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Lección 4

Sábado 19 de enero: Digno es el Cordero

Estamos realizando el viaje de la vida entre los peligros de los últimos días. Necesitamos vigilar cuidadosamente cada paso que damos, y estar seguros de que estamos siguiendo a nuestro gran Guía. El escepticismo, la infidelidad, la disipación y el crimen, se ven por todas partes. Sería muy fácil soltar las riendas del autocontrol, y caer por el precipicio de la segura destrucción…

El amor infinito ha trazado un camino por el cual los rescatados del Señor pueden pasar de la tierra al cielo. Ese camino es el Hijo de Dios. Ángeles guías son enviados para dirigir nuestros pies vacilantes. La gloriosa escalera del cielo desciende al camino de cada uno, interrumpiendo su tránsito hacia el vicio y la locura… Pero él, que es infinito en sabiduría, a nadie obliga a aceptar el don más precioso del cielo, a nadie obliga a caminar por el sendero que ha sido trazado a un costo tan elevado. A cada uno se le permite elegir por sí mismo, los peldaños estrechos y brillantes que guían hacia el cielo, o bien el camino amplio y fácil que termina en la muerte (Nuestra elevada vocación, p. 13).

Dios nos habla también en su Palabra. En ella tenemos, en líneas más claras, la revelación de su carácter, de su trato con los hombres y de la gran obra de la redención. En ella se nos presenta la historia de los patriarcas, profetas y otros hombres santos de la antigüedad… Al leer el relato de los preciosos sucesos que se les permitió experimentar, la luz, el amor y la bendición que les tocó gozar y la obra que hicieron por la gracia a ellos dada, el espíritu que los inspiró enciende en nosotros un fuego de santo celo, un deseo de ser como ellos en carácter y de andar con Dios como ellos.

El Señor Jesús dijo de las Escrituras del Antiguo Testamento, y cuánto más cierto es esto acerca del Nuevo: “Ellas son las que dan testimonio de mí,” [Juan 5:39]. El Redentor, Aquel en quien se concentran vuestras esperanzas de la vida eterna. Si, la Biblia entera nos habla de Cristo. Desde el primer relato de la creación, de la cual se dice: “Sin él nada de lo que es hecho, fue hecho,” [Juan 1:3] hasta la última promesa: “¡He aquí, yo vengo presto!” [Apocalipsis 22:12] leemos acerca de sus obras y escuchamos su voz. Si deseáis conocer al Salvador, estudiad las Santas Escrituras (El camino a Cristo, pp. 87, 88).

El plan de salvación trazado por el Cielo es bastante amplio para abarcar todo el mundo… Y no permitirá que se quede chasqueado nadie que anhele sinceramente algo superior y más noble que cuanto puede ofrecer el mundo. Envía constantemente sus ángeles a aquellos que, si bien están rodeados por las circunstancias más desalentadoras, oran con fe para que algún poder superior a sí mismos se apodere de ellos y les imparta liberación y paz. De varias maneras Dios se les revelará, y los hará objeto de providencias que establecerán su confianza en Aquel que se dio a sí mismo en rescate por todos, “a fin de que pongan en Dios su confianza, y no se olviden de las obras de Dios, y guarden sus mandamientos”. Salmos 78:7 (Profetas y reyes, p. 280).

Domingo 20 de enero: En la sala del trono celestial

El arco iris de la promesa que circuye el trono de lo alto es un testimonio eterno de que “de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Juan 3:16. Atestigua al universo que nunca abandonará Dios a su pueblo en la lucha contra el mal. Es una garantía para nosotros de que contaremos con fuerza y protección mientras dure el trono…

El arco iris de la promesa es una seguridad que se da a cada alma humilde, contrita y creyente, de que su vida es una con Cristo, y de que Jesús es uno con Dios. La ira de Dios no caerá sobre un alma que busca refugio en él (La maravillosa gracia de Dios, p. 70).

Los seguidores de Cristo habían de mirar a Satanás como a un enemigo vencido. En la cruz, Cristo iba a ganar la victoria para ellos; deseaba que se apropiasen de esa victoria. “He aquí —dijo él— os doy potestad de hollar sobre las serpientes y sobre los escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará”. Vers. 19.

El poder omnipotente del Espíritu Santo es la defensa de toda alma contrita. Cristo no permitirá que pase bajo el dominio del enemigo quien haya pedido su protección con fe y arrepentimiento. Es verdad que Satanás es un ser fuerte; pero, gracias a Dios, tenemos un Salvador poderoso que arrojó del cielo al maligno. Satanás se goza cuando engrandecemos su poder. ¿Por qué no hablamos de Jesús? ¿Por qué no magnificamos su poder y su amor? (El ministerio de curación, p. 62).

Satanás había puesto en duda que Jesús fuese el Hijo de Dios. En su sumaria despedida tuvo una prueba que no podía contradecir. La divinidad fulguró a través de la humanidad doliente. Satanás no tuvo poder para resistir la orden… La victoria de Cristo fue tan completa como lo había sido el fracaso de Adán.

Así podemos nosotros resistir la tentación y obligar a Satanás a alejarse. Jesús venció por la sumisión a Dios y la fe en él, y mediante el apóstol nos dice: “Someteos pues a Dios; resistid al diablo, y de vosotros huirá. Allegaos a Dios, y él se allegará a vosotros”. [Santiago 4:7, 8]… Satanás tiembla y huye delante del alma más débil que busca refugio en ese nombre poderoso…

Nunca podrá comprenderse el costo de nuestra redención hasta que los redimidos estén con el Redentor delante del trono de Dios. Entonces, al percibir de repente nuestros sentidos arrobados las glorias de la patria eterna, recordaremos que Jesús dejó todo esto por nosotros, que no solo se desterró de las cortes celestiales, sino que por nosotros corrió el riesgo de fracasar y de perderse eternamente. Entonces arrojaremos nuestras coronas a sus pies, y elevaremos este canto: ” ¡Digno es el Cordero que ha sido inmolado, de recibir el poder, y la riqueza, y la sabiduría, y la fortaleza, y la honra, y la gloria, y la bendición!” [Apocalipsis 5:12] (El Deseado de todas las gentes, pp. 104, 105).

Lunes 21 de enero: La asamblea celestial en la sala del trono

El que capta un destello del incomparable amor de Cristo, computa todas las otras cosas como pérdida, y considera al Señor como el principal entre diez mil… Cuando los serafines y querubines contemplan a Cristo, cubren su rostro con sus alas. No despliegan su perfección y belleza en la presencia de la gloria de su Señor. ¡Cuán impropio es, pues, que los hombres se exalten a sí mismos! Mas bien, que estén vestidos de humildad, que cesan su esfuerzo por alcanzar la supremacía, y que aprendan lo que es ser manso y humilde de corazón. El que contempla la gloria y el infinito amor de Dios tendrá una opinión humilde de sí mismo, pero al contemplar el carácter de Dios, será transformado a la imagen divina (That I May Know Him, p. 175; parcialmente en a fin de conocerle, p. 176).

Y el uno daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria. Isaías 6:3.

Esos seres santos cantaban la alabanza y la gloria a Dios con labios no contaminados por el pecado. El contraste entre la pobre alabanza que [Isaías] había estado acostumbrado a dar al Creador y las fervientes alabanzas de los serafines, sorprendía y humillaba al profeta. ..

Los serafines que se encuentran delante del trono están tan llenos de temor reverente al contemplar la gloria de Dios, que ni por un instante se miran a sí mismos con complacencia propia, admirándose a si mismos o el uno al otro. Su alabanza y gloria son para Jehová de los ejércitos… Están plenamente satisfechos al glorificar a Dios, y en su presencia, bajo su sonrisa de aprobación, no tienen ningún otro deseo. Sus mayores ambiciones están plenamente logradas al llevar la imagen de Dios, al estar a su servicio y al adorarlo (Conflicto y valor, p. 233).

En el año en que murió el rey Uzías, se le concedió una visión a Isaías en la que contempló el Lugar Santo y el Lugar Santísimo del Santuario celestial. Las cortinas interiores del Santuario estaban abiertas, y ante su mirada se reveló un trono sublime y exaltado que se elevaba como hasta los mismos cielos. Una gloria indescriptible emanaba del que estaba en el trono y su séquito llenaba el templo como su gloria llenará finalmente la tierra. A cada lado del trono de la misericordia se encontraban querubines… y brillaban con la gloria que los envolvía de la presencia de Dios. .. Estos seres santos cantaban alabanzas y tributaban gloria a Dios… (Reflejemos a Jesús, p. 330).

La gloria culminante de los atributos de Cristo es su santidad. Los ángeles se postran delante de él en adoración, exclamando: “Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso”. Apocalipsis 4:8. Él es declarado glorioso en su santidad. Estudiad el carácter de Dios. Contemplando a Cristo, buscándole con fe y oración, podéis llegar a ser como él (Consejos para los maestros, p. 388).

Martes 22 de enero: El libro sellado

“Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos. Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos? Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aun mirarlo” (Apocalipsis 5:1-3).

Allí en su mano abierta estaba el libro, el rollo de la historia de las providencias de Dios, la historia profética de las naciones y de la iglesia. Contenía las declaraciones divinas, su autoridad, sus mandamientos, sus leyes, todo el consejo simbólico del Eterno, y la historia de todos los poderes reinantes en las naciones. El rollo contenía, en lenguaje simbólico, la influencia de cada nación, lengua y pueblo desde el inicio de la historia del mundo hasta su final (Manuscript Releases, t. 9, p. 7).

La cruz de Cristo nos conduce más cerca de Dios, reconcilia al hombre con Dios, y a Dios con el hombre… Casi se ha perdido de vista la cruz, pero sin la cruz no hay relación con el Padre, no hay unidad con el Cordero en el medio del trono del cielo, no hay una recepción de bienvenida a los errantes que quieran volver al olvidado camino de la justicia y la verdad, no hay esperanza para el transgresor en el día del juicio. Sin la cruz no hay un medio provisto para vencer el poder de nuestro poderoso enemigo. Toda esperanza de la humanidad pende de la cruz (Nuestra elevada vocación, p. 48).

En la carrera celestial, todos podemos correr, y recibir el premio. No hay incertidumbre ni riesgo en el asunto. Debemos revestirnos de las gracias celestiales y con los ojos dirigidos hacia arriba, a la corona de la inmortalidad, tener siempre presente el Modelo. Fue Varón de dolores, experimentado en quebranto. Debemos tener constantemente presente la vida de humildad y abnegación de nuestro divino Señor. Y a medida que procuramos imitarlo, manteniendo los ojos fijos en el premio, podemos correr esa carrera con certidumbre, sabiendo que si hacemos lo mejor que podamos, lo alcanzaremos con seguridad (Testimonios para la iglesia, t. 2, p. 320).

Morando en [Cristo], podéis florecer. Recibiendo vuestra vida de él, no os marchitaréis ni seréis estériles…

Muchos tienen la idea de que deben hacer alguna parte de la obra solos. Confiaron en Cristo para obtener el perdón de sus pecados, pero ahora procuran vivir rectamente por sus propios esfuerzos. Mas todo esfuerzo tal fracasará. El Señor Jesús dice: “Porque separados de mi nada podéis hacer”. Nuestro crecimiento en la gracia, nuestro gozo, nuestra utilidad, todo depende de nuestra unión con Cristo. Sólo estando en comunión con él diariamente y permaneciendo en él cada hora es como hemos de crecer en la gracia. Él no es solamente el autor de nuestra fe sino también su consumador. Ocupa el primer lugar, el último y todo otro lugar. Estará con nosotros, no solo al principio y al fin de nuestra carrera, sino en cada paso del camino (El camino a Cristo, pp. 68, 69).

 

 

Miércoles 23 de enero: Digno es el Cordero

La voz dijo: “Jesús, que está sentado sobre el trono, amó tanto al hombre que dio su vida como sacrificio para redimirlo del poder de Satanás, y para exaltarlo a su trono. El que está sobre todo poder, el que tiene la mayor influencia en el cielo y en la tierra, Aquel a quien toda alma está en deuda por todos los favores que ha recibido, era manso y humilde de corazón, santo, inocente y puro en vida…

Ahora los santos no tienen nada que temer— Fuertes y terribles han llegado a ser los señores de la iniquidad en el mundo bajo el dominio de Satanás, pero fuerte es el Señor Dios que juzga a Babilonia. Los justos ya no tienen nada que temer a causa de la fuerza o el fraude mientras sigan siendo fieles y leales. Alguien más poderoso que el hombre fuerte y armado actuará como su defensa. Todo poder y grandeza y excelencia de carácter serán dados a los que han creído y actuado con firmeza en defensa de las leyes de Dios (Mensajes selectos, t. 3, pp. 490, 491).

No necesitamos esperar hasta que seamos trasladados para seguir a Cristo. El pueblo de Dios puede hacer eso aquí abajo. Seguirán al Cordero en las cortes celestiales solo si lo siguen aquí… No debemos seguir a Cristo a intervalos o caprichosamente, solamente cuando ello sea para nuestra conveniencia. Debemos optar por seguirlo. En la vida diaria, debemos seguir su ejemplo, como el rebaño sigue confiadamente a su pastor. Debemos seguirlo con sufrimiento por su causa, diciendo a cada paso: “Aunque él me matare, en él esperaré”. Job 13:15. La regla de su vida debe ser nuestra experiencia. Y cuando tratemos de ser como él y mantengamos nuestros deseos en conformidad con su voluntad, lo daremos a conocer (En los lugares celestiales, p. 300).

Es una ley de la naturaleza que nuestros pensamientos y sentimientos resultan alentados y fortalecidos al darles expresión. Aunque las palabras expresan los pensamientos, éstos a su vez siguen a las palabras. Si diéramos más expresión a nuestra fe, si nos alegrásemos más de las bendiciones que sabemos que tenemos: la gran misericordia y el gran amor de Dios, tendríamos más fe y gozo. Ninguna lengua puede expresar, ninguna mente finita puede concebir la bendición resultante de la debida apreciación de la bondad y el amor de Dios. Aun en la tierra puede ser nuestro gozo como una fuente inagotable, alimentada por las corrientes que manan del trono de Dios.

Enseñemos, pues, a nuestros corazones y a nuestros labios a alabar a Dios por su incomparable amor. Enseñemos a nuestras almas a tener esperanza, y a vivir en la luz que irradia de la cruz del Calvario. Nunca debemos olvidar que somos hijos del Rey celestial, del Señor de los ejércitos. Es nuestro privilegio confiar reposadamente en Dios (El ministerio de curación, p. 195).

Jueves 24 de enero: La importancia de Pentecostés

Empero yo os digo la verdad: Os es necesario que yo vaya: porque si yo no fuese, el Consolador no vendría a vosotros; mas si yo fuere, os le enviaré. Juan 16:7.

Cristo declaró que después de su ascensión él enviaría a su iglesia, como su don máximo, al Consolador, quien ocuparía su lugar. Este Consolador es el Espíritu Santo —el alma de su vida, la eficacia de su iglesia, la luz y la vida del mundo…

En el don del Espíritu, Jesús le dio al hombre el mayor bien que el cielo podía derramar… Es el Espíritu el que hace efectivo lo que ha sido hecho por el Redentor del mundo. El corazón es hecho puro mediante el Espíritu. Mediante el Espíritu el creyente llega a ser participante de la naturaleza divina. Cristo ha dado su Espíritu como un poder divino, para vencer toda tendencia al mal, heredada o cultivada, y para imprimir su propio carácter sobre la iglesia… Es el privilegio de cada hijo e hija de Dios tener en ellos la morada del Espíritu (Nuestra elevada vocación, p. 152).

El Espíritu Santo debía descender sobre los que amaban a Cristo en este mundo. De ese modo se los capacitaría, por medio de la glorificación de Aquel que era su cabeza, para recibir todo don necesario para el cumplimiento de su misión. El Dador de la vida poseía no solo las llaves de la muerte, sino un cielo lleno de ricas bendiciones. Todo el poder del cielo y de la tierra estaba a su disposición, y al tomar su lugar en las cortes celestiales podía prodigar esas bendiciones a todos los que lo recibieran. Cristo dijo a sus discípulos: “Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuese, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré”. Juan 16:7. Este era el mayor de los dones. El Espíritu Santo descendió como el tesoro más precioso que el hombre podía aceptar. La iglesia recibió el bautismo del poder del Espíritu. Los discípulos fueron preparados para salir y proclamar a Cristo (Cada día con Dios, p. 339).

Jesús conoce las necesidades de sus hijos y le gusta escuchar sus oraciones. Que sus hijos se aparten del mundo y de todo lo que pudiera apartar los pensamientos de Dios, y que sientan que están solos con el Señor, que su ojo contempla lo más profundo del corazón, y lee los deseos del alma, y que pueden hablar con Dios. Con fe humilde, podéis pedir el cumplimiento de sus promesas, y sentir que aunque no tenéis nada en vosotros mismos que pudiera serviros para suplicar el favor de Dios debido a los méritos y la justicia de Cristo podéis acercaros confiadamente al trono de la gracia, para hallar socorro en el momento oportuno. Nada puede fortalecer tanto al alma para resistir las tentaciones de Satanás en el gran conflicto de la vida, como buscar a Dios en humildad, y presentar delante de él vuestra alma en toda su indigencia, a la espera de que él será vuestro Ayudador y Defensor (Hijos e hijas de Dios, p. 123).

Viernes 25 de enero: Para estudiar y meditar

El Deseado de todas las gentes, ” A mi Padre y a vuestro Padre”, pp. 769-774.

Los hechos de los apóstoles, “El don del Espíritu”, pp. 39-45.

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