Notas de Elena | Lección 3 | La rebelión global y los patriarcas | Escuela Sabática 2016


Sábado 9 de enero

Cristo es la escalera que Jacob vio, cuya base descansaba en la tierra y cuya cima llegaba a la puerta del cielo, hasta el mismo umbral de la gloria. Si esa escalera no hubiese llegado a la tierra, y le hubiese faltado un solo peldaño, habríamos estado perdidos. Pero Cristo nos alcanza donde estamos. Tomó nuestra naturaleza y venció, a fin de que nosotros, tomando su naturaleza, pudiésemos vencer. Hecho “en semejanza de carne de pecado”, vivió una vida sin pecado. Ahora, por su divinidad, echa mano del trono del cielo, mientras que por su humanidad llega hasta nosotros. Él nos invita a obtener por la fe en él la gloria del carácter de Dios. Por lo tanto, hemos de ser perfectos, como nuestro “Padre que está en los cielos es perfecto” {El Deseado de todas las gentes, p. 278).

Muchos tienen ideas confusas acerca de lo que constituye la fe, y viven por debajo de sus privilegios. Confunden sentimiento y fe, y están continuamente angustiados y perplejos, porque Satanás toma toda ventaja posible de su ignorancia e inexperiencia… Debemos aceptar a Cristo como nuestro Salvador personal, o fracasaremos en nuestro intento por llegar a ser vencedores. No nos traerá ningún beneficio mantenemos alejados de él, creer que nuestro amigo o nuestro vecino pueden tenerlo por su Salvador personal, pero que nosotros no podemos experimentar su amor perdonador. Debemos creer que somos elegidos de Dios, para ser salvados por el ejercicio de la fe, a través de la gracia de Cristo y la obra del Espíritu Santo; y debemos alabar y glorificar a Dios por esta maravillosa manifestación de un favor que no merecemos. Es el amor de Dios el que conduce el alma a Cristo para ser benignamente recibida y presentada al Padre {Nuestra elevada vocación, p. 79).

Presentad a Dios vuestras necesidades, gozos, tristezas, cuidados y temores. No podéis agobiarlo ni cansarlo. El que tiene contados los cabellos de vuestra cabeza, no es indiferente a las necesidades de sus hijos. “Porque el Señor es muy misericordioso y compasivo” (Santiago 5:11). Su amoroso corazón se conmueve por nuestras tristezas y aún por nuestra presentación de ellas. Llevadle todo lo que confunda vuestra mente. Ninguna cosa es demasiado grande para que él no la pueda soportar; él sostiene los mundos y gobierna todos los asuntos del universo. Ninguna cosa que de alguna manera afecte nuestra paz es tan pequeña que él no la note. No hay en nuestra experiencia ningún pasaje tan oscuro que él no pueda leer, ni perplejidad tan grande que él no pueda desenredar. Ninguna calamidad puede acaecer al más pequeño de sus hijos, ninguna ansiedad puede asaltar el alma, ningún gozo alegrar, ninguna oración sincera escaparse de los labios, sin que el Padre celestial esté al tanto de ello, sin que tome en ello un interés inmediato. Él “sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas” (Salmo 147:3). Las relaciones entre Dios y cada una de las almas son tan claras y plenas como si no hubiese otra alma por la cual hubiera dado a su Hijo amado (El camino a Cristo, pp. 100, 101).

Domingo 10 de enero: Caín y Abel

Caín se creía justo, y solo presentó a Dios una ofrenda de agradecimiento. No hizo ninguna confesión de pecado, y no reconoció ninguna necesidad de misericordia. Abel, en cambio, se presentó con la sangre que simbolizaba al Cordero de Dios. Lo hizo en calidad de pecador, confesando que estaba perdido; su única esperanza era el amor inmerecido de Dios. Dios apreció la ofrenda de Abel, pero no tomó en cuenta a Caín ni a la suya. La sensación de la necesidad, el reconocimiento de nuestra pobreza y pecado, es la primera condición para que Dios nos acepte. “Bienaventurados los pobres en espíritu: porque de ellos es el reino de los cielos” (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 117, 118).

El mismo espíritu que fomentara la rebelión en el cielo continúa inspirándole en la tierra. Satanás ha seguido con los hombres la misma política que siguiera con los ángeles. Su espíritu impera ahora en los hijos de desobediencia. Como él, tratan éstos de romper el freno de la ley de Dios, y prometen a los hombres la libertad mediante la transgresión de los preceptos de aquélla. La reprensión del pecado despierta aun el espíritu de odio y resistencia. Cuando los mensajeros que Dios envía para amonestar tocan a la conciencia, Satanás induce a los hombres a que se justifiquen y a que busquen la simpatía de otros en su camino de pecado. En lugar de enmendar sus errores, despiertan la indignación contra el que los reprende, como si éste fuera la única causa de la dificultad. Desde los días del justo Abel hasta los nuestros, tal ha sido el espíritu que se ha manifestado contra quienes osaron condenar el pecado.

Mediante la misma falsa representación del carácter de Dios que empleó en el cielo, para hacerle parecer severo y tiránico, Satanás indujo al hombre a pecar. Y logrado esto, declaró que las restricciones injustas de Dios habían sido causa de la caída del hombre, como lo habían sido de su propia rebeldía.

Pero el mismo Dios eterno da a conocer así su carácter: “¡Jehová, Jehová, Dios compasivo y clemente, lento en iras y grande en misericordia

y en fidelidad: que usa de misericordia hasta la milésima generación; que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado, pero que de ningún modo tendrá por inocente al rebelde!” (Éxodo 34:6, 7, V. M.) (El conflicto de los siglos, pp. 554, 555).

Al perdonarle la vida a Caín el homicida, Dios dio al mundo un ejemplo de lo que sucedería si le fuese permitido al pecador seguir llevando una vida de iniquidad sin freno. La influencia de las enseñanzas y de la conducta de Caín arrastraron al pecado a multitudes de sus descendientes, hasta “que la malicia de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal”. “Y corrompióse la tierra delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia” (Génesis 6:5,11).

Fue por misericordia para con el mundo por lo que Dios barrió los habitantes de él en tiempo de Noé. Fue también por misericordia por lo que destruyó a los habitantes corrompidos de Sodoma. Debido al poder engañador de Satanás, los obreros de iniquidad se granjean simpatía y admiración y arrastran a otros a la rebelión. Así sucedió en días de Caín y de Noé, como también en tiempo de Abraham y de Lot; y así sucede en nuestros días. Por misericordia para con el universo destruirá Dios finalmente a los que rechazan su gracia (El conflicto de los siglos, pp. 598, 599).

Lunes 11 de enero: El Diluvio

¡Cuán poco sabemos de la influencia que ejercen nuestros actos sobre la historia futura, nuestra y ajena! Muchos piensan que lo que hacen es de poca importancia, que no ocasionarán daño si se les ocurre asistir a este concierto, o unirse con el mundo en tal diversión. Así Satanás los dirige y controla sus deseos, y no consideran que los resultados pueden ser trascendentales. Pueden ser el eslabón de la cadena de sucesos que ligará a un alma a una trampa de Satanás y determinará su ruina eterna.

Cada acto, por pequeño que sea, tiene su lugar en el gran drama de la vida. Consideremos que el deseo de satisfacer una sola vez al apetito introdujo el pecado en nuestro mundo, con sus terribles consecuencias. Los matrimonios profanos de los hijos de Dios con las hijas de los hombres resultaron en una apostasía que llevó a la destrucción del mundo por el Diluvio. El acto más trivial de indulgencia propia ha resultado en grandes revoluciones. Tal es el caso ahora. Son muy pocos los que son circunspectos. Como los hijos de Israel, no quieren prestar atención a las palabras de consejo, sino seguir su propia inclinación (Joyas de los testimonios, tomo 1, p. 605).

Ahora es el momento de preparamos para la venida de nuestro Señor. La preparación para salir a su encuentro no puede lograrse en un momento. En preparación para esta solemne escena, debiéramos esperar en actitud vigilante y velar, combinando todo ello con trabajo ferviente. Así glorifican a Dios sus hijos. En medio de las agitadas escenas de la vida, se oirán sus voces pronunciando palabras de ánimo, fe y esperanza. Todo lo que tienen y son está consagrado al servicio del Maestro {Dios nos cuida, p. 250).

Debemos recordar que todos cometen equivocaciones. Aun hombres y mujeres que han tenido años de experiencia, a veces yerran. Pero Dios no los abandona a causa de sus errores: a cada descarriado hijo o hija de Adán, les da el privilegio de otra oportunidad. El verdadero seguidor de Jesús manifiesta un espíritu como el de Cristo hacia su descarriado hermano {En lugares celestiales, p. 290).

Jesús se complace en que vayamos a él como somos, pecaminosos, impotentes, necesitados. Podemos ir con toda nuestra debilidad, insensatez y maldad y caer arrepentidos a sus pies. Es su gloria estrechamos en los brazos de su amor, vendar nuestras heridas y limpiamos de toda impureza.

Miles se equivocan en esto: no creen que Jesús les perdona personal e individualmente. No creen al pie de la letra lo que Dios dice. Es el privilegio de todos los que llenan las condiciones, saber por sí mismos que el perdón de todo pecado es gratuito. Alejad la sospecha de que las promesas de Dios no son para vosotros. Son para todo pecador arrepentido. Cristo ha provisto fuerza y gracia para que los ángeles ministradores las lleven a toda alma creyente. Ninguno hay tan malvado que no encuentre fuerza, pureza y justicia en Jesús, que murió por los pecadores {La fe por la cual vivo, p. 136).

Martes 12 de enero: Abraham

El mensaje de Dios a Abraham era: “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré”… “Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir por heredad; y salió sin saber dónde iba” (Génesis 12:1; Hebreos 11:8). La obediencia incondicional de Abraham es una de las más notables evidencias de fe de toda la Sagrada Escritura… Confiando en la divina promesa, sin la menor seguridad extema de su cumplimiento, abandonó su hogar, sus parientes, y su tierra nativa; y salió, sin saber adonde iba, fiel a la dirección divina…

No fue una pmeba ligera la que soportó Abraham, ni tampoco era pequeño el sacrificio que se requirió de él. Había fuertes vínculos que le ataban a su tierra, a sus parientes y a su hogar. Pero no vaciló en obedecer al llamamiento {Patriarcas y profetas, p. 118).

La pmeba de Abraham fue la más severa que pudo recibir un ser humano. Si hubiera fracasado, nunca habría sido considerado como el padre de los fieles… La lección sirvió para que brillara a través de los siglos, para que aprendiéramos que no hay ninguna cosa demasiado preciosa para dársela a Dios. Nos aseguramos la bendición celestial cuando consideramos todo don como la propiedad del Señor, y para utilizarlo en su servicio. Devolvedle a Dios las posesiones que se os ha confiado y más se os confiará. Mantened vuestras posesiones para vosotros mismos, y no recibiréis ninguna recompensa en esta vida, y perderéis la recompensa de la vida venidera…

Hay muchos que no han hecho una entrega sin reservas de sí mismos a Dios. No tienen una idea correcta del sacrificio infinito que Dios hizo para salvar a un mundo arruinado. Si Dios les hablara, como lo hizo a Abraham, no estarían suficientemente familiarizados con su voz para saber que él los estaba llamando a realizar un sacrificio, a fin de probar la profundidad de su amor y la sinceridad de su fe. La plaga del egoísmo es tan contagiosa como la lepra. Aquellos que han de entrar en las cortes celestiales deben ser purificados de todo indicio de esta plaga…

El Señor tiene una gran obra para que la hagamos, y él nos invita a contemplarlo, a confiar en él, a andar con él, y conversar con él. Él nos invita a realizarle una entrega sin reservas de todo lo que tenemos y de todo lo que somos, para que cuando nos llame a sacrificamos por él, estemos listos y dispuestos a obedecer. Gozaremos de la plenitud de la gracia divina únicamente cuando le entreguemos todo a Cristo. Conoceremos el significado de la verdadera felicidad únicamente cuando mantengamos el fuego ardiendo en el altar del sacrificio. Dios recompensará en el futuro a aquellos que han hecho el máximo en el presente… Él nos prueba cada día, bajo diferentes circunstancias; y elogia a sus obreros en cada esfuerzo sincero que ellos realizan, no porque sean perfectos, sino porque están deseosos de trabajar desinteresadamente para él, y porque ven que mediante la relación con él pueden obtener perfección (Nuestra elevada vocación, p. 193).

Miércoles 13 de enero: Jacob y Esaú

Jacob estaba afligido porque había cometido un error en su vida. Fue arrojado a lo más profundo. Solo, cansado, desanimado, torturado por el recuerdo de sus pasados errores, y abrumado por el temor del futuro, se puso a descansar y usó una piedra como almohada. Si Jacob hubiera tenido la conciencia limpia, su corazón hubiera sido fuerte en Dios. Pero sabía que las perplejidades, los temores y las pruebas que estaba pasando eran consecuencias de sus pecados. Este pensamiento le amargaba la vida. Jacob se había arrepentido, pero no se sentía bien con lo que había hecho. Solo por medio de la tribulación y el sufrimiento físico y mental podía hallar el camino que había de conducirlo de nuevo al favor de Dios.

Se acostó triste, con el corazón agobiado, arrepentido y temeroso. Esperaba que nuevas pruebas le sobrevendrían a la mañana siguiente mientras avanzara fatigado por su camino.

No había amigos cerca para dirigir a Jacob palabras de consuelo, nadie a quien decirle que se había arrepentido sinceramente, y que había hecho todo lo posible. Pero el ojo de Dios estaba sobre su siervo. Envió a sus ángeles para que le mostraran una luminosa escalera que ascendía desde la tierra hasta las alturas de los cielos, y a los ángeles de Dios que ascendían y descendían por aquella gloriosa escalera, que le mostraba a Jacob la relación que existe entre estos dos mundos, y el intercambio que continuamente se está produciendo entre ellos. Cuando Jacob se despertó sus dificultades no habían desaparecido del todo, pero tenía tal confianza en Dios que se sintió consolado. Con humilde y cordial gratitud adoró a su Salvador y lo honró en forma especial mediante su almohada de piedra (Cada día con Dios, p. 323).

Jacob y Esaú se encontraron junto al lecho de muerte de su padre. En otro tiempo, el hijo mayor había esperado este acontecimiento como una ocasión para vengarse; pero desde entonces sus sentimientos habían cambiado considerablemente. Y Jacob, muy contento con las bendiciones espirituales de la primogenitura, renunció en favor de su hermano mayor a la herencia de las riquezas del padre, la única herencia que Esaú había buscado y valorado. Ya no estaban distanciados por los celos o el odio; y sin embargo, se separaron, marchándose Esaú al monte Seir. Dios, que es rico en bendición, había otorgado a Jacob riqueza terrenal además del bien superior que había buscado. La posesión de los dos hermanos “era grande, y no podían habitar juntos, ni la tierra de su peregrinación los podía sostener a causa de sus ganados”. Esta separación se verificó de acuerdo con el propósito de Dios respecto a Jacob…

No hubo una elección arbitraria de parte de Dios, por la cual Esaú fuera excluido de las bendiciones de la salvación. Los dones de su gracia mediante Cristo son gratuitos para todos. No hay elección, excepto la propia, por la cual alguien haya de perecer. Dios ha expuesto en su Palabra las condiciones de acuerdo con las cuales se elegirá a cada alma para la vida eterna: la obediencia a sus mandamientos, mediante la fe en Cristo. Dios ha elegido un carácter que está en armonía con su ley, y todo el que alcance la norma requerida, entrará en el reino de la gloria (Patriarcas y profetas, pp. 206, 207).

Jueves 14 de enero: José y sus hermanos

¡Qué cambio de condición! ¡De hijo tiernamente querido había pasado a ser esclavo menospreciado y desamparado! Solo y sin amigos, ¿cuál sería su suerte en la extraña tierra adonde iba? Durante algún tiempo José se entregó al terror y al dolor sin poder dominarse.

Pero, en la providencia de Dios, aun esto había de ser una bendición para él. Aprendió en pocas horas, lo que de otra manera le hubiera requerido muchos años. Por fuerte y tierno que hubiera sido el cariño de su padre, le había hecho daño por su parcialidad y complacencia. Aquella preferencia poco juiciosa había enfurecido a sus hermanos, y los había inducido a llevar a cabo el cruel acto que lo alejaba ahora de su hogar. Sus efectos se manifestaban también en su propio carácter. En él se habían fomentado defectos que ahora debía corregir. Estaba comenzando a confiar en sí mismo y a ser exigente. Acostumbrado al tierno cuidado de su padre, no se sintió preparado para afrontar las dificultades que surgían ante él en la amarga y desamparada vida de extranjero y esclavo.

Entonces sus pensamientos se dirigieron al Dios de su padre. En su niñez se le había enseñado a amarle y temerle. A menudo, en la tienda de su padre, había escuchado la historia de la visión que Jacob había presenciado cuando huyó de su casa desterrado y fugitivo. Se le había hablado de las promesas que el Señor le hizo a Jacob, y de cómo se habían cumplido; cómo en la hora de necesidad, los ángeles habían venido a instruirle, confortarle y protegerle. Y había comprendido el amor manifestado por Dios al proveer un Redentor para los hombres. Ahora, todas estas lecciones preciosas se presentaron vivamente ante él. José creyó que el Dios de sus padres sería su Dios. Entonces, allí mismo, se entregó por completo al Señor, y oró para pedir que el Guardián de Israel estuviese con él en el país adonde iba desterrado.

Su alma se conmovió y tomó la alta resolución de mostrarse fiel a Dios y de obrar en cualquier circunstancia cómo convenía a un súbdito del Rey de los cielos. Serviría al Señor con corazón íntegro; afrontaría con toda fortaleza las pruebas que le deparara su suerte, y cumpliría todo deber con fidelidad. La experiencia de ese día fue el punto decisivo en la vida de José. Su terrible calamidad le transformó de un niño mimado que era, en un hombre reflexivo, valiente, y sereno (Patriarcas y profetas, pp. 214, 215).

Viernes 15 de enero: Para estudiar y meditar

Patriarcas y profetas, pp. 58-66; 78-94; 144-151; 175-183; 209-215.

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2 Comments

  • Sandra Quintero Fontecha 1 año ago

    El trabajo que hacen es MUY valioso y enriquece mi vida espiritual; hay posibilidades de que ACTUALICEN la sección de NOTAS DE ELENA, así quedaría completo mi estudio personal diario.

    Muchas gracias y Duos les bendiga abundantemente.

  • LA IGLESIA ADVENTISTA SIEMPRE ME HA GUSTADO.
    PARA MI ES LA MEJOR Y LA QUE ME HA AYUDADO EN MI SANACIÓN.
    TANTO ESPIRITUAL, AFECTIVA, EMOCIONAL Y MI ORGANISMO.
    CONOCI A UNA DOCTORA EN ESA IGLESIA EN QUILPUE.
    OJALA LA VUELVA A ENCONTRAR.
    LA DOCTORA ME ENSEÑO Y ME AYUDO MUCHISIMO.

    GRACIAS AL SEÑOR, ALTISIMO.
    QUE TODO LO PUEDE.
    OJALA LA ENCUENTRE Y ME CORRESPONDA SIEMPRE.
    QUE EL SUPREMO HACEDOR ME ESCUCHE Y COMPLAZCA MIS PEDIDOS.
    EL SABE.

    JOSE SANTOS CARDENAS ALVARADO
    PUERTO MONTT