Notas de Elena | Domingo 25 de febrero 2018 | “Donde esté vuestro tesoro” | Escuela Sabática

Domingo 25 de febrero: “Donde esté vuestro tesoro”
Cristo invita a todos a reflexionar. Haced cálculos honrados. Poned en un platillo de la balanza a Jesús, que significa tesoro eterno, vida, verdad, cielo, y el gozo de Cristo en las almas redimidas; poned en el otro todas las atracciones que el mundo pueda ofrecer. En un platillo de la balanza poned la pérdida de vuestra propia alma y de las almas de aquellos para cuya salvación podríais haber sido un instrumento; en el otro, para vosotros y para ellos, una vida que se mide con la vida de Dios. Pesad para el tiempo y la eternidad…
Mejor que toda la amistad del mundo es la amistad de los redimidos de Cristo. Mejor que un título de propiedad para el palacio más noble de la tierra es un título a las mansiones que nuestro Señor ha ido a preparar. Y mejores que todas las palabras de alabanza terrenal, serán las palabras del Salvador a sus siervos fíeles: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo”. Mateo 25:34…
Permitid, pues, que vuestra propiedad vaya antes que vosotros al cielo. Haceos tesoros junto al trono de Dios. Aseguraos vuestro título a las riquezas insondables de Cristo. “Haceos de amigos por medio del lucro de injusticia, para que cuando éste os falte os reciban en las moradas eternas” (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 307, 308).
Algunos creen que los talentos han sido dados tan solo a cierta clase favorecida, con exclusión de muchos, quienes por supuesto no son invitados a participar de los trabajos ni de las recompensas. Pero la parábola no enseña las cosas en esa forma. Cuando el Señor de la casa llamó a sus siervos, a cada uno dio su obra. Toda la familia de Dios está incluida en la responsabilidad de utilizar los bienes de su Señor…
En un grado mayor o menor, todos están encargados de los talentos de su Señor. Las aptitudes espirituales, mentales y físicas, la influencia, la posición social, las posesiones, los afectos, la simpatía, todos son talentos preciosos que deben emplearse en bien de la causa del Maestro para la salvación de las almas por quienes Cristo murió.
El pueblo de Dios debería comprender que Dios no les ha dado habilidades para que se enriquezcan con bienes terrenales, sino con el fin de que coloquen un buen fundamento para el tiempo que está por venir, a saber, la vida eterna (Consejos sobre mayordomía cristiana , p. 123).
No comprendemos cuántos de nosotros andamos por la vista, y no por la fe. Creemos en las cosas visibles, pero no apreciamos las preciosas promesas que se nos han dado en su Palabra. Y sin embargo, no podemos deshonrar a Dios más decididamente que demostrando que desconfiamos de lo que dice.
Confiemos plena, humilde y desinteresadamente en Dios. Somos sus hijitos, y él nos trata como a tales. Cuando nos acercamos a él, su misericordia nos preserva de los impactos del enemigo. El nunca traicionará a uno que confíe en él, como un niño confía en sus padres. Él ve un alma humilde y confiada que se acerca a él, y con piedad y amor él se acerca a ella, y levanta un pendón para ella contra el enemigo… Les enseña a ejercer una fe incuestionable en su poder para obrar en beneficio de ellos. Con seguridad les dice: “Esta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe”. 1 Juan 5:4 (Nuestra elevada vocación, p. 87).
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