Notas de Elena | Jueves 24 de enero 2019 | La importancia de Pentecostés | Escuela Sabática

Jueves 24 de enero: La importancia de Pentecostés

Empero yo os digo la verdad: Os es necesario que yo vaya: porque si yo no fuese, el Consolador no vendría a vosotros; mas si yo fuere, os le enviaré. Juan 16:7.

Cristo declaró que después de su ascensión él enviaría a su iglesia, como su don máximo, al Consolador, quien ocuparía su lugar. Este Consolador es el Espíritu Santo —el alma de su vida, la eficacia de su iglesia, la luz y la vida del mundo…

En el don del Espíritu, Jesús le dio al hombre el mayor bien que el cielo podía derramar… Es el Espíritu el que hace efectivo lo que ha sido hecho por el Redentor del mundo. El corazón es hecho puro mediante el Espíritu. Mediante el Espíritu el creyente llega a ser participante de la naturaleza divina. Cristo ha dado su Espíritu como un poder divino, para vencer toda tendencia al mal, heredada o cultivada, y para imprimir su propio carácter sobre la iglesia… Es el privilegio de cada hijo e hija de Dios tener en ellos la morada del Espíritu (Nuestra elevada vocación, p. 152).

El Espíritu Santo debía descender sobre los que amaban a Cristo en este mundo. De ese modo se los capacitaría, por medio de la glorificación de Aquel que era su cabeza, para recibir todo don necesario para el cumplimiento de su misión. El Dador de la vida poseía no solo las llaves de la muerte, sino un cielo lleno de ricas bendiciones. Todo el poder del cielo y de la tierra estaba a su disposición, y al tomar su lugar en las cortes celestiales podía prodigar esas bendiciones a todos los que lo recibieran. Cristo dijo a sus discípulos: “Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuese, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré”. Juan 16:7. Este era el mayor de los dones. El Espíritu Santo descendió como el tesoro más precioso que el hombre podía aceptar. La iglesia recibió el bautismo del poder del Espíritu. Los discípulos fueron preparados para salir y proclamar a Cristo (Cada día con Dios, p. 339).

Jesús conoce las necesidades de sus hijos y le gusta escuchar sus oraciones. Que sus hijos se aparten del mundo y de todo lo que pudiera apartar los pensamientos de Dios, y que sientan que están solos con el Señor, que su ojo contempla lo más profundo del corazón, y lee los deseos del alma, y que pueden hablar con Dios. Con fe humilde, podéis pedir el cumplimiento de sus promesas, y sentir que aunque no tenéis nada en vosotros mismos que pudiera serviros para suplicar el favor de Dios debido a los méritos y la justicia de Cristo podéis acercaros confiadamente al trono de la gracia, para hallar socorro en el momento oportuno. Nada puede fortalecer tanto al alma para resistir las tentaciones de Satanás en el gran conflicto de la vida, como buscar a Dios en humildad, y presentar delante de él vuestra alma en toda su indigencia, a la espera de que él será vuestro Ayudador y Defensor (Hijos e hijas de Dios, p. 123).

Comentarios de Elena G. de White para el estudio de la lección de Escuela Sabática
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