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Lección 3

Sábado 12 de enero: Los mensajes de Jesús a las siete iglesias

Antes del diluvio, Dios mandó a Noé que diese aviso al mundo, para que los hombres fuesen llevados al arrepentimiento, y para que así escapasen a la destrucción. A medida que se aproxima el momento de la segunda venida de Cristo, el Señor envía a sus siervos al mundo con una amonestación para que los hombres se preparen para ese gran acontecimiento. Multitudes de personas han vivido violando la ley de Dios, y ahora, con toda misericordia, las llama para que obedezcan sus sagrados preceptos. A todos los que abandonen sus pecados mediante el arrepentimiento para con Dios y la fe en Cristo, se les ofrece perdón. Pero muchos creen que renunciar al pecado es hacer un sacrificio demasiado grande. Porque su vida no está en armonía con los principios puros del gobierno moral de Dios, rechazan sus amonestaciones y niegan la autoridad de su ley (Patriarcas y profetas, p. 91).

Tengamos cuidado de no pasar por alto las señales de peligro y las amonestaciones dadas en su Palabra. A menos que se preste atención a estas amonestaciones y se venzan los defectos del carácter, éstos vencerán a quienes los posean, y ellos caerán en el error, la apostasía y el pecado abierto. La mente que no se eleve a la norma más alta, perderá con el tiempo su fuerza de retener lo que había ganado una vez. “Así que, el que piensa estar firme, mire, no caiga”. “Así que vosotros, oh amados, pues estáis amonestados, guardaos que por el error de los abominables no seáis juntamente extraviados, y caigáis de vuestra firmeza. Mas creced, en la gracia y conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” 1 Corintios 10:12; 2 Pedro 3:17, 18 (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 507).

Cuanto más fuerte y pura sea la fe de los hijos de Dios, y cuanto más firme su resolución a obedecerle, tanto más fieramente se esforzará Satanás por incitar contra ellos la ira de aquellos que, al par que se proclaman justos, violan la ley de Dios. Se requerirá la más firme confianza, el propósito más heroico, para guardar la fe una vez dada a los santos.

Los mensajeros de la cruz deben armarse de un espíritu vigilante y de oración, y avanzar con fe y valor, obrando siempre en el nombre de Jesús. Deben cifrar su confianza en su Jefe; porque nos esperan tiempos dificultosos. Los juicios de Dios están cayendo sobre la tierra. Las calamidades se siguen en rápida sucesión. Pronto se levantará Dios de su solio para sacudir terriblemente la tierra, y para castigar a los malos por su iniquidad. Entonces él se levantará en favor de los suyos, y les concederá su cuidado protector. Echará sus brazos eternos en derredor de ellos, para escudarlos de todo mal (Obreros evangélicos, p. 279).

Domingo 13 de enero: Los mensajes de Cristo para Esmirna y Pérgamo

En las persecuciones más encarnizadas, estos testigos de Jesús conservaron su fe sin mancha. A pesar de verse privados de toda comodidad y aun de la luz del sol mientras moraban en el oscuro pero benigno seno de la tierra, no profirieron quejas. Con palabras de fe, paciencia y esperanza, se animaban unos a otros para soportar la privación y la desgracia. La pérdida de todas las bendiciones temporales no pudo obligarlos a renunciar a su fe en Cristo. Las pruebas y la persecución no eran sino peldaños que los acercaban más al descanso y a la recompensa…

Se alegraban de que se los hallara dignos de sufrir por la verdad, y entonaban cánticos de triunfo en medio de las crepitantes hogueras. Mirando hacia arriba por la fe, veían a Cristo y a los ángeles que desde las almenas del cielo los observaban con el mayor interés y apreciaban y aprobaban su entereza. Descendía del trono de Dios hasta ellos una voz que decía: “Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida”. Apocalipsis 2:10 (El conflicto de los siglos, p. 39).

He aquí he dado una puerta abierta delante de ti —declara el Señor—, la cual ninguno puede cerrar”. Ninguna espada guarda el paso por esa puerta. Las voces que provienen de los que están adentro y de los que están a la puerta dicen: Ven. La voz del Salvador nos invita con amor fervoroso: “Yo te amonesto que de mi compres oro afinado en fuego, para que seas hecho rico” [Apocalipsis 3:8, 18].

El evangelio de Cristo es una bendición que todos pueden poseer. El más pobre es tan capaz de comprar la salvación como el más rico; porque no se puede conseguir por ninguna cantidad de riqueza mundanal. La obtenemos por una obediencia voluntaria, entregándonos a Cristo como su propia posesión comprada. La educación, aunque sea de la clase más elevada, no puede por sí misma traer al hombre más cerca de Dios (Palabras de Vida del gran Maestro, pp. 88, 89).

Alma desalentada, anímate aunque hayas obrado impíamente… Aunque te habías rebelado contra él, salió a buscarte. Con el tierno corazón del pastor, dejó las noventa y nueve y salió al desierto a buscar la que se había perdido. Toma en sus brazos de amor al alma lastimada, herida y a punto de morir, y gozosamente la lleva al aprisco de la seguridad.

Los judíos enseñaban que antes de que se extendiera el amor de Dios al pecador, éste debía arrepentirse. A su modo de ver, el arrepentimiento es una obra por la cual los hombres ganan el favor del cielo… Pero en la parábola de la oveja perdida, Cristo enseña que la salvación no se debe a nuestra búsqueda de Dios, sino a su búsqueda de nosotros, “No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios; todos se apartaron”.  [Romanos 3:11, 12]. No nos arrepentimos para que Dios nos ame, sino que él nos revele su amor para que nos arrepintamos (Palabras de vida del gran Maestro», 188, 189),

Lunes 14 de enero: El mensaje de Cristo para Tiatira

Los judíos se habían apartado de Dios, y en sus enseñanzas habían reemplazado la ley divina por sus propias tradiciones. La vida y las enseñanzas de Cristo revelaron clara y definidamente los principios de la ley violada. La hueste celestial comprendió que el objeto de la misión de Jesús consistía en exaltar y honrar la ley del Padre, y en justificar sus requerimientos (Cada día con Dios, p, 244),

La obra de Cristo es atraer a los hombres de lo falso y espurio a lo verdadero y genuino, “El que me sigue, no andará en tinieblas, mas tendrá la lumbre de la vida”. No existe peligro de caer en el error mientras seguimos las pisadas de la “luz del mundo”…

Los judíos fueron inducidos al error, llevados a la ruina y al rechazo del Señor de gloria, porque ignoraban las Escrituras y el poder de Dios. Una gran obra hay delante de nosotros: la de guiar a los hombres a hacer de la Palabra de Dios la regla de sus vidas y a no transigir con las tradiciones y costumbres, sino a andar en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor (La edificación cristiana, p, 227).

Si los siervos de Dios cumplen fielmente el cometido a ellos confiado, grande será su recompensa… La ferviente labor, el trabajo abnegado, el esfuerzo paciente y perseverante, serán recompensados abundantemente. Jesús dirá: Ya no os llamo siervos, sino amigos. [Ver Juan 15:15]. El Maestro no concede su aprobación por la magnitud de la obra hecha, sino por la fidelidad manifestada en todo lo que se ha hecho. No son los resultados que alcanzamos, sino los motivos por los cuales obramos, lo que más importa a Dios. Él aprecia sobres todo la bondad y la fidelidad (Obreros evangélicos, p. 282),

Aférrate del bienestar, de la fe, de la esperanza que Dios te ha dado por su Palabra. Nunca te desanimes. Un hombre desanimado no puede hacer nada, Satanás está tratando de desanimarte, diciéndote que no vale la pena servir a Dios, y que da lo mismo disfrutar de los placeres y goces de este mundo. Pero, “¿de qué aprovecha al hombre, si granjeares todo el mundo, y perdieres su alma?” Tú puedes gozar de los placeres mundanos a expensas del mundo futuro, pero, ¿estás dispuesto a pagar tal precio? Debemos “aferrarnos” y vivir a la altura de toda la luz que hemos recibido del cielo.., Cuando os entregáis a Cristo, hacéis una promesa ante la presencia del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, las tres grandes Personalidades, dignatarios del cielo. “Aferraos” a esa promesa…

El enemigo nunca puede arrancar de la mano de Cristo a aquel que sencillamente confía en las promesas del Señor. Si la persona confía y procede con obediencia, la mente será sensible a las impresiones divinas y la luz de Dios resplandecerá para alumbrar el entendimiento. ¡Qué privilegios tenemos en Cristo Jesús! (Sons and Daughters of God, p. 351; parcialmente en Hijos e hijas de Dios, p. 353, y Comentario bíblico adventista, p. 971).

Martes 15 de enero: El mensaje de Cristo para Sardis

No conocemos el tiempo exacto de la venida de nuestro Señor. Pero sea que ocurra este año, o el próximo, o más adelante, Cristo nos dijo que vendrá como ladrón en la noche. A todos nos dice: “Velad”. Para muchos vendrá a la hora que no esperan. Al tiempo de su venida los hombres se preguntarán: ” ¿Dónde está la promesa de su advenimiento?”…

Si alguna vez los centinelas de Dios necesitaron estar en guardia es ahora… La trompeta debe dar un sonido certero. Debe proclamarse la verdad para que la tierra entera sea alumbrada con la gloria de Dios; pero reconocerán la luz solamente los que quieran conocer la diferencia entre la santidad y el pecado (Alza tus ojos, p. 363).

Los que se llaman del nombre de Cristo deben sacudir el letargo que debilita sus esfuerzos, y deben hacer frente a las tremendas responsabilidades que recaen sobre ellos. Todos los que hagan esto pueden esperar que el poder de Dios les sea revelado. El Hijo de Dios, el Redentor del mundo, será representado en las palabras y en las obras de ellos, y el nombre de Dios será glorificado (La edificación del carácter, p. 39).

Por medio de nuestras buenas obras no podemos adquirir el amor de Dios, pero podemos demostrar que lo poseemos. Si sometemos nuestra voluntad y nuestra conducta a Dios, no obraremos para conseguir el amor del Señor, en cambio, obedeceremos sus mandamientos porque es justo hacerlo. Juan, el discípulo, escribió: “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero”. 1 Juan 4:19. La verdadera vida espiritual se manifestará en toda alma que esté sirviendo a Cristo. Los que estén vivos en el Señor estarán llenos de su Espíritu, y no podrán hacer otra cosa sino trabajar en su viña. Pondrán en práctica las palabras de Dios. Medite cada alma con oración para que pueda obrar consecuentemente (Cada día con Dios, p. 242).

El Señor no está lejos del alma que lo busca. La razón por la cual muchos quedan abandonados en el terreno de la tentación se debe a que no ponen al Señor siempre delante de ellos. Es necesario llevar la lámpara de la vida precisamente a aquellos lugares en que menos se piensa en Dios. Si perdemos de vista al Señor, si nuestra fe y nuestra comunión con él se quebrantan, el alma estará ciertamente en peligro…

El Señor es nuestro ayudador, nuestra defensa. Dios ha resuelto que ninguna alma que confíe en él sea vencida por el enemigo. Cristo está tanto con sus creyentes cuando se ven obligados a relacionarse de cualquier manera con el mundo, como cuando se reúnen en su casa para adorarlo. Meditemos en estas palabras: “Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas. El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles”. Apocalipsis 3:4, 5 (Cada día con Dios, p. 230).

Miércoles 16 de enero: El mensaje de Cristo para Filadelfia

Los que den lugar a Jesús en su corazón, llegarán a sentir su amor. Todos los que anhelan poseer la semejanza del carácter de Dios quedarán satisfechos. El Espíritu Santo no deja nunca sin ayuda al alma que mira a Jesús. Toma de las cosas de Cristo y se las revela. Si la mirada se mantiene fija en Cristo, la obra del Espíritu no cesa hasta que el alma queda conformada a su imagen. El elemento puro del amor dará expansión al alma y la capacitará para llegar a un nivel superior, un conocimiento acrecentado de las cosas celestiales, de manera que alcanzará la plenitud. “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia; porque ellos serán hartos” (El Deseado de todas las gentes, p. 269).

La unidad con Cristo depende de la renovación de la mente por el Espíritu Santo. De ese modo somos fortalecidos para caminar en novedad de vida, habiendo recibido de Cristo el perdón de nuestros pecados. Quien tenga la fe que obra por el amor y purifica el alma, es un vaso limpio, santificado y preparado para ser usado por el Maestro. El yo está muerto…

Toda desunión, todos los pensamientos, palabras y actos egoístas, son el fruto de la obra de un espíritu impío sobre las mentes. Bajo la influencia de este espíritu se pronuncian palabras que no revelan al Salvador. Cristo, la esperanza de gloria, no se forma interiormente. Los que viven de esa manera son pecadores, aunque estén disfrazados de santos…

Los que reciben a Cristo son mansos y humildes de corazón. Cristo abre en sus corazones una fuente de agua viva que surge para vida eterna y que refrigera el alma de los demás. Las vidas de los que se alimentan del pan de vida y beben el agua de la salvación son purificadas por la gracia de Dios (Cada día con Dios, p. 148).

La tesorería que guarda las joyas de la verdad está abierta para todos. “He aquí he dado una puerta abierta delante de ti —declara el Señor— la cual ninguno puede cerrar”. Ninguna espada guarda el paso por esa puerta. Las voces que provienen de los que están adentro y de los que están a la puerta dicen: Ven. La voz del Salvador nos invita con amor fervoroso: “Yo te amonesto que de mi compres oro afinado en fuego, para que seas hecho rico.

El evangelio de Cristo es una bendición que todos pueden poseer. El más pobre es tan capaz de comprar la salvación como el más rico; porque no se puede conseguir por ninguna cantidad de riqueza mundanal. La obtenemos por una obediencia voluntaria, entregándonos a Cristo como su propia posesión comprada (Palabras de Vida del gran Maestro, pp. 88, 89).

Él va a venir pronto, y debemos estar listos y aguardar su aparición. ¡Oh, cuán glorioso será verle y recibir la bienvenida como sus redimidos! Largo tiempo hemos aguardado; pero nuestra esperanza no debe debilitarse. Si tan solo podemos ver al Rey en su hermosura, seremos bienaventurados para siempre. Me siento inducida a clamar con gran voz: “iVamos rumbo a la patria!” Nos estamos acercando al tiempo cuando Cristo vendrá con poder y grande gloria para llevar a sus redimidos a su hogar eterno (Testimonios para la iglesia, t. 8, p. 264).

Jueves 17 de enero: Los cristianos de Laodicea

Muchos que profesan el nombre de Cristo y dicen que aguardan su pronta venida, no saben lo que es sufrir por Cristo. Sus corazones no están subyugados por la gracia, y no han muerto al yo, como a menudo lo demuestran de diversas maneras. Al mismo tiempo hablan de tener pruebas. Pero la causa principal de sus pruebas se halla en un corazón que no ha sido subyugado, que sensibiliza tanto al yo que se irrita con frecuencia. Si los tales pudiesen comprender lo que es ser un humilde seguidor de Cristo, un verdadero cristiano, comenzarían a trabajar a conciencia y correctamente. Primero morirían al yo, luego serían fervientes en la oración, y dominarían toda pasión del corazón. Renunciad a vuestra confianza propia y a vuestra suficiencia propia, hermanos, y seguid al manso Dechado. Tened siempre a Cristo presente, y recordad que es vuestro ejemplo y que debéis andar en sus pisadas. Mirad a Jesús, autor de nuestra fe, quien por el gozo que le fue propuesto soportó la cruz, despreciando la vergüenza. Sufrió la contradicción de los pecadores. Por causa de nuestros pecados fue una vez el Cordero manso, herido, golpeado e inmolado (Primeros escritos, p. 113).

He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo”. Apocalipsis 3:20. Vi que muchos tienen tanta escoria acumulada ante la puerta del corazón que no pueden abrirla. Algunos tienen que eliminar las dificultades que tienen con sus hermanos. Otros tienen que eliminar el mal genio o la codicia antes que puedan abrir la puerta. Otros colocan el mundo delante de la puerta de su corazón, y así la cierran. Toda esta escoria tiene que ser quitada. Entonces podrán abrir la puerta y dar la bienvenida al Salvador.

En la visión me fue mostrado cuán preciosa es la promesa: “Entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”. ¡Oh, qué admirable es el amor de Dios! A pesar de toda nuestra tibieza y nuestros pecados nos dice: Tornaos a mí y yo me tornaré a vosotros, y sanaré todas vuestras rebeliones”. El ángel lo repitió unas cuantas veces: “Tornaos a mí y yo me tornaré a vosotros, y sanaré todas vuestras rebeliones” (Testimonios para la iglesia, t. 1, pp. 135, 136).

La gente duerme en sus pecados. Continúa declarándose rica, y sin necesidad de nada. Muchos preguntan: ¿Por qué se dan todos estos reproches? ¿Por qué los Testimonios nos acusan continuamente de apostasía y graves pecados? Amamos la verdad; estamos prosperando; no necesitamos esos testimonios de amonestación y reproche. Pero miren sus corazones murmuradores y comparen su vida con las enseñanzas prácticas de la Biblia; humillen sus almas delante de Dios; ilumine la gracia de Dios las tinieblas; y caerán las escamas de sus ojos y se percatarán de su verdadera pobreza y miseria espirituales. Sentirán la necesidad de comprar oro, que es la fe y el amor puro; ropa blanca, que es el carácter inmaculado, purificado en la sangre de su amado Redentor; y colirio, que es la gracia de Dios, y que les dará un claro discernimiento de las cosas espirituales para descubrir el pecado (Testimonios para la iglesia, t. 3, p. 281).

Viernes 18 de enero: Para estudiar y meditar

Los hechos de los apóstoles, “El Apocalipsis”, pp. 462-473.

Mensajes para los jóvenes, “Hacia adelante y hacia arriba”, p. 66.

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