Jueves 14 de agosto: Cómo vivir como Jesús
“Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor”. ¿Cómo se hace esto? Se hace cuando se teme agregar en la tela de la salvación algunas hebras propias; se hace cuando se teme agregar materiales humanos al edificar el carácter. Solo Dios puede proveer el material adecuado. Que los seres mortales tengan miedo de agregar sus miserables tendencias heredadas y cultivadas en su propio carácter. Que tiemblen al pensar que pueden dejar de someter alguna cosa a Aquel que desea obrar en su favor. Dios les da la bienvenida a todos los que se acercan a él, tal como son, sin intentar justificarse a sí mismos, sin reclamar méritos por sus buenas acciones, sin presentar su propia justicia con orgullo. Para poder sentarnos en lugares celestiales junto con Cristo, debemos desprendernos de nuestras vestimentas comunes y recibir el vestido de bodas.
Mientras se camina con humildad y mansedumbre, Dios hace una obra que solo él puede hacer, porque él es el único que “produce el querer como el hacer, por su buena voluntad”. Y su buena voluntad es que permanezcamos en Cristo y que descansemos en su amor; que nadie nos robe la paz, el descanso y la seguridad que tenemos en él. El secreto del perfecto descanso en su amor es rendirle nuestros caminos y aceptar los suyos. Lo más sabio que podemos hacer es colocar nuestra vida en sus manos, apropiarnos de cada promesa, y cumplir con las condiciones que Dios nos pide. Entonces hallaremos descanso para nuestras almas. Al aprender los hábitos de Cristo, al imitar su humildad y mansedumbre, al tomar su yugo, el ser se transforma. Y todos tenemos que aprender; todos tenemos que ser entrenados por Cristo. Y cuando caigamos sobre la Roca, todas las tendencias heredadas y cultivadas, que limitan nuestro crecimiento, serán quitadas y participaremos de la naturaleza divina. Cuando muere el yo, Cristo vive en su lugar; el ser humano permanece en Cristo, y Cristo en él.
Cristo desea que todos lleguemos a ser estudiantes en su escuela para ser entrenados a fin de ir alcanzando mayores grados de conocimiento. Desea imprimir su vida, su paciencia, su mansedumbre, su humildad, en nuestro carácter. Nos dice: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas”.
Dios nos llama a rendirle nuestro ser entero. Entonces, nuestros defectos de carácter, que nos esclavizan y no nos permiten llevar el yugo de Cristo, serán cambiados por obra del Espíritu Santo; toda justificación propia y toda acción egoísta desaparecerán, y desearemos permanecer en Cristo, y que él permanezca en nosotros (Bible Training School, 1 de agosto de 1903).
Los que son participantes de la naturaleza divina llegan a ser uno con Dios en Cristo; y esa unidad se manifiesta hacia los demás en obras de misericordia y tierna compasión. La misericordia de Dios nos ha salvado, y al ser misericordiosos con nuestros prójimos nos colocamos en la senda que Cristo trazó. La misericordia abunda en el corazón de Dios y está activa en el vasto universo.
También es la fuente de toda nuestra felicidad. La gran familia de Dios en la Tierra está formada por los sufrientes mortales, y cada alma que está imbuida del Espíritu Santo hará obras de misericordia revelando a otros el amor, la ternura y la compasión.
Del corazón de cada verdadero cristiano habrá desaparecido toda fibra de egoísmo porque ha decido imitar a Cristo, quien dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (S. Marcos 8:34) (Signs of the Times, 19 de septiembre de 1895).
Cristo afirma que así como él vivió, nosotros tenemos que vivir también. “Si alguno quiere venir en pos de mí niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (S. Marcos 8:34). Sus huellas conducen a la senda del sacrificio.
En el transcurso de nuestra vida se nos presentan muchas oportunidades de servir. Alrededor de nosotros hay puertas abiertas que conducen al servicio. Mediante el uso correcto del talento del habla podemos hacer mucho para el Maestro. Las palabras ejercen una influencia benéfica cuando están contrapesadas por la ternura y la simpatía de Cristo. El dinero, la influencia, el tacto, el tiempo y la energía, son talentos que se nos han confiado a fin de que seamos más útiles para los que nos rodean, y para que honremos más a nuestro Creador.
Muchos creen que sería un privilegio visitar los lugares donde Cristo vivió en la Tierra, caminar por donde él anduvo, contemplar el lago desde donde le gustaba enseñar, y los valles y colinas que tan frecuentemente contempló; pero no necesitamos ir a Palestina para seguir las huellas de Jesús. Las vamos a encontrar junto al lecho del enfermo, en los tugurios de los pobres, en las atestadas callejuelas de la gran ciudad, y en todo lugar donde haya corazones humanos que necesitan consuelo (Cada día con Dios, p. 68). http://escuelasabatica.es/

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