Sábado 3 de enero Todos los que reciben los mensajes que el Señor envía para purificarlos y limpiarlos de todos los hábitos de desobediencia a los mandamientos di- vinos, y de su conformidad con el mundo, y se arrepienten de sus pecados y se reforman acudiendo a Dios en busca de ayuda, y se encaminan por la senda de la obediencia a sus mandamientos, recibirán auxilio divino para corregir su mal proceder. Pero los que se arrepienten y buscan al Señor solo en apariencia, y sin embargo no se apartan del mal de sus obras, no solo se chasquearán a sí mismos, sino que cuando su proceder les sea presentado en símbolos o parábolas sentirán vergüenza y dolor porque han chasqueado al Señor. Han puesto su confianza y esperanza en su propia conducta. Co- mo pueblo han sido reprobados, y sin embargo no han eliminado las malas obras que causaron el reproche (Comentario bíblico adventista, t. 4, p. 1180). Muchos dicen: “¿Cómo me entregaré a Dios?”. Deseáis hacer su voluntad, mas sois moralmente débiles, sujetos a la duda y dominados por los hábitos de vuestra mala vida. Vuestras promesas y resoluciones son tan frágiles como telas de araña. No podéis gobernar vuestros pensamientos, impulsos y afectos. El conocimiento de vuestras promesas no cumplidas y de vuestros votos quebrantados debilita vuestra confianza en vuestra propia sinceridad y os induce a sentir que Dios no puede aceptaros; mas no necesitáis desesperar. Lo que necesitáis comprender es la verdadera fuerza de la voluntad. Este es el poder que gobierna en la naturaleza del hombre: el poder de decidir o de elegir.

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