Notas de Elena | Domingo 28 de enero 2018 | Mayordomos en el Antiguo Testamento | Escuela Sabática

Domingo 28 de enero: Mayordomos en el Antiguo Testamento
Todo nuestro trabajo debe hacerse por amor a Dios y de acuerdo con su voluntad.
Es tan esencial hacer la voluntad de Dios cuando se construye un edificio como cuando se toma parte en un servicio religioso. Y si los obreros han empleado los principios correctos en la edificación de su propio carácter, entonces en la erección de cualquier edificio crecerán en gracia y conocimiento.
Pero Dios no aceptará los mayores talentos o el servicio más espléndido a menos que el yo sea puesto sobre el altar, como sacrificio vivo, que se consume. La raíz debe ser santa; de otra manera no puede haber fruto aceptable a Dios.
El Señor hizo de Daniel y de José mayordomos perspicaces. Pudo obrar mediante ellos porque no vivieron para satisfacer sus propias inclinaciones, sino para agradar a Dios (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 284, 285).
En el momento en que el hombre pierde de vista el hecho de que sus capacidades y posesiones son del Señor, en ese momento está defraudando las posesiones del Señor. Está actuando como un administrador infiel, haciendo que el Señor transfiera sus dones a manos más fieles. Dios demanda a los que él ha confiado sus dones que los administren fielmente, para demostrar al mundo que están trabajando por la salvación de los pecadores. Demanda a los que profesan estar bajo su dirección, que no desvirtúen su carácter (En los lugares celestiales, p. 304).
“Jehová fue con José, y fue varón prosperado… Y vio su señor que
Jehová era con él, y que todo lo que él hacía, Jehová lo hacía prosperar en su mano”. La confianza de Potifar en José aumentaba diariamente, y por fin le ascendió a mayordomo, con dominio completo sobre todas sus posesiones. “Y dejó todo lo que tenía en mano de José; ni con él sabía de nada más que del pan que comía”. Véase Génesis 39-41.
La notable prosperidad que acompañaba a todo lo que se encargara a José no era resultado de un milagro directo, sino que su industria, su interés y su energía fueron coronados con la bendición divina. José atribuyó su éxito al favor de Dios, y hasta su amo idólatra aceptó eso como el secreto de su sin igual prosperidad. Sin embargo, sin sus esfuerzos constantes y bien dirigidos, nunca habría podido alcanzar tal éxito. Dios fue glorificado por la fidelidad de su siervo. Era el propósito divino que por la pureza y la rectitud, el creyente en Dios apareciera en marcado contraste con los idólatras, para que así la luz de la gracia celestial brillase en medio de las tinieblas del paganismo (Patriarcas y profetas, p. 216).
Cuando los hombres pasan por alto las pretensiones de Dios establecidas claramente delante de ellos, el Señor permite que sigan sus propios caminos y cosechen el fruto de sus acciones. Quienquiera que se apodere para su propio uso de la porción que Dios se ha reservado está demostrando que es un mayordomo infiel. Perderá no solo lo que ha retenido de Dios sino también lo que se le dio como suyo (Consejos sobre mayordomía cristiana, p. 93).
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Notas de Elena G. de White
Lección 5: Para el 3 de febrero de 2018
Mayordomos después del Edén
Escuela Sabática – Primer trimestre 2018
Mayordomía: Las motivaciones del corazón

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