Jueves 10 de julio: La misión de Cristo
Solo Cristo pudo representar a la Deidad. El que había estado en la presencia del Padre desde el principio, el que es la expresa imagen del Dios invisible, fue el único capaz de cumplir esta obra. Ninguna descripción verbal podía revelar a Dios ante el mundo. Dios mismo debía ser revelado a la humanidad mediante una vida de pureza, una vida de perfecta confianza y sumisión a la voluntad de Dios, una vida de humillación tal que habría rehuido aun el más encumbrado serafín del cielo. Nuestro Salvador revistió su humanidad con divinidad a fin de hacer esto. Empleó las facultades humanas, pues solo adoptándolas podía ser comprendido por la humanidad. Solo la humanidad podía alcanzar a la humanidad. Vivió el carácter de Dios en el cuerpo humano que Dios le había preparado. Bendijo al mundo viviendo en la carne humana la vida de Dios, mostrando así que tenía el poder para unir la humanidad con la divinidad (Mensajes selectos, t. 1, p. 309, 310).
Cristo dejó los atrios reales del cielo y vino a nuestro mundo para representar el carácter de su Padre, y de esa manera ayudar a la humanidad para que volviera a ser leal. La imagen de Satanás estaba sobre los hombres, y Cristo vino para poder proporcionarles poder moral y suficiencia. Vino como un nene desvalido que llevaba la humanidad que nosotros llevamos: “por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo”. No podía venir en la forma de un ángel, pues a menos que se encontrara con el hombre como hombre y testificara mediante su relación con Dios que no le había sido dado poder divino en una forma diferente a como nos es dado a nosotros, no podía ser un ejemplo perfecto para nosotros. Vino en humildad para que el más humilde ser sobre la tierra no pudiera tener ninguna excusa por causa de su pobreza o su ignorancia, y dijera: “Estas cosas me impiden obedecer la Ley de Jehová”.
Cristo revistió su divinidad con humanidad para que la humanidad pudiera aproximarse a la humanidad, para que él pudiera vivir con la humanidad y llevar todas las pruebas y aflicciones del hombre. Fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. En su humanidad comprendió todas las tentaciones que sobrevendrían al hombre (Comentario bíblico adventista, t. 7, p. 936, 937).
Cristo sufrió el castigo en favor de la raza humana con el fin de que el universo celestial pudiera discernir las condiciones del pacto de la redención. El trono de justicia debe asegurarse eternamente y para siempre […]. Todas las dudas quedarían contestadas para siempre mediante el sacrificio que Cristo estaba por realizar, y la raza humana sería salva si retornaba a su lealtad.
Únicamente Cristo podía restaurar el honor del gobierno de Dios. La cruz del Calvario sería contemplada por los mundos no caídos, el universo celestial, las agencias satánicas y la raza caída, y toda boca sería silenciada. Al realizar su sacrificio infinito Cristo exaltaría la Ley y la honraría. Daría a conocer el carácter exaltado del gobierno de Dios, que nunca podría ser alterado en lo más mínimo para acomodarse al hombre en su condición pecaminosa (Exaltad a Jesús, p. 251).
Jesús era la majestad del cielo, el amado Comandante de los ángeles, quienes se complacían en hacer la voluntad de él. Era uno con Dios “en el seno del Padre” (S. Juan 1:18), y sin embargo no pensó que era algo deseable ser igual a Dios mientras el hombre estuviera perdido en el pecado y la desgracia. Descendió de su trono, dejó la corona y el cetro reales, y revistió su divinidad con humanidad. Se humilló a sí mismo hasta la muerte de cruz para que el hombre pudiera ser exaltado a un sitial con Cristo en su trono. En él tenemos una ofrenda completa, un sacrificio infinito, un poderoso Salvador, que puede salvar hasta lo último a todos los que vienen a Dios por medio de él. Con amor, viene a revelar al Padre, a reconciliar al hombre con Dios, a hacerlo una nueva criatura, renovada de acuerdo con la imagen de Aquel que lo creó […].
La gran condescendencia de Dios es un misterio que está más allá de nuestro alcance. La grandeza del plan no puede ser comprendida plenamente, ni puede la sabiduría infinita idear un plan que lo sobrepuje. Pudo tener éxito únicamente […], porque Cristo llegó a ser hombre, y sufrió la ira que el pecado ha producido debido a la transgresión de la Ley de Dios. Por medio de este plan, el Dios grande y terrible puede ser justo, y al mismo tiempo justificador de todos los que creen en Jesús, y que lo reciben como Salvador personal. Esta es la ciencia celestial de la redención, de salvar al hombre de la ruina eterna (La maravillosa gracia de Dios, p. 160,161).
Viernes 11 de julio: Para estudiar y meditar
Mensajes selectos, t. 1, p. 289-300.

Home

Notas de Elena - Escuela Sabática Tercer trimestre 2014

Notas de Elena – Escuela Sabática Tercer trimestre 2014

Recomendado

Comentarios de Facebook

Comentarios

Category:

Lección Diaria

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*