Notas de Elena | Lección 4 | La clave de la unidad | Escuela Sabática|4to. Trimestre 2018

Sábado 20 de octubre:  La clave de la unidad

Cristo ora pidiendo que sus discípulos sean una cosa, tal como él y su Padre lo son, y esta unión de los creyentes será un testimonio ante el mundo de que él nos ha enviado, y de que damos evidencias de su gracia.

Debemos llegar a una sagrada proximidad junto al Redentor del mundo. Debemos ser uno con Cristo como él es uno con el Padre. ¡Qué extraordinaria transformación experimentaría el pueblo de Dios si llegara a formar esta unidad con el Hijo de Dios! Debemos dominar nuestros gustos y tendencias, ambiciones y pasiones, y ponerlas en armonía con el ánimo y espíritu de Cristo. Esta es precisamente la obra que el Señor quiere hacer por todos los que creen en él. Nuestra vida y comportamiento deben tener poder para reformar el mundo. El Espíritu de Cristo debe tener una influencia dominante en la vida de sus seguidores, de modo que éstos puedan hablar y obrar como Jesucristo dice: “La gloria que me disté les he dado” (Mi vida hoy, p. 260).

Hay quienes no responden rápidamente a la invitación a abandonar sus propios caminos para seguir los de Dios. Prefieren seguir su camino. Los que quieran hacerlo tienen el privilegio de seguir caminando por sus propios caminos no consagrados, pero sepan que el fin de esa senda es dolor y destrucción.

El Señor tiene hombres a quienes ha asignado para trabajar en su obra con la condición de que se dejen usar de acuerdo con los planes divinos. Nunca usará a alguien que trate de humillar a los demás. Humíllense, hermanos. Si lo hacen, es posible que los santos ángeles se comuniquen con ustedes, y los coloquen en terreno ventajoso. Entonces su experiencia, en lugar de ser defectuosa, rebosará de felicidad. Traten de estar en armonía con la dirección de Dios, y entonces serán sensibles a las impresiones del Espíritu Santo (Cada día con Dios, p. 33).

El pecado del antiguo Israel fue el olvido de la voluntad revelada de Dios y el seguir su propio camino conforme a los dictados de sus profanos corazones. El Israel moderno sigue con entusiasmo sus pisadas, y el desagrado del Señor seguramente descansa sobre él.

Nunca resulta difícil hacer lo que nos agrada; pero tomar un curso contrario a nuestras inclinaciones es tomar una cruz. Cristo pidió en oración que sus discípulos fueran uno, así como él lo era con el Padre. Esta unidad constituye las credenciales de Cristo ante el mundo para mostrar que Dios lo envió. Cuando al tratar cualquier asunto renunciamos a la voluntad personal, hay unión de los creyentes con Cristo. Todos debieran orar y trabajar con ahínco para que esto sea una realidad y que hasta donde sea posible quede contestada la oración de Cristo por la unidad de su iglesia (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 88).

Domingo 21 de octubre: Bendiciones en Cristo

Dios quiere que todos los hombres se salven, porque se ha hecho una amplia provisión para pagar el rescate del hombre, mediante su Hijo unigénito. Aquellos que perezcan, perecerán porque rehusarán ser adoptados como hijos de Dios a través de Jesucristo. El orgullo del hombre le impide que acepte la provisión para la salvación. Pero el mérito humano no bastará para admitir un hombre a la presencia de Dios. Lo que hace aceptable a un hombre delante de Dios, es la gracia impartida de Cristo, a través de la fe en su nombre. No se puede colocar ninguna confianza en las obras, ni en los felices vuelos de los sentimientos, como evidencia de que los hombres han sido elegidos por Dios, porque los elegidos lo son a través de Cristo (Nuestra elevada vocación, p. 80).

Antes de que se pusieran los fundamentos de la tierra se estableció el pacto de que todos los que fueran obedientes, todos los que por medio de la abundante gracia provista llegaran a ser santos en carácter y sin mancha delante de Dios para apropiarse de esa gracia, fueran hijos de Dios…

Al creer plenamente que somos suyos por adopción, podremos tener un goce anticipado del cielo… Estamos cerca de él y podemos mantener una dulce comunión con él. Logramos vislumbres definidas de su ternura y compasión, y nuestros corazones se quebrantan y se ablandan al contemplar el amor que nos ha sido dado. Sentimos ciertamente que Cristo mora en el alma. Habitamos en él, y nos sentimos en casa con Jesús… Sentimos y comprendemos el amor de Dios, y reposamos en su amor. No hay lengua que pueda describirlo; está más allá del conocimiento. Somos uno con Cristo, nuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Tenemos la seguridad de que cuando él, que es nuestra vida, aparezca, nosotros también apareceremos con él en gloria. Con fuerte confianza podemos llamar a Dios nuestro Padre (La maravillosa gracia de Dios, p. 54).

Dios ha provisto todo lo necesario para que su propósito al crear al hombre no sea frustrado por Satanás. Después de que Adán y Eva introdujeron la muerte en el mundo debido a su desobediencia, se hizo provisión de un costoso sacrificio para la raza humana. Se colocó sobre ellos un valor más elevado que el que poseían originalmente. Dios dio todo el cielo al dar a Cristo, su unigénito Hijo, como rescate por el mundo.

La aceptación de Cristo da valor al ser humano. Su sacrificio imparte vida y luz a todos los que aceptan a Cristo como a su Salvador personal. El amor de Dios mediante Jesucristo se infunde ampliamente en el corazón de cada miembro del cuerpo de Cristo, llevando consigo la vitalidad de la ley de Dios el Padre. Así puede morar Dios con el hombre, y el hombre puede morar con Dios (Mensajes selectos, t. 1, p. 352).

Lunes 22 de octubre: Se derriba el muro

Para los que creen, Cristo es un fundamento seguro. Sobre esta piedra viva, pueden edificar igualmente judíos y gentiles. Es bastante ancho para todos, y bastante fuerte para sostener el peso y la carga de todo el mundo. Este es un hecho claramente reconocido por Pablo mismo. En los días finales de su ministerio, cuando al dirigirse a un grupo de gentiles Creyentes que habían permanecido firmes en su amor a la verdad del evangelio, el apóstol escribió que estaban “edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo”. Efesios 2:19, 20 (Los hechos de los apóstoles, p. 142).

[Pedro] recapituló los acontecimientos de esa primera reunión con los gentiles [en casa de Comelio] diciendo: “Y cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio. Entonces me acordé de lo dicho por el Señor, cuando dijo: Juan ciertamente bautizó en agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo. Si Dios, pues, les concedió también el mismo don que a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo que pudiese estorbar a Dios?”

Los discípulos, al escuchar ese informe, quedaron en silencio, convencidos de que la conducta de Pedro estaba plenamente de acuerdo con el plan de Dios, y que sus antiguos prejuicios y su exclusividad debían ser totalmente desarraigados por el evangelio de Cristo. “Entonces, oídas estas cosas, callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: ¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!” (La historia de la redención, p. 304).

Así como Cristo envió a sus discípulos, envía hoy a los miembros de su iglesia. El mismo poder que los apóstoles tuvieron es para ellos. Si desean hacer de Dios su fuerza, él obrará con ellos, y no trabajarán en vano. Comprendan que la obra en la cual están empeñados es una sobre la cual el Señor ha puesto su sello… nos envía a seguir anunciando las palabras que nos ha dado, sintiendo su toque santo sobre nuestros labios.

Cristo dio a la iglesia un encargo sagrado. Cada miembro debe ser un medio por el cual Dios pueda comunicar al mundo los tesoros de su gracia, las inescrutables riquezas de Cristo. No hay nada que el Salvador desee tanto como tener agentes que quieran representar al mundo su Espíritu y su carácter. No hay nada que el mundo necesite tanto como la manifestación del amor del Salvador por medio de seres humanos. Todo el cielo está esperando a los hombres y a las mujeres por medio de los cuales pueda Dios revelar el poder del cristianismo.

La iglesia es la agencia de Dios para la proclamación de la verdad, facultada por él para hacer una obra especial; y si le es leal y obediente a todos sus mandamientos, habitará en ella la excelencia de la gracia divina. Si manifiesta verdadera fidelidad, si honra al Señor Dios de Israel, no habrá poder capaz de resistirle (Los hechos de los apóstoles, p. 479).

Martes 23 de octubre: Unidad en un cuerpo

Cristo está conduciendo a un pueblo y llevándolo a la unidad de la fe, para que sea uno, así como él lo es con su Padre. Hay que abandonar las diferencias de opinión para que todos se unan con el cuerpo, a fin de que estén unánimes y sean todos de un mismo parecer (1 Corintios 1:10): “Os ruego pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer” (Romanos 15:5-6): “Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús, para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo” (Filipenses 2:2): “Completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa” (Testimonios para la iglesia, t. 1, p. 291).

Aunque tenemos una obra individual y una responsabilidad individual delante de Dios, no hemos de seguir nuestro propio juicio independiente, sin considerar las opiniones y los sentimientos de nuestros hermanos; este proceder conducirá al desorden en la iglesia. Es deber de los ministros respetar el juicio de sus hermanos; pero sus relaciones mutuas, así como las doctrinas que enseñan, deben ser examinadas a la luz de la ley y el testimonio; entonces, si los corazones son dóciles para recibir enseñanza, no habrá divisiones entre nosotros. Algunos están inclinados a ser desordenados, y están apartándose de los grandes hitos de la fe; pero Dios está induciendo a sus ministros a ser uno en doctrina y en espíritu (Testimonios para los ministros, p. 30).

Cristo los ha llamado a ser sus seguidores, a imitar su vida de abnegación y sacrificio, a interesarse en la gran obra de la redención de la especie caída. Ustedes no tienen una noción exacta de la obra que Dios quiere que lleven a cabo. Cristo es su modelo. Lo que les falta es amor. Este puro y santo principio distingue el carácter y la conducta de los cristianos frente a los mundanos. El amor divino tiene una influencia poderosa y purificadora. Solo se lo encuentra en los corazones renovados, y entonces fluye naturalmente hacia nuestros semejantes.

“Amaos los unos a los otros -dice el Salvador-, como yo os he amado” (Juan 15:13). Cristo nos ha dado ejemplo de amor puro y desinteresado. Todavía no se han dado cuenta: ustedes de su deficiencia en este aspecto, y la gran necesidad que tienen de alcanzar este ideal celestial, sin el cual todos los buenos propósitos, y todo el celo, aunque fuera de tal naturaleza que los indujera a dar sus bienes para alimentar a los pobres, y sus cuerpos para ser quemados, nada sería. Necesitan esa caridad que todo lo sufre, que no se irrita, que todo lo soporta, que todo lo cree, que todo lo espera. Sin el espíritu de amor, nadie puede ser semejante a Cristo. Si este principio viviente reside en el alma, nadie puede ser semejante al mundo (Testimonios para la iglesia, t. 2, p. 153).

Miércoles 24 de octubre: Los dirigentes de la Iglesia y la unidad

Dios quiere que su pueblo esté unido con los lazos más estrechos de compañerismo cristiano; la confianza en nuestros hermanos es esencial para la prosperidad de la iglesia; la unidad de acción es importante en una crisis religiosa. Un paso imprudente, una acción descuidada, puede hundir a la iglesia en dificultades y pruebas de las cuales podría no recobrarse por años. Un miembro de la iglesia lleno de incredulidad puede darle ventajas al gran enemigo que afectarán la prosperidad de toda la iglesia, y como resultado pueden perderse muchas almas. Jesús quisiera que sus seguidores estén sujetos entre ellos; entonces Dios puede usarlos como instrumentos para salvar el uno al otro; porque puede ser que uno no discierna los peligros que el ojo de otro es rápido para percibir; pero si la persona desprevenida obedece con confianza la advertencia, puede salvarse de grandes perplejidades y pruebas (Testimonios para la iglesia, t. 3, p. 489).

Caminen humildemente delante de Dios, y reconózcanlo como su amo. Es una gran desgracia el que sean incapaces de percibir en los demás características más excelentes y facultades más útiles que las de ustedes mismos…

Si no fuera por los dones y bendiciones gratuitos de Dios, fracasaríamos para la eternidad. Por lo tanto, nadie entone sus propias alabanzas, satisfaciéndose con su supuesta sabiduría. Si sus talentos fueran el resultado de su propia creación, la alabanza propia tendría algo de lógica. Pero el hombre no tiene nada que sea suyo. No manifestemos nuestra falta de verdadera sabiduría al exaltamos a nosotros mismos. Inclinémonos humildemente a los pies del que nos ha dado nuestros talentos…

Todo talento debe ser empleado correctamente puesto que es un cometido sagrado. Aquellos a quienes Dios ha hecho sus mayordomos tienen que escudriñar fervientemente las Escrituras para que puedan comunicar sus verdades a los demás, dirigiéndolos por la senda que ha sido trazada para los redimidos del Señor (Cada día con Dios, p. 198).

Dios está sacando a un pueblo del mundo y guiándolo a la platafor3ma exaltada de la verdad eterna, los mandamientos de Dios y la fe de Jesús. El disciplinará y capacitará a su pueblo. No estarán en desacuerdo, uno creyendo una cosa y otro teniendo fe y puntos de vista enteramente opuestos, cada uno avanzando independientemente del cuerpo. A través de la diversidad de los dones y de los tipos de administración que él ha colocado en la iglesia, llegarán todos ellos a la unidad de la fe Testimonios para la iglesia, t. 3, p. 490).

Jueves 25 de octubre: Relaciones humanas en Cristo

Dios es glorificado con cantos de alabanza que proceden de un corazón puro, lleno de amor y devoción a él. Cuando los creyentes consagrados se reúnen, su conversación no debe versar sobre las imperfecciones de la gente, ni tener sabor a murmuraciones o quejas; la caridad, o amor, que es el vínculo de la perfección, los rodeará. El amor a Dios y los semejantes fluye naturalmente en las palabras de afecto, simpatía y estima por sus hermanos. La paz de Dios impera en sus corazones; sus palabras no son vanas, vacías ni frívolas, sino que tienden al consuelo y la edificación mutuos (Testimonios para la iglesia, t. 1, p. 446).

El señor Jesús obra mediante el Espíritu Santo porque es su representante. Mediante él infunde vida espiritual al alma, aviva sus energías para el bien, limpia de la contaminación moral y capacita para su reino.

Jesús tiene abundantes bendiciones para derramar, ricos dones para distribuir entre los hombres. Él es el Consejero admirable, infinito en sabiduría y fortaleza, y si reconocemos el poder de su Espíritu y nos sometemos para ser moldeados por él, estaremos completos en él. ¡Qué pensamiento es éste! En Cristo “habita toda la plenitud de la divinidad corporalmente. Y en él estáis cumplidos” (Colosenses 2:9, 10),

El corazón humano no puede conocer la felicidad hasta que se somete para ser moldeado por el Espíritu de Dios. El Espíritu conforma el alma renovada según el modelo, Jesucristo. Mediante su influencia, la enemistad contra Dios se cambia en fe y en amor, y el orgullo en humildad. El alma percibe la belleza de la verdad, y Cristo es honrado en la excelencia y la perfección del carácter. Cuando se efectúan estos cambios, los ángeles rompen en cantos de alabanza, y Dios y Cristo se gozan por las almas que son modeladas según la semejanza divina (Nuestra elevada vocación, p. 154).

Alrededor de cada familia se extiende un círculo sagrado que no debe romperse. Nadie tiene derecho a entrar en este círculo. No permitan el marido ni la mujer que un extraño comparta las confidencias que a ellos solos importan.

Ame cada uno de ellos al otro antes de exigir que el otro le ame. Cultive lo más noble que haya en sí y esté pronto a reconocer las buenas cualidades del otro. Él saberse apreciado es un admirable estímulo y motivo de satisfacción. La simpatía y el respeto alientan el esfuerzo por alcanzar la excelencia, y el amor aumenta al estimular la persecución de fines cada vez más nobles.

Ni el marido ni la mujer deben fundir su individualidad en la de su cónyuge. Cada cual tiene su relación personal con Dios. A él tiene que preguntarle cada uno: “¿Qué es bueno? ¿Qué es malo? ¿Cómo cumpliré mejor el propósito de la vida?” Fluya el caudal del cariño de cada uno hacia Aquel que dio su vida por ellos. Considérese a Cristo el primero, el último y el mejor en todo. En la medida en que vuestro amor a Cristo se profundice y fortalezca, se purificará y fortalecerá vuestro amor mutuo (Ministerio de curación, p. 279).

Los que nunca experimentaron el tierno y persuasivo amor de Cristo, no pueden guiar a otros a la fuente de la vida. Su amor en el corazón es un poder compelente, que induce a los hombres a revelarlo en su conversación, por un espíritu tierno y compasivo, y en la elevación de las vidas de aquellos con quienes se asocian. Los obreros cristianos que tienen éxito en sus esfuerzos deben conocer a Cristo, y a fin de conocerle, deben conocer su amor. En el cielo se mide su idoneidad como obreros por su capacidad de amar como Cristo amó y trabajar como él trabajó (Los hechos de los apóstoles, p. 439).

Viernes 26 de octubre: Para estudiar y meditar

Testimonios para la iglesia, “El espíritu de unidad”, t. 9, p. 144- 151.

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