Domingo 6 de julio: El Hijo del Hombre
Satanás había señalado el pecado de Adán como prueba de que la Ley de Dios era injusta, y que no podía ser acatada. En nuestra humanidad, Cristo había de resarcir el fracaso de Adán. Pero cuando Adán fue asaltado por el tentador, no pesaba sobre él ninguno de los efectos del pecado. Gozaba de una plenitud de fuerza y virilidad, así como del perfecto vigor de la mente y el cuerpo. Estaba rodeado por las glorias del Edén, y se hallaba en comunión diaria con los seres celestiales. No sucedía lo mismo con Jesús cuando entró en el desierto para luchar con Satanás.
Durante cuatro mil años, la familia humana había estado perdiendo fuerza física y mental, así como valor moral; y Cristo tomó sobre sí las flaquezas de la humanidad degenerada. Únicamente así podía rescatar al hombre de las profundidades de su degradación (El Deseado de todas las gentes, p. 91, 92).
Qué bueno sería que entendiéramos lo que significan las palabras: “Cristo sufrió siendo tentado”. Aunque estaba libre de toda mancha de pecado, la refinada sensibilidad de su santa naturaleza hacía que el contacto con el mal le resultara indeciblemente doloroso. Sin embargo, habiendo asumido la naturaleza humana, se encontró con el archiapóstata frente a frente y resistió solo al enemigo de su trono. Ni siquiera en pensamiento se podía inducir a Cristo a ceder al poder de la tentación. Satanás encuentra en los corazones humanos un punto de apoyo: algún deseo pecaminoso albergado en el alma, por medio del cual sus tentaciones imponen su poder. Pero Cristo declaró acerca de sí mismo: “Viene el príncipe de este mundo, pero no tiene nada conmigo”.
Las tormentas de la tentación estallaban sobre él, pero no podían lograr que se apartara de su lealtad a Dios […].
Muchos sostienen que era imposible para Cristo ser vencido por la tentación. En tal caso, no podría haberse hallado en la posición de Adán; no podría haber obtenido la victoria que Adán dejó de ganar. Si en algún sentido tuviésemos que soportar nosotros un conflicto más duro que el que Cristo tuvo que soportar, él no podría socorrernos. Pero nuestro Salvador tomó la humanidad con todo su pasivo [todas sus desventajas]. Se vistió de la naturaleza humana, con la posibilidad de ceder a la tentación.
No tenemos que soportar nada que él no haya soportado (Comentario bíblico adventista, t. 7A, p. 448, 449).
El Hijo de Dios vivió una vida de perfecta obediencia en este mundo. Tenemos que mantener en mente que la humanidad de Cristo era real y verdadera. Cuando vino para ser nuestro sustituto y seguridad, era verdaderamente un ser humano. Vino para mostrarnos lo que Dios puede hacer por un ser humano cuando éste es participante de la naturaleza divina. Cuando Cristo soportó las tentaciones en el desierto, fue su naturaleza humana, no la divina, la que venció. Y Cristo es todo para nosotros. Nos dice: “Separados de mí nada podéis hacer” (S. Juan 15:5) (Manuscript Releases, 1.14, p. 334).

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Notas de Elena - Escuela Sabática Tercer trimestre 2014

Notas de Elena – Escuela Sabática Tercer trimestre 2014

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Lección Diaria

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