Notas de Elena | Lección 2 | El Gran Conflicto | Escuela Sabática | El libro de Job


Sábado 1 de octubre

Josué, que estaba delante del ángel de Jehová cubierto de vestiduras viles, representa a aquellos cuya vida religiosa ha sido defectuosa, que han sido vencidos por las tentaciones de Satanás, y son indignos del favor de Dios. Los seres humanos comparecen actualmente delante de Dios cubiertos con vestiduras viles. Toda su justicia es “como trapo de inmundicia” (Isaías 64:6). Satanás emplea contra ellos su magistral poder acusador, para mostrar sus imperfecciones como evidencia de su debilidad. Señala sarcásticamente los errores de los que pretenden servir a Dios. Han sido engañados por él, y ahora pide permiso para destruirlos.

Pero ellos confían en Cristo y el Señor no los abandonará. Vino a este mundo para expiar sus pecados y para imputarles su justicia. Afirma que por la fe en su nombre pueden recibir perdón y un carácter perfecto, semejante al de él. Le han confesado sus pecados y le han pedido perdón, y Cristo afirma que por haberlo mirado y haber creído en él, les dará la facultad de ser hechos hijos de Dios. Sus caracteres son defectuosos, pero puesto que no confían en sus propios méritos ni excusan sus pecados, porque han pedido perdón por medio de los méritos de Cristo, el Señor los recibe y reprende a Satanás. Porque se han humillado y confesado sus pecados, no quiere escuchar las acusaciones del enemigo. Ha perdonado ampliamente a los arrepentidos, y llevará adelante en ellos su obra de amor redentor, si siguen creyendo y confiando en él (Cada día con Dios, p. 226).

Desde 1845 los peligros del pueblo de Dios me han sido presentados claramente de tiempo en tiempo, y se me ha mostrado los peligros que aumentarían en torno al pueblo remanente en los últimos días. Estos peligros me han sido revelados hasta el tiempo actual. Grandes escenas han de descubrirse pronto delante de nosotros. El Señor viene con poder y grande gloria. Y Satanás sabe que su autoridad usurpada llegará pronto y para siempre a su fin. Su última oportunidad de obtener el dominio del mundo está ahora ante él, y hará los más decididos esfuerzos para realizar la destrucción de los habitantes de la tierra. Los que creen en la verdad, deben ser como fieles centinelas en la torre de vigilancia, o de otra manera Satanás les sugerirá razonamientos engañosos, y darán oído a opiniones que traicionarán cometidos sagrados y santos. La enemistad de Satanás contra lo bueno se manifestará más y más a medida que pone en actividad sus fuerzas en esta última obra de rebelión; y toda alma que no esté plenamente entregada a Dios, y guardada por el poder divino, formará una alianza con Satanás contra el cielo, y se unirá en la batalla contra el gobernante del universo (Testimonios para los ministros, p. 473).

 

Domingo 2 de octubre: Un pequeño cielo en la tierra

Que los padres aprendan del hombre de Uz una lección de constancia y devoción. Job no descuidaba su deber hacia los que no pertenecían a su familia; era benévolo, amable, considerado con los intereses de los demás; y al mismo tiempo trabajaba fervientemente por la salvación de su propia familia. En las festividades de sus hijos e hijas temblaba, no fuera que desagradaran a Dios. Como fiel sacerdote de su hogar, ofrecía un sacrificio por cada uno de ellos. Tenía conciencia del carácter ofensivo del pecado, y el pensamiento de que sus hijos pudieran olvidar los requerimientos divinos lo impulsaba a ir a Dios como un intercesor de ellos (Hijos e hijas de Dios, p. 259).

Satanás es “el acusador de nuestros hermanos”, y es su espíritu el que inspira a los hombres a acechar los errores y defectos del pueblo de Dios, y a darles publicidad, mientras que no se hace mención alguna de las buenas acciones de este mismo pueblo. Siempre está activo cuando Dios obra para salvar las almas. Cuando los hijos de Dios acuden a presentarse ante el Señor, Satanás viene también entre ellos. En cada despertamiento religioso está listo para introducir a aquellos cuyos corazones no están santificados y cuyos espíritus no están bien equilibrados. Cuando éstos han aceptado algunos puntos de la verdad, y han conseguido formar parte del número de los creyentes, él influye por conducto de ellos para introducir teorías que engañan a las mentes. El hecho de que una persona se encuentre en compañía de los hijos de Dios, hasta el lugar de culto y en torno a la mesa del Señor, no prueba que dicha persona sea verdaderamente cristiana. Allí está con frecuencia Satanás en las ocasiones más solemnes, bajo la forma de aquellos a quienes puede emplear como agentes suyos.

El príncipe del mal disputa cada pulgada del terreno por el cual avanza el pueblo de Dios en su peregrinación hacia la ciudad celestial. En toda la historia de la iglesia, ninguna reforma ha sido llevada a cabo sin encontrar serios obstáculos…

¿Y cómo sabremos de qué espíritu provienen? La Biblia contesta: “Por sus frutos los conoceréis”… Hay muchos espíritus en el mundo, y se nos manda que los probemos. El espíritu que no nos hace vivir sobria, justa y piadosamente en este mundo, no es de Cristo (El conflicto de los siglos, pp. 446-448).

Deberían manifestarse agradecimiento y alabanza a Dios por las bendiciones temporales y por todo el bienestar que derrama sobre nosotros. Dios quiere que cada familia que se está preparando para habitar en las mansiones eternas le tribute gloria por los ricos tesoros de su gracia. Si se educara a los niños, en la vida de hogar, para que sean agradecidos al Dador de todas las cosas buenas, veríamos manifestarse en nuestra familia un elemento de gracia celestial; se vería gozo en la vida doméstica, y los jóvenes que procedieran de esos hogares llevarían consigo un espíritu de respeto y reverencia a la escuela y a la iglesia. Habría concurrencia en el santuario donde Dios se reúne con su pueblo, reverencia en todas las ceremonias de su culto, y gozosa alabanza y agradecimiento por todos los dones de su providencia.

Si actualmente se cumpliera la Palabra de Dios tan estrictamente como en el tiempo del antiguo Israel, los padres y las madres darían a sus hijos un ejemplo que sería del valor más elevado… Cada bendición temporal se recibiría con gratitud, y cada bendición espiritual sería doblemente preciosa porque la percepción de cada miembro de la familia habría sido santificada por la palabra de verdad. El Señor Jesús está muy cerca de los que aprecian sus generosos dones y saben que todas las buenas cosas que tienen proceden del Dios amante que se preocupa por ellos, y lo reconocen como la gran fuente de todo bienestar y consuelo, la fuente inextinguible de la gracia (Conducción del niño, pp. 137, 138).

 

Lunes 3 de octubre: Un conflicto cósmico

Se creía generalmente entre los judíos que el pecado era castigado en esta vida. Se consideraba que cada aflicción era castigo de alguna falta cometida por el mismo que sufría o por sus padres. Es verdad que todo sufrimiento es resultado de la transgresión de la ley de Dios, pero esta verdad había sido falseada. Satanás, el autor del pecado y de todos sus resultados, había inducido a los hombres a considerar la enfermedad y la muerte como procedentes de Dios, como un castigo arbitrariamente infligido por causa del pecado. Por lo tanto, aquel a quien le sobrevenía una gran aflicción o calamidad debía soportar la carga adicional de ser considerado un gran pecador.

Así estaba preparado el camino para que los judíos rechazaran a Jesús. El que “llevó… nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores”, iba a ser tenido por los judíos “por azotado, por herido de Dios y abatido”; y de él escondieron “el rostro”.

Dios había dado una lección destinada a prevenir esto. La historia de Job había mostrado que el sufrimiento es infligido por Satanás, pero que Dios predomina sobre él con fines de misericordia. Pero Israel no entendía la lección. Al rechazar a Cristo, los judíos repetían el mismo error por el cual Dios había reprobado a los amigos de Job (El Deseado de todas las gentes, p. 436).

Hubo ángeles que fueron expulsados del cielo porque no quisieron obrar en armonía con Dios. Cayeron de su elevada condición porque querían exaltarse a sí mismos. Habían llegado a esa situación porque se olvidaron de que su hermosura física y de carácter provenían del Señor Jesús. El hecho que los ángeles [caídos] querían ocultar era que Cristo es el unigénito Hijo de Dios, y por eso llegaron a la conclusión de que no tenían por qué consultar a Jesús.

Un ángel comenzó el conflicto y lo fomentó hasta que hubo rebelión entre los ángeles en las cortes celestiales. Se exaltaron debido a su belleza.

Todos deberían aprender su lección de esto, en el sentido de que son individualmente responsables ante Dios. Si aman a Dios con todo el corazón, serán sabios para la salvación. Harán su voluntad y su luz siempre será su gloria y no se apagará porque reconocen, temen y sirven a su Señor. La solemne obra que recae sobre cada ser consiste en considerar que es siervo de Jesucristo, solemnemente comprometido por sus votos bautismales a vestirse de la justicia de Cristo. ¿Seguiremos el ejemplo viviente del Señor Jesucristo?

Se me ha instruido que cada creyente debe velar en oración, para que no fracase en la batalla de la vida cristiana. Cada alma debiera buscar diariamente al Señor de mañana, de tarde y de noche, para que la mente se espacie en la Palabra de Dios, con el fin de comprender sus requerimientos.

El asunto más importante consiste en servir al Señor con corazón indiviso, y tratar de ser, con el corazón y la mente, propiedad del Señor. Todos los que acudan al Salvador en procura de consejo recibirán la ayuda que necesitan, si vienen humildemente, y se aferran con firmeza de esta promesa “Pedid, y se os dará: buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá” (S. Mateo 7:7) (Cada día con Dios, p. 128).

 

Martes 4 de octubre: El conflicto sobre la Tierra

Debemos despertar a las responsabilidades que nos ha encomendado Dios. Nuestro adversario, el diablo, está intensamente activo, como un león rugiente, y debemos estar bien despiertos y no ignorar sus maquinaciones.

Seguramente seremos vencidos por los ingenios satánicos a menos que nuestra mente y nuestra voluntad se sometan por completo a la voluntad de Cristo. Malograremos nuestra salvación, a menos que los elementos discordantes sean puestos cada día y cada hora en sujeción al carácter de Cristo.

Las tendencias y pasiones degradantes e incontrolables no pueden reinar en un corazón dirigido por el Espíritu de Cristo. Hay muchos que nunca han sometido sin reservas su voluntad y sus caminos a Jesucristo (Testimonios acerca de conducta sexual, p. 220).

En la visión de 1880 yo pregunté: “¿Dónde está la seguridad para el pueblo de Dios en estos días de peligro?” La respuesta fue: “Jesús ha de interceder por su pueblo, aunque Satanás está a su mano derecha para acusarlo”. “Y dijo Jehová a Satanás: Jehová te reprenda, oh Satanás; Jehová que ha escogido a Jerusalén te reprenda. ¿No es éste un tizón arrebatado del incendio?” Como Intercesor y Abogado del hombre, Jesús conducirá a todos los que están dispuestos a ser dirigidos diciendo: “Seguidme en vuestra marcha hacia arriba, paso a paso, hasta llegar a donde brilla la clara luz del Sol de justicia”.

Pero no todos están siguiendo la luz. Algunos están apartándose del sendero seguro, que a cada paso es el sendero de la humildad. Dios ha encomendado a sus siervos un mensaje para este tiempo; pero este mensaje no coincide en todo respecto con las ideas de todos los dirigentes, y algunos critican el mensaje y a los mensajeros. Aun se atreven a rechazar las palabras de reprobación enviadas a ellos por Dios por medio de su Espíritu Santo.

¿Qué reserva adicional de poder tiene el Señor para alcanzar a los que han desoído sus advertencias y reprobaciones y han atribuido a los testimonios del Espíritu de Dios una fuente no más elevada que la sabiduría humana? En el juicio vosotros que habéis hecho esto, ¿qué podéis ofrecer a Dios como excusa por haber dejado de lado las evidencias que él os ha dado de que Dios estaba en la obra? “Por sus frutos los conoceréis”. No repetiréis delante de vosotros las evidencias dadas en los dos años pasados en la forma en que Dios ha tratado a sus siervos escogidos; pero la presente evidencia de la forma en que él opera os es revelada, y ahora estáis en la obligación de creer. No podéis descuidar los mensajes de amonestación de Dios; no podéis rechazarlos o tratarlos con liviandad, sino con peligro de una pérdida infinita (Notas biográficas, pp. 355, 356).

 

Miércoles 5 de octubre: Job como un microcosmos

Esta ley fue quebrantada en el cielo mismo. El pecado tuvo su origen en el egoísmo. Lucifer, el querubín protector, deseó ser el primero en el cielo. Trató de dominar a los seres celestiales, apartándolos de su Creador, y granjearse su homenaje. Para ello, representó falsamente a Dios, atribuyéndole el deseo de ensalzarse. Trató de investir al amante Creador con sus propias malas características. Así engañó a los ángeles. Así sedujo a los hombres. Los indujo a dudar de la palabra de Dios, y a desconfiar de su bondad. Por cuanto Dios es un Dios de justicia y terrible majestad, Satanás los indujo a considerarle como severo e inexorable. Así consiguió que se uniesen con él en su rebelión contra Dios, y la noche de la desgracia se asentó sobre el mundo (El Deseado de todas las gentes, p. 13).

Un requisito esencial para recibir e impartir el amor perdonador de Dios es conocer ese amor que nos profesa y creer en él. Satanás obra mediante todo engaño a su alcance para que no discernamos ese amor. Nos inducirá a pensar que nuestras faltas y transgresiones han sido tan graves que el Señor no oirá nuestras oraciones y que no nos bendecirá ni nos salvará. No podemos ver en nosotros mismos sino flaqueza, ni cosa alguna que nos recomiende a Dios. Satanás nos dice que todo esfuerzo es inútil y que no podemos remediar nuestros defectos de carácter. Cuando tratemos de acercamos a Dios, sugerirá el enemigo: De nada vale que ores; ¿acaso no hiciste esa maldad? ¿Acaso no has pecado contra Dios y contra tu propia conciencia? Pero podemos decir al enemigo que “la sangre de Jesucristo… nos limpia de todo pecado”. Cuando sentimos que hemos pecado y no podemos orar, ése es el momento de orar. Podemos estar avergonzados y profundamente humillados, pero debemos orar y creer. “Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero”. El perdón, la reconciliación con Dios, no nos llegan como recompensa de nuestras obras, ni se otorgan por méritos de hombres pecaminosos, sino que son una dádiva que se nos concede a causa de la justicia inmaculada de Cristo.

No debemos procurar reducir nuestra culpa hallándole excusas al pecado. Debemos aceptar el concepto que Dios tiene de pecado, algo muy grave en su estimación. Solamente el Calvario puede revelar la terrible enormidad del pecado. Nuestra culpabilidad nos aplastaría si tuviésemos que cargarla; pero el que no cometió pecado tomó nuestro lugar; aunque no lo merecía, llevó nuestra iniquidad (El discurso maestro de Jesucristo, pp. 98, 99).

 

Jueves 6 de octubre: Respuestas en la cruz

David veía la enormidad de su transgresión; veía las manchas de su alma; aborrecía su pecado. No imploraba solamente el perdón, sino también la pureza del corazón. Deseaba tener el gozo de la santidad ser restituido a la armonía y comunión con Dios… Efectuar un arrepentimiento como éste, está más allá del alcance de nuestro propio poder; se obtiene solamente de Cristo, quien ascendió a lo alto y ha dado dones a los hombres.

Precisamente éste es un punto sobre el cual muchos yerran, y por esto dejan de recibir la ayuda que Cristo quiere darles. Piensan que no pueden ir a Cristo a menos que se arrepientan primero, y que el arrepentimiento los prepara para el perdón de sus pecados. Es verdad que el arrepentimiento precede al perdón de los pecados, porque solamente el corazón quebrantado y contrito es el que siente la necesidad de un Salvador. Pero, ¿debe el pecador esperar hasta que se haya arrepentido, para poder ir a Jesús? ¿Ha de ser el arrepentimiento un obstáculo entre el pecador y el Salvador?

La Biblia no enseña que el pecador deba arrepentirse antes de poder aceptar la invitación de Cristo: “¡Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os daré descanso!” (S. Mateo 11:28). La virtud que viene de Cristo es la que guía a un arrepentimiento genuino. San Pedro habla del asunto de una manera muy clara en su exposición a los israelitas, cuando dice: “A éste. Dios le ensalzó con su diestra para ser Príncipe y Salvador, a fin de dar arrepentimiento a Israel, y remisión de pecados” (Hechos 5:31) No podemos arrepentimos sin que el Espíritu de Cristo despierte la conciencia, más de lo que podemos ser perdonados sin Cristo.

Cristo es la fuente de todo buen impulso. Él es el único que puede implantar en el corazón enemistad contra el pecado. Todo deseo de verdad y de pureza, toda convicción de nuestra propia pecaminosidad, es una prueba de que su Espíritu está obrando en nuestro corazón.

Jesús dijo: “Yo, si fuere levantado en alto de sobre la tierra, a todos los atraeré a mí mismo” (S. Juan 12:32). Cristo debe ser revelado al pecador como el Salvador que muere por los pecados del mundo; y cuando consideramos al Cordero de Dios sobre la cruz del Calvario, el misterio de la redención comienza a abrirse a nuestra mente y la bondad de Dios nos guía al arrepentimiento. Al morir Cristo por los pecadores, manifestó un amor incomprensible; y este amor, a medida que el pecador lo contempla, enternece el corazón, impresiona la mente e inspira contrición en el alma (El camino a Cristo, pp. 23-25).

 

Viernes 7 de octubre: Para estudiar y meditar

El camino a Cristo, pp. 15-20.

 

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