Notas de Elena | Domingo 8 de octubre 2017 | Un mejor pacto | Escuela Sabática

Domingo 8 de octubre: Un mejor pacto
Los términos del pacto antiguo eran: Obedece y vivirás… El nuevo pacto se estableció sobre “mejores promesas”, la promesa del perdón de los pecados, y de la gracia de Dios para renovar el corazón.
Las bendiciones del nuevo pacto se fundan únicamente en la misericordia evidenciada en el perdón de la injusticia y de los pecados… Todos los que humillen sus corazones y confiesen sus pecados, encontrarán misericordia, gracia y seguridad. ¿Acaso ha dejado de ser justo Dios porque manifiesta misericordia hacia el pecador? ¿Ha deshonrado él su santa ley y de aquí en adelante pasará por alto la violación de ella? Dios es fiel a sí mismo. No cambia. Las condiciones de la salvación son siempre las mismas…
Bajo el nuevo pacto, las condiciones mediante las cuales se puede obtener la vida eterna son las mismas que en el pacto antiguo, a saber, obediencia perfecta… En el nuevo y mejor pacto, Cristo ha cumplido la ley en favor de los transgresores de ella, si lo reciben por fe como Salvador personal… En el pacto mejor somos purificados de pecado por la sangre de Cristo (La maravillosa gracia de Dios, p. 136).
Los hijos de Dios son justificados por medio de la aplicación del “mejor pacto”, por medio de la justicia de Cristo. Un pacto es un convenio por el cual las partes se comprometen mutuamente al cumplimiento de ciertas condiciones; por lo tanto, el ser humano se compromete con Dios para cumplir las condiciones especificadas en su Palabra. Su conducta demuestra si respeta o no esas condiciones.
El hombre gana todo obedeciendo al Dios guardador del pacto. Los atributos de Dios son impartidos al hombre capacitándolo para proceder con misericordia y compasión. El pacto de Dios no asegura del carácter inmutable del Señor. ¿Por qué, pues, los que pretenden creer en Dios son inestables, volubles, indignos de confianza?, ¿por qué no rinden su servicio cordialmente, como si estuvieran bajo la obligación de agradar y glorificar a Dios? No es suficiente que tengamos una idea general de lo que Dios exige. Debemos conocer por nosotros mismos cuáles son sus órdenes y cuáles nuestras obligaciones. Las condiciones del pacto de Dios son: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo”. Estas son las condiciones de la vida. “Haz esto —dijo Cristo—, y vivirás” (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, tomo 7, pp. 943, 944).
Cuando contemplamos las promesas de Dios podemos hallar consuelo, esperanza y gozo, porque aquéllas constituyen las palabras del Infinito. Para apreciar con propiedad esas preciosas promesas debemos estudiarlas cuidadosamente, y examinarlas con detenimiento. ¡Cuánto más gozo podríamos disfrutar en la vida, cuánta más bondad infundiríamos a nuestro carácter si estuviéramos dispuestos a apropiamos de esas promesas! Al andar por el camino que lleva a la altura hablemos de las bendiciones esparcidas por la senda (Mi vida hoy, p. 348).

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