Notas de Elena | Jueves 14 de septiembre 2017 | El camino a la victoria | Escuela Sabática

Jueves 14 de septiembre: El camino a la victoria
Se nos ordena que crucifiquemos la carne, con los afectos y las concupiscencias. ¿Cómo lo haremos? ¿Infligiremos dolor al cuerpo? No, pero daremos muerte a la tentación a pecar. Debe expulsarse el pensamiento corrompido. Todo intento debe someterse al cautiverio de Jesucristo… El amor de Dios debe reinar supremo; Cristo debe ocupar un trono indiviso. Nuestros cuerpos deben ser considerados como su posesión adquirida. Los miembros del cuerpo han de llegar a ser los instrumentos de la justicia
(El hogar cristiano, p. 112).
El seguir a Cristo no significa estar libre de conflictos. No es un juego de niños. No es ociosidad espiritual. Todo el gozo del servicio de Cristo significa la sagrada obligación de enfrentar a menudo du-ros conflictos. Seguir a Cristo significa duras batallas, labor activa, guerra contra el mundo, la carne y el maligno. Las victorias ganadas por Cristo en guerra dura y cruenta serán nuestro gozo… Estamos alistados para luchar “no por la comida que perece, sino por la co-mida que a vida eterna permanece” (Juan 6:27)
Se requiere una vigilancia continua para ser fieles hasta la muer-te, para pelear la buena batalla de la fe hasta que termine la guerra y como vencedores recibamos la corona de la vida (En los lugares celestiales, p. 119).
La religión que proviene de Dios es la única que conducirá a Dios. A fin de servirle debidamente, debemos nacer del Espíritu di-vino. Esto purificará el corazón y renovará la mente, dándonos una nueva capacidad para conocer y amar a Dios. Nos inspirará una obediencia voluntaria a todos sus requerimientos. Tal es el verdadero culto. Es el fruto de la obra del Espíritu Santo. Por el Espíritu es formulada toda oración sincera, y una oración tal es aceptable para Dios. Siempre que un alma anhela a Dios, se manifiesta la obra del Espíritu, y Dios se revelará a esa alma. Él busca adoradores tales. Espera para recibirlos y hacerlos sus hijos e hijas (El Deseado de todas las gentes, p. 159).
La Palabra de Dios —la verdad— es el medio por el cual Dios manifiesta su Espíritu y su poder. La obediencia a ella produce fruto de la calidad requerida; “amor no fingido de los hermanos” (V.M.). Este amor es de origen celestial y conduce a móviles elevados y acciones abnegadas.
Cuando la verdad llega a ser un principio permanente en nuestra vida, el alma renace, “no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios, que vive y permanece para siempre”. Este nuevo nacimiento es el resultado de haber recibido a Cristo como la Palabra de Dios. Cuando las verdades divinas son impresas sobre el corazón por el Espíritu Santo, se despiertan nuevos sentimientos, y las energías hasta entonces latentes son despertadas para cooperar con Dios (Los hechos de los apóstoles, p. 414).
Viernes 15 de septiembre: Para estudiar y meditar
A fin de conocerle, “La medida del carácter”, p. 117

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