Jueves 31 de julio: Seguir a Jesús
Los que quieran ser victoriosos deberán tomar en cuenta el costo de la salvación. Las fuertes pasiones humanas deben ser subyugadas; la voluntad independiente debe ser sometida al cautiverio de Cristo. El cristiano debe comprender que no se pertenece a sí mismo. Tendrá que resistir tentaciones y librar batallas contra sus propias inclinaciones, porque el Señor no aceptará un servicio a medias. La hipocresía es abominación para él. El seguidor de Cristo debe andar por fe, como viendo al Invisible.
Cristo será su tesoro más querido, su todo (La maravillosa gracia de Dios, p. 271).
Estudiad la definición que Cristo da de un verdadero misionero: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (S. Marcos 8:34). Seguir a Cristo en la forma como se indica en estas palabras, no es una simulación ni una farsa. Jesús espera que sus discípulos sigan sus pasos, soporten lo que él soportó, sufran lo que él sufrió, venzan como él venció.
El está esperando ansiosamente ver a sus seguidores profesos manifestar el espíritu de abnegación y renunciamiento {Consejos sobre la salud, p. 512).
Nuestro Señor está informado del conflicto de los suyos, en estos últimos días, con los instrumentos satánicos combinados con hombres inicuos que descuidan y rehúsan esta gran salvación.
Con la mayor sencillez y franqueza, nuestro Salvador, el poderoso General de los ejércitos del cielo, no oculta el severo conflicto que ellos experimentarán. Señala los peligros, nos muestra el plan de la batalla y la difícil y peligrosa obra que debe hacerse; entonces levanta la voz antes de entrar en el conflicto para contar el costo, al mismo tiempo que anima a todos a tomar las armas de su contienda y a esperar que la hueste celestial integre los ejércitos para guerrear en defensa de la verdad y la rectitud.
La debilidad de los hombres encontrará fuerza sobrenatural y ayuda en cada conflicto severo para realizar las obras de la Omnipotencia, y la perseverancia en la fe y la perfecta confianza en Dios asegurarán el éxito. Aunque la antigua confederación del mal está en orden de batalla contra ellos, él les ordena que sean valientes y fuertes y luchen valerosamente, pues tienen un cielo que ganar y más que un ángel en sus filas: el poderoso General de los ejércitos que conduce las huestes del cielo. En la conquista de Jericó ninguno de los ejércitos de Israel pudo jactarse de haber empleado su limitada fuerza para derribar las murallas de la ciudad, ya que el Capitán de las huestes del Señor hizo los planes de esa batalla con la mayor sencillez, de modo que solo el Señor recibiera la gloria y no se exaltara al hombre. Dios nos ha prometido todo poder, “porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que estáis lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare” (Comentario bíblico adventista, t. 2, p. 989, 990).
Viernes 1 de agosto: Para estudiar y meditar
El camino a Cristo, p. 21-35

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