentado a excusarse de satisfacer todo lo requerido por la ley, o se olvidaría de su importancia sagrada. Por lo tanto dijo: “Acuérdate del día de reposo para santificarlo”. Cuando el sábado es así recordado, no se permitirá que lo temporal usurpe lo que pertenece a lo espiritual. Ningún deber que pertenece a los seis días hábiles será dejado para el sábado. Durante la semana nuestras energías no serán agotadas de tal manera en el trabajo temporal que, en el día en que el Señor descansó y fue refrigerado, estemos demasiado cansa- dos para dedicarnos a su servicio (Dios nos cuida, p. 70). No solo debemos observar el sábado como asunto legal. Debemos com- prender su importancia espiritual sobre todas las acciones de nuestra vida.

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