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Notas de Elena | Jueves 7 de abril 2016 | El llamado de los pescadores | Escuela Sabática


Jueves 7 de abril: El llamado de los pescadores
Había llegado el momento en que los discípulos que estaban más estrechamente relacionados con Cristo debían unirse más directamente en su obra, para que estas vastas muchedumbres no quedaran abandonadas como ovejas sin pastor. Algunos de esos discípulos se habían vinculado con Cristo al principio de su ministerio, y los doce vivían casi todos asociados entre sí como miembros de la familia de Jesús. No obstante, engañados también por las enseñanzas de los rabinos, esperaban, como todo el pueblo, un reino terrenal. No podían comprender las acciones de Jesús. Ya los había dejado perplejos y turbados el que no hiciese esfuerzo alguno para fortalecer su causa obteniendo el apoyo de sacerdotes y rabinos, y porque nada había hecho para establecer su autoridad como Rey de esta tierra. Todavía había que hacer una gran obra en favor de estos discípulos antes que estuviesen preparados para la sagrada responsabilidad que les incumbiría cuando Jesús ascendiera al cielo. Habían respondido, sin
embargo, al amor de Cristo, y aunque eran tardos de corazón para creer, Jesús vio en ellos a personas a quienes podía enseñar y disciplinar para su gran obra. Y ahora que habían estado con él suficiente tiempo como para afirmar hasta cierto punto su fe en el carácter divino de su misión, y el pueblo también había recibido pruebas incontrovertibles de su poder, quedaba expedito el camino para declarar los principios de su reino en forma tal que les ayudase a comprender su verdadero carácter (El discurso maestro de Jesucristo, P- 9).
Una vida dedicada a Dios no debe ser una vida de ignorancia. Muchos hablan contra la educación porque Jesús eligió a pescadores sin letras para predicar el evangelio. Aseveran que él manifestó preferencia por los analfabetos. Pero muchos hombres sabios y honorables creyeron las enseñanzas de Jesús. Si hubiesen obedecido intrépidamente a las convicciones de su conciencia, le habrían seguido. Su capacidad habría sido aceptada y empleada para el servicio de Cristo, si se la hubiesen ofrecido. Pero, frente a los ceñudos sacerdotes y celosos gobernantes, no tenían fuerza moral para confesar a Cristo y aventurar su reputación en relación con el humilde Galileo.
El que conoce todos los corazones comprendía esto. Si los educados y nobles no querían hacer la obra para la cual estaban preparados, Cristo iba a elegir hombres que serían obedientes y fieles en hacer su voluntad. Eligió a hombres humildes y los relacionó consigo, a fin de que pudiese educarlos para que llevasen adelante por toda la tierra la gran obra cuando él la dejase.
Cristo era la luz del mundo. Era la fuente de todo conocimiento. Podía preparar a los pescadores sin letras para que ejecutasen la gran comisión que les iba a dar (Consejos para los maestros, pp. 497, 498).
Nuestra primera tarea tiene que ver con nuestro propio corazón. Debemos practicar los principios verdaderos que conducen a la reforma. El corazón se debe convertir y santificar; en caso contrario, no tendremos relación con Cristo. Mientras nuestro corazón esté dividido, jamás estaremos preparados para servir en esta vida o en la futura. Como seres inteligentes, necesitamos sentamos a pensar si realmente estamos buscando el reino de Dios y su justicia. Lo mejor que podemos hacer es meditar seria y sinceramente en si estamos dispuestos a hacer el esfuerzo necesario para obtener la esperanza y lograr el cielo que aguarda al cristiano. Si por la gracia de Cristo llegamos a la conclusión de que realmente lo queremos, la siguiente pregunta será: ¿Qué debo abandonar en mi vida para que no me sea una piedra de tropiezo? (Cada día con Dios, p. 48)
Viernes 8 de abril: Para estudiar y meditar
El Deseado de todas las gentes, pp. 72-84; 89-106.

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