Sábado 13 de diciembre Cristo… nunca estuvo tan embargado por los cuidados de este mundo que no tuviese tiempo o pensamientos para las cosas celestiales. A menu- do expresaba su alegría cantando salmos e himnos celestiales. A menudo los moradores de Nazaret oían su voz que se elevaba en alabanza y agra- decimiento a Dios. Mantenía comunión con el Cielo mediante el canto; y cuando sus compañeros se quejaban por el cansancio, eran alegrados por la dulce melodía que brotaba de sus labios. Sus alabanzas parecían ahu- yentar a los malos ángeles, y como incienso, llenaban el lugar de fragan- cia. La mente de los que le oían se alejaba del destierro que aquí sufrían para elevarse a la patria celestial (El Deseado de todas las gentes, p. 168).

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