Hay esperanza para el pecador. Cristo levantado en la cruz del Calva- rio es esa esperanza. La misericordia ha provisto la víctima que la justicia exigía por la transgresión humana. Mediante los méritos de Cristo, Dios puede perdonar el pecado y justificar a los que creen en Jesús. ¡Esta pre- ciosa verdad es de inestimable valor para cada alma arrepentida! ¿No de- beríamos procurar captar, tanto como nos sea posible, el hecho de que si creemos en Jesús, el Señor nos perdona aunque seamos pecadores, igno- rantes y errantes, y nos ama como a su propio Hijo? En el momento en que pedimos perdón con contrición y sinceridad, Dios nos perdona. ¡Oh, qué gloriosa verdad! Prediquémosla, cantémosla, elevémosla en nuestras oraciones ¡Elevemos al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo! Digámosle a la gente: “¡He aquí el Hombre del Calvario!” Dios está espe- rando para perdonar a todos los que vienen a él sinceramente arrepentidos (Signs of the Times, 4 de septiembre de 1893).

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