Notas de Elena | Jueves 16 de noviembre 2017 | Libres de pecado | Escuela Sabática

Jueves 16 de noviembre:
Libres de pecado
En el corazón renovado el obedecer la voluntad de Dios será un principio fijo, porque habrá amor por lo que es justo y bueno y santo. No habrá duda, no se harán concesiones al gusto, ni se considerara la conveniencia, ni se seguirá un proceder simplemente porque otros así lo hagan. Todos debieran vivir independientemente. Las mentes renovadas por la gracia serán un instrumento receptivo, al que continuamente se le envía luz, gracia y verdad de lo alto, y que la transmite a otros. Sus obras son fructíferas. Su fruto es para santidad y tienen como fin la vida eterna (Testimonios para la iglesia, t. 2, p. 434).
Cuando el hombre se coloca bajo el control de Dios, la voluntad adquiere fuerza y fortaleza para obrar el bien, el corazón es limpiado de egoísmo, y llenado del amor de Cristo. La mente se somete a la autoridad de la ley del amor y cada pensamiento es sometido a la obediencia de Cristo.
Cuando se pone la voluntad del lado del Señor, el Espíritu Santo se posesiona de aquella voluntad y la hace una con la voluntad divina.
El Señor ama al hombre. Él ha dado evidencia de este amor dando a su Hijo unigénito para que muriera por el hombre, para poder, mediante su gracia, redimirlo de su hostilidad hacia Dios, y conducirlo a la lealtad a él. Si el hombre quiere colaborar con Dios, el Señor pondrá la voluntad humana en relación con él, y la vitalizara por su propio Espíritu…El evangelio debe ser recibido para regenerar el corazón, y la recepción de la verdad significante la entrega de la mente y la voluntad a la voluntad
del poder divino.
La voluntad del hombre está segura, clínicamente cuando se une con la voluntad de Dios (Nuestra elevada votación, p. 106).
Satanás está contendiendo por las almas de los hombres y ha echado su diabólica sombra a través de nuestro camino, para que no percibamos la luz. No quiere que tengan una vislumbre del futuro honor y de las glorias eternas preparadas para los que serán habitantes del cielo, ni que prueben la experiencia que les daría un anticipo de la felicidad del cielo. Pero con los atractivos celestiales ante la mente para inspirar esperanza, despertar el deseo y estimular al esfuerzo, ¿como podremos rechazar la posibilidad y elegir el pecado y su paga, que es la muerte?
Los que aceptan a Cristo como su Salvador personal tienen la promesa de la vida presente y también de la venidera. El agente humano no debe ninguna parte de su legibilidad al servicio de Satanás; toda su lealtad es debido al Dios infinito y eterno. El más humilde discípulo de Cristo puede llegar a ser un habitante del cielo, heredero de Dios, de una herencia incorruptible que jamás se marchitara. ;Oh, que cada cual se decida a aceptar el don celestial, para que llegue a ser heredero de Dios, de esa .herencia cuyo título esta fuera del alcance de todo destructor, y que es un mundo sin fin! Oh, no elijáis el inundo; elegid la herencia mejor! Apresuraos y esforzaos para alcanzar la meta que es el premio de vuestra elevada votación en Cristo Jesús. Por el amor de Cristo, que el propósito de su educación sea forjado por el aliciente de un mundo mejor (The Review and Herald, 21 nov. 1893; parcialmente en (Maranata: el Señor viene!, pp. 368, 369).

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