Notas de Elena | Lección 10 | La unidad y las relaciones rotas | Escuela Sabática | 4to. Trimestre 2018

La unidad y las relaciones rotas
Sábado 1 de diciembre

A Jesús, quien se entregó por entero para la salvación de la humanidad perdida, se le dio sin medida el Espíritu Santo. Así será dado también a cada seguidor de Cristo siempre que le entregue su corazón como morada. Nuestro Señor mismo nos ordenó: “Sed llenos de Espíritu”, y este mandamiento es también una promesa de su cumplimiento. Era la voluntad del Padre que en Cristo “habitase toda la plenitud”; y “vosotros estáis completos en él” (El discurso maestro de Jesucristo, p. 22).
La vida del Salvador sobre la tierra, aunque vivida en medio del conflicto, era una vida de paz. Aunque los airados enemigos estaban constantemente persiguiéndolo, él dijo: “Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada”… Y él nos dice: “Mi paz os doy”.
Quienes se tomen de la palabra de Cristo, y sometan sus almas a los mandatos de El, sus vidas a las órdenes de El, encontrarán paz y quietud. Nada del mundo puede hacerlos apesadumbrarse cuando Jesús los alegra con su presencia. En la perfecta entrega hay perfecta confianza. El Señor dice: “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado”. Isaías 26:3 (Reflejemos a Jesús, p. 270).
La religión de Jesucristo significa poder; significa avanzar en dirección ascendente hacia una norma más santa y elevada. El cristiano cuyo corazón ha sido conmovido por la belleza del carácter del Salvador, debe poner en práctica lo que aprende en la escuela de Cristo. Debemos ser alumnos aptos en la escuela de Cristo, y aprender de buena voluntad lo que él nos enseña día tras día.
Nunca podremos alcanzar la perfección de carácter si no oímos la voz de Dios ni obedecemos su consejo. Esta instrucción no se aplica sencillamente a los que han tenido pruebas que podrían disgustar a sus hermanos, sino que se aplica a los que han sido heridos, a los que han sufrido perjuicios financieros, reproches y críticas, incomprensiones y prejuicios. Los tales no deben permitir que el odio entre en el corazón, ni permitir que surjan los sentimientos negativos cuando consideran a los que los han perjudicado (Hijos e hijas de Dios, p. 92).
Es de suma importancia entender que el pueblo de Cristo debe ser unidos en uno solo; pues esta unidad liga a los hombres con Dios con los lazos dorados del amor, y coloca a cada uno bajo una obligación de obrar por sus semejantes. El Capitán de nuestra salvación murió por. la raza humana a fm de que los hombres pudieran ser hechos unos con él y con sus semejantes… No han de levantarse muros de división entre hombre y hombre. Cristo, como el gran centro, debe unir a todos en uno (Fundamentáis of Christian Education, p. 479).

Domingo 2 de diciembre: Amistad restaurada

Marcos propuso a Pablo y Bernabé acompañarlos en su viaje misionero. Sentía la gracia de Dios en su corazón, y anhelaba dedicarse enteramente a la obra del ministerio evangélico…
Su camino era penoso; afrontaban adversidades y privaciones, y estaban acosados por peligros por doquiera… Pero Pablo y Bernabé habían aprendido a confiar en el poder libertador de Dios…
Marcos, abrumado por el temor y el desaliento, vaciló por un tiempo en su propósito de entregarse de todo corazón a la obra del Señor. No acostumbrado a las penurias, se desalentó por ¡os peligros y las privaciones del camino… Tenía todavía que aprender a arrostrar el peligro, la persecución y la adversidad con corazón valiente. Al avanzar los apóstoles, y al sentir la aprensión de dificultades aún mayores, Marcos se intimidó, y perdiendo todo valor, se negó a avanzar, y volvió a Jerusalén.
Esta deserción indujo a Pablo a juzgar desfavorable y aun severamente por un tiempo a Marcos {Conflicto y valor, p. 348).
Entre los asistentes de Pablo en Roma había muchos que habían sido antes sus compañeros y colaboradores… Demas y Marcos estaban también con él…
Desde los primeros años de su profesión de fe, la experiencia cristiana de Marcos se había profundizado. A medida que estudiaba más atentamente la vida y muerte de Cristo, obtenía más claros conceptos de la misión del Salvador, sus afanes y conflictos. Leyendo en las cicatrices de las manos y los pies de Cristo las señales de su servicio por la humanidad, y el extremo a que llega la abnegación para salvar a los extraviados y perdidos, Marcos se constituyó en un seguidor voluntario del Maestro en la senda del sacrificio. Ahora, compartiendo la suerte de Pablo, el preso, comprendía mejor que nunca antes que es una infinita ganancia alcanzar a Cristo, e infinita pérdida ganar el mundo y perder el alma por cuya redención la sangre de Cristo fue derramada. Frente a la severa prueba y adversidad, Marcos continuó firmemente, como sabio y amado ayudador del apóstol {Los hechos de los apóstoles, p. 363).
Si tus hermanos yerran debes perdonarlos. Cuando vienen a ti confesando sus faltas, no debes decir: No creo que sean lo suficientemente humildes. No creo que sientan su confesión…
Nosotros mismos debemos todo a la abundante gracia de Dios. La gracia en el pacto ordenó nuestra adopción. La gracia en el Salvador efectuó nuestra redención, nuestra regeneración y nuestra exaltación a ser coherederos con Cristo. Sea revelada esta gracia a otros…
Nada puede justificar un espíritu no perdonador. El que no es misericordioso hacia otros, muestra que él mismo no es participante de la gracia perdonadora de Dios. En el perdón de Dios el corazón del que yerra se acerca al gran Corazón de amor infinito. La corriente de compasión divina fluye al alma del pecador, y de él hacia las almas de los demás. La ternura y la misericordia que Cristo ha revelado en su propia vida preciosa se verán en los que llegan a ser participantes de su gracia (Palabras de vida del gran Maestro, p. 195, 196).

Lunes 3 de diciembre: De esclavo a hijo

Onésimo, esclavo pagano que había perjudicado a su amo Filemón… había escapado a Roma. En la bondad de su corazón, Pablo trató de ayudar al desdichado fugitivo en su pobreza y desgracia, y entonces procuró derramar la luz de la verdad en su mente entenebrecida. Onésimo atendió las palabras de vida, confesó sus pecados y se convirtió a la fe de Cristo… Pablo… le aconsejó que regresara sin demora a Filemón, suplicándole su perdón; hizo planes, además, para el futuro…
No era la obra del apóstol trastornar arbitraria o repentinamente el orden establecido en la sociedad. Intentar eso hubiera impedido el éxito del evangelio. Pero enseñó principios que herían el mismo fundamento de la esclavitud, los cuales, llevados a efecto, seguramente minarían todo el sistema… Una vez convertido, el esclavo llegaba a ser miembro del cuerpo de Cristo, y como tal debía ser amado y tratado como un hermano, un coheredero con su amo de las bendiciones de Dios y de los privilegios del evangelio {Conflicto y valor, p. 350).
Pablo propuso voluntariamente tomar a su cargo la deuda de Onésimo para que el culpable pudiera ser librado del oprobio de un castigo y pudiera gozar nuevamente los privilegios que había perdido…
¡Qué adecuada ilustración del amor de Cristo hacia el pecador arrepentido! El siervo que había defraudado a su amo no tenía nada con que hacer la restitución. El pecador que ha robado a Dios años de servicio, no tiene medios para cancelar su deuda. Jesús se interpone entre el pecador y Dios, diciendo: Yo pagaré la deuda. Perdona al pecador; yo sufriré en su lugar {Los hechos de los apóstoles, p. 365).
Nuestras relaciones unos con otros deben ser agradables. Cuando hacemos bien, el testimonio de nuestro propio espíritu y el testimonio del Espíritu de Dios atestiguan de que la mente humana está bajo el control de la mente divina… Su Palabra proporciona evidencias de las cuales podemos concluir que somos, de hecho, sus hijos e hijas… El verdadero amor a Dios implica verdadera confianza reverencial. Y el que ama a Dios, amará a su hermano también (Sons and Daughters i.f God, p. 193; parcialmente en Hijos e hijas de Dios, p. 195).
El poseer verdadera piedad significa amarse uno al otro, ayudar el uno al otro, manifestar la religión de Jesús en nuestras vidas. Debemos ser conductos santificados a través de los cuales fluya el amor de Cristo hacia los que necesitan ayuda… El que se aproxima más a la obediencia de la ley divina prestará un mayor servicio a Dios. El que sigue a Cristo, obrando de acuerdo con su bondad, su compasión, su amor por la familia humana, será aceptado por Dios como un obrero juntamente con él…
Cuando el pueblo del Señor se halle colmado de humildad y ternura, comprenderá que su bandera sobre él es amor y su fruto será dulce a su paladar. El cielo comenzará en la tierra. Ellos [los hijos de Dios] harán un cielo aquí abajo en el que se prepararán para el cielo de lo alto (In Heavenly Places, p. 287; parcialmente en En los lugares celestiales, p. 289).

Martes 4 de diciembre: Dones espirituales para la unidad

En la fraternidad humana^ se requiere toda clase de talento para hacer un perfecto conjunto; y la iglesia de Cristo está compuesta de hombres y mujeres de diversos talentos, y de todas clases. Dios no quiso nunca que el orgullo de los hombres abrogase lo que su sabiduría había ordenado, a saber: la combinación de mentes de toda clase, de todos los diversos talentos para formar un conjunto completo. Nadie debe menoscabar ninguna parte de la gran obra de Dios, sean los agentes encumbrados o humildes. Todos tienen que hacer su parte en cuanto a difundir la luz en diferentes grados (Obreros evangélicos, p. 346).
En el plan de Dios los seres humanos han sido hechos necesarios los unos a los otros. A cada uno Dios ha encomendado talentos, que deben ser usados para ayudar a otros, a fin de que caminen en la senda del bien. Mediante el servicio desinteresado para otros es como mejoramos e incrementamos nuestros talentos.
Como las diferentes partes de una máquina, todos están íntimamente relacionados el uno con el otro y todos dependen de un gran Centro. Debe haber unidad en la diversidad. Ningún miembro de la empresa del Señor puede trabajar exitosamente en forma independiente. Cada uno debe trabajar bajo la supervisión de Dios. Todos deben usar las aptitudes que se les confiaron en el servicio de Dios, de tal forma que cada uno pueda contribuir a la perfección del todo (En los lugares celestiales, p. 289).
¡Cuán grande es la diversidad manifestada en el mundo natural! Cada objeto tiene su esfera peculiar de acción; sin embargo todos se encuentran unidos en un gran todo. Cristo Jesús está en unión con el Padre, y desde ese gran centro esta maravillosa unidad debe extenderse… a través de todas las clases y las diversidades de talentos. Hemos de respetar los talentos de los demás; debemos armonizar en bondad, en pensamientos y acciones desinteresados, porque el Espíritu de Cristo, como el instrumento vivo y que obra, está circulando a través del todo… No son las acciones notables las que producen la unidad; es el molde del Espíritu Santo impreso en el carácter (.Nuestra elevada vocación, p. 171).
La unidad cristiana es una fuerza poderosa. Proclama con voz vigorosa que quienes la manifiestan son hijos de Dios. Ejerce una influencia irresistible sobre el mundo, revelando que el hombre dentro de sus características humanas, puede ser participante de la naturaleza divina, habiendo escapado a la corrupción que está en el mundo por concupiscencia. Debemos ser uno con nuestros semejantes y con Cristo, y, en Cristo, uno con Dios. Entonces se podrá decir de nosotros: “En él estáis cumplidos”…
Dios ruega a todos los miembros de su iglesia que reciban el Espíritu Santo, que se unan en comprensión fraternal, y que vinculen sus intereses con amor.
No hay nada que debilite la iglesia en forma tan manifiesta como la desunión y las rencillas. No hay nada que contienda tanto con Cristo y la verdad como un espíritu tal…
Aquel en cuyo corazón mora cristo reconoce a Jesús cuando éste mora en el corazón de los hermanos. Cristo jamás lucha ni ejerce influencia contra sí mismo. Los cristianos deben hacer su obra, sea cual fuere ésta, en unidad de Espíritu, para la perfección de todo el cuerpo (Mi vida hoy, p. 284).

Miércoles 5 de diciembre: El perdón

Como Cristo, perdonaremos a nuestros enemigos, y buscaremos la oportunidad de manifestarles a los que nos han perjudicado que amamos sus almas, y que si podemos, les haremos bien… Si los que nos han perjudicado perseveran en su mala conducta… debemos hacer esfuerzos para reconciliamos con nuestros hermanos, de acuerdo con el plan bíblico, y tal como Cristo mismo nos ha enseñado. Si nuestros hermanos no quieren reconciliarse, no hablemos entonces de ellos, ni perjudiquemos su influencia, sino dejémoslos en las manos de un Dios justo, que juzga a todos los hombres justamente… Los jóvenes pueden profesar tener un gran amor por la causa de Dios; pero mientras no se reconcilien con sus compañeros, no están reconciliados con Dios. Son estos… sentimientos egoístas preciados que impiden la bendición de Dios en nuestros corazones y hogares. Que el amor de Cristo invada el corazón y transforme el carácter; de otra manera no seremos hijos de Dios (Hijo e hijas de Dios, p. 92).
Todo ser humano es objeto del interés amoroso de Aquel que dio su vida para convertir a los hombres a Dios. Como el pastor de su rebaño, cuida de las almas culpables y desamparadas, expuestas a la aniquilación por los ardides de Satanás.
El ejemplo del Salvador debe servimos de modelo para nuestro servicio en pro de los tentados y extraviados. Hemos de manifestar para con los demás el mismo interés, la misma ternura y longanimidad que él manifestó hacia nosotros. “Como os he amado —dice—, que también os améis los unos a los otros” (Juan 13:34). Si Cristo mora en nosotros, manifestaremos su abnegado amor para con todos aquellos con quienes tratemos. Cuando veamos a hombres y mujeres necesitados de simpatía y ayuda, no nos preguntaremos si son dignos, sino cómo podemos beneficiarles (Ministerio de curación, pp. 119, 120).
Cuán a menudo sentimos que se nos ha tratado injustamente, y que se han dicho cosas falsas de nosotros, y que se nos ha presentado bajo una luz mentirosa ante los demás. Cuando se nos prueba de ese modo, necesitamos mantener un dominio estricto sobre nuestro espíritu y nuestras palabras. Necesitamos tener el amor de Cristo para no albergar un espíritu implacable. No pensemos que a menos que los que nos han ofendido confiesen sus errores estaremos justificados si no los perdonamos. No debiéramos acumular agravios, manteniéndolos en el corazón hasta que el que pensamos que es culpable humille su corazón mediante el arrepentimiento y la confesión… Por más dolorosamente que se nos hayan herido, no debiéramos atesorar nuestros agravios y simpatizar con nosotros mismos por causa de las ofensas que se nos han inferido, sino que de la misma manera como esperamos que se nos perdonen nuestras ofensas a Dios, así debemos perdonar a los que nos han hecho mal… Cuando seáis tentados a injuriar, elevad una oración silenciosa de que Dios os de su gracia, y mantenga silenciada la lengua (Sons and Daughters of God, p. 144; parcialmente en Hijos e hijas de Dios, p. 146).

Jueves 6 de diciembre: La restauración y la unidad

Nuestro Señor enseña que las dificultades entre los cristianos deben arreglarse dentro de la iglesia. No debieran presentarse delante de los que no temen a Dios. Si un cristiano es maltratado por su hermano, no recurra a los incrédulos en un tribunal de justicia. Siga las instrucciones que ha dado Cristo. En vez de tratar de vengarse, trate de salvar a su hermano. Dios guardará los intereses de los que le aman y temen, y con confianza podemos encomendar nuestro caso a Aquel que juzga rectamente.
Con demasiada frecuencia, cuando se cometen faltas en forma repetida y el que las comete las confiesa, el perjudicado se cansa, y piensa que ya ha perdonado lo suficiente. Pero el Salvador nos ha dicho claramente cómo debemos tratar al que yerra: “Si pecare contra ti tu hermano, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale” [Lucas 17:3] (. Palabras de vida del gran Maestro, p. 194).
[Si usted se siente herida porque sus amigos o vecinos están obrando mal… si son sorprendidos en falta, siga la regla bíblica… Y al hablar con el que usted supone que está en error, procure hacerlo con humildad… La única manera de restaurar a los que han cometido errores es por medio de un espíritu de humildad, bondad y tierno amor. Sea cuidadosa con sus modales. Evite todo lo que en la apariencia y en el gesto, en la palabra o el tono de voz, cause la impresión de orgullo o suficiencia propia. Evite toda palabra o mirada que podría exaltarla, o establecer un contraste entre su bondad y justicia y las fallas de ellos… Sobre todo, que no haya ni sombra de odio ni mala voluntad, ni amargura en la expresión. Nada fuera de la bondad y la amabilidad pueden fluir de un corazón lleno de amor… Recuerde que el éxito de la reprensión depende en gran medida del espíritu con que se la da. No descuide la oración ferviente para que pueda poseer una mente humilde, y los ángeles de Dios puedan ir delante de usted para obrar en los corazones que usted está tratando de alcanzar, con el fin de suavizarlos mediante impresiones celestiales, de modo que sus esfuerzos puedan dar resultados. Si algún bien se hace, no se adjudique el crédito. Solo Dios debe ser exaltado. Solo Dios lo ha hecho todo (Testimonios para la iglesia, t. 2, p. 48).
Todo corazón renovado por el Espíritu de Dios no solo amará al Señor sino a su hermano, y si éste se equivoca, si yerra, debe ser tratado de acuerdo con el plan evangélico. Todos los pasos que se den deben seguir las indicaciones de la Palabra de Dios. “Vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado” (Gálatas 6:1) …
Tengan cuidado de cómo tratan la herencia adquirida por la sangre de Cristo. Habrá necesidad de reprobar clara y fielmente toda mala acción, pero el que asuma esa tarea debe estar seguro de que él mismo no está separado de Cristo por sus malas obras. Debe ser espiritual y restaurar a esa persona con espíritu de mansedumbre (Cada día con Dios, p. 155).

Viernes 7 de diciembre: Para estudiar y meditar

Obreros evangélicos, “Dios no hace acepción de personas”, p. 346.
Los hechos de los apóstoles, “En Roma”, pp. 364-367.

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