Notas de Elena | Domingo 3 de septiembre 2017 | Cristo nos ha liberado | Escuela Sabática

Domingo 3 de septiembre: Cristo nos ha liberado
Jesús murió para salvar a su pueblo de sus pecados, y la redención en Cristo significa cesar de transgredir la ley de Dios y liberarse de todo pecado; ningún corazón que está agitado de enemistad contra la ley de Dios está en armonía con Cristo, quien sufrió en el Calvario para vindicar y exaltar la ley delante del universo.
Los que hacen osadas pretensiones de santidad demuestran, por esto mismo, que no se ven a la luz de la ley; no están espiritualmente esclarecidos, y no aborrecen todo género de egoísmo y orgullo. De sus labios contaminados por el pecado fluyen las contradictorias declaraciones: “Soy santo, soy impecable. Jesús me enseña que si guardo la ley estoy destituido de la gracia. La ley es un yugo de esclavitud”. El Señor dice: “Bienaventurados los que guardan sus mandamientos, para que su potencia sea en el árbol de la vida, y que entren por las puertas de la ciudad”. Deberíamos estudiar cuidadosamente la Palabra de Dios a fin de que podamos tomar decisiones correctas, y actuar consecuentemente; porque entonces obedeceremos la Palabra y estaremos en armonía con la santa ley de Dios (Fe y obras, p. 98).
¡Con qué fervor Cristo realizó la obra de nuestra salvación! ¡Qué devoción reveló su vida mientras procuraba dar estimación al hombre caído mediante la imputación de los méritos de su propia inmaculada justicia a cada pecador arrepentido y creyente! ¡Cuán incansablemente trabajó! En el templo y en la sinagoga, en las calles de las ciudades, en los mercados, en el taller, a la orilla del mar, entre las colinas, él predicó el evangelio y sanó a los enfermos. Dio todo de sí, a fin de poder obrar el plan de la gracia redentora (La maravillosa gracia de Dios, p. 174).
Cristo no estaba bajo obligación para realizar este gran sacrificio. Se prestó voluntariamente para sufrir el castigo del transgresor de su ley. Su amor era su única obligación, y sin una queja soportó cada tormento y recibió con regocijo cada ultraje, los cuales eran parte del plan de salvación (Ser semejante a Jesús, p. 332).
Dios nos ha honrado mostrándonos cuánto nos valora. Fuimos comprados por la sangre preciosa del Hijo de Dios. Cuando su heredad siga conscientemente la palabra del Señor, su bendición descansará sobre ella como respuesta a sus oraciones. “Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento. Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo” (Joel 2:12, 13)…
¡La oración secreta! ¡Cuán preciosa es! ¡El alma en comunión con Dios!… Con calma, pero con fervor, buscará a Dios… Quien con fe sencilla mantiene comunión con Dios atraerá sobre sí mismo los rayos de luz divina que lo fortalecerán y lo sostendrán en el conflicto con Satanás (That I May Know Him, p. 272; parcialmente en A fin de conocerle, p. 271).

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