Notas de Elena | Jueves 31 de marzo 2016 | El… por jespadill-channel

31 DE MARZO

EL NACIMIENTO DEL DIVINO HIJO DE DAVID

La noticia de la llegada de los magos cundió rápidamente por toda Jerusalén. Su extraña misión creó agitación entre el pueblo, agitación que penetró basta en el palacio del rey Herodes. El astuto idumeo

quedó perturbado por la insinuación de que pudiese tener un rival.

Innumerables crímenes habían manchado el camino de su ascensión al trono. Por ser de sangre extranjera, era odiado por el pueblo sobre el cual reinaba. Su única seguridad estribaba en el favor de Roma. Pero este nuevo príncipe tenía un derecho superior. Había nacido para el reino . ..

Dentro de su corazón, rugía una tempestad de ira y temor (El Deseado de todas las gentes, pp. 43, 44).

Los magos salieron solos de Jerusalén … En Belén, no encontraron ninguna guardia real para proteger al recién nacido Rey. No le asistía ninguno de los hombres honrados por el mundo. Jesús se hallaba acostado en un pesebre. Sus padres, campesinos sin educación, eran sus únicos guardianes. ¿Podía ser aquel niño el personaje de quien se había escrito que había de “levantar las tribus de Jacob” y restaurar “los asolamientos de Israel”; que sería “luz de las gentes”, y “salud hasta lo postrero de la tierra”?

“Y entrando en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, le adoraron.” Bajo el humilde disfraz de Jesús, reconocieron la presencia de la divinidad. Le dieron sus corazones como a su Salvador, y entonces sacaron sus presentes, “oro e incienso y mirra”. ¡Qué fe la suya! (El Deseado de todas las gentes, p. 45).

Las iglesias profesas de Cristo de esta generación disfrutan de los más altos privilegios. El Señor nos ha sido revelado con una luz cada vez mayor. Nuestros privilegios son mucho más grandes que los del antiguo pueblo de Dios. No solo poseemos la gran luz confiada a Israel, sino que tenemos la creciente evidencia de la gran salvación que nos ha sido traída por Jesucristo. Aquello que era tipo y símbolo para los judíos es una realidad para nosotros. Ellos tenían la historia del Antiguo Testamento; nosotros tenemos eso y también el Nuevo Testamento.

Tenemos la seguridad de un Salvador que ha venido, que ha sido crucificado, que ha resucitado y que junto al sepulcro de José proclamó: “Yo soy la resurrección y la vida”. En virtud del conocimiento que

poseemos de Cristo y su amor, el reino de Dios es puesto en medio de nosotros (Palabras de vida del gran Maestro, p. 258).

El gran pecado del pueblo de Dios en la actualidad consiste en que no aprecia el valor de las bendiciones que Dios derrama sobre él.

Servimos al Señor con corazones divididos. Albergamos algún ídolo y rendimos culto en su altar. La verdad de Dios, si se la incorpora a la vida y se la entrelaza con el carácter, será elevada y santa, y santificará el alma. Dios está tratando de que, por medio de su verdad, lleguemos a ser un pueblo separado y diferente. Este es el resultado de la influencia de la verdad. Nuestra obediencia y devoción no se equiparan con la luz que tenemos y los privilegios de que gozamos. La sagrada obligación que descansa sobre nosotros de caminar como hijos de la luz, no se cumple en nuestras vidas. Corno cristianos no logramos ponemos a la altura de nuestra elevada vocación. Hemos recibido advertencias y

reprensiones de parte de Dios, pero han ejercido influencia sobre nosotros por solo poco tiempo, porque no consideramos que sea la obra de nuestra vida avanzar y ascender hacia la meta del premio de nuestra elevada vocación en Cristo Jesús (Cada día con Dios, p. 50).

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