Notas de Elena | Domingo 22 de abril 2018 | El amor del Padre | Escuela Sabática

Domingo 22 de abril: El amor del Padre
En su humanidad, [Cristo] era la personificación del carácter divino. Dios hizo carne sus atributos en su Hijo: su poder, su sabiduría, su bondad, su pureza, su fidelidad, su espiritualidad, su benevolencia. En él, aunque humano, moraba toda la perfección del carácter, toda la excelencia divina. Y al pedido de su discípulo, “muéstranos al Padre, y nos basta”, pudo contestar: ” ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿Cómo pues, dices tú: Muéstranos al Padre?” “Yo y el Padre uno somos”. Juan 14:8, 9; 10:30 (A fin de conocerle, p. 111).
¡Qué amor, qué amor incomparable, que nosotros, pecadores y extranjeros, podamos ser llevados de nuevo a Dios y adoptados en su familia! Podemos dirigirnos a él con el nombre cariñoso de “Padre nuestro”, que es una señal de nuestro afecto por él, y una prenda de su tierna consideración y relación con nosotros…
Todo el amor paterno que se haya transmitido de generación a generación por medio de los corazones humanos, todos los manantiales de ternura que se hayan abierto en las almas de los hombres, son tan solo como una gota del ilimitado océano, cuando se comparan con el amor infinito e inagotable de Dios. La lengua no lo puede expresar, la pluma no lo puede describir. Podéis meditar en él cada día de vuestra vida; podéis escudriñar las Escrituras diligentemente a fin de comprenderlo; podéis dedicar toda facultad y capacidad que Dios os ha dado al esfuerzo de comprender el amor y la compasión del Padre celestial; y aún queda su infinidad. Podéis estudiar este amor durante siglos, sin comprender nunca plenamente la longitud y la anchura, la profundidad y la altura del amor de Dios al dar a su Hijo para que muriese por el mundo. La eternidad misma no lo revelará nunca plenamente (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 691).
Satanás presentaba a Dios como un ser egoísta y opresor, que lo pedía todo y no daba nada, que exigía el servicio de sus criaturas para su propia gloria, sin hacer ningún sacrificio para su bien. Pero el don de Cristo revela el corazón del Padre. Testifica que los pensamientos de Dios hacia nosotros son “pensamientos de paz, y no de mal” (Jeremías 29:11). Declara que aunque el odio que Dios siente por el pecado es tan fuerte como la muerte, su amor hacia el pecador es más fuerte que la muerte. Habiendo emprendido nuestra redención, no escatimará nada, por mucho que le cueste, de lo que sea necesario para la terminación de su obra. No se retiene ninguna verdad esencial para nuestra salvación, no se omite ningún milagro de misericordia, no se deja sin empleo ningún agente divino. Se acumula un favor sobre otro, una dádiva sobre otra. Todo el tesoro del cielo está abierto a aquellos a quienes él trata de salvar. Habiendo reunido las riquezas del universo, y abierto los recursos de la potencia infinita, lo entrega todo en las manos de Cristo y dice: Todas estas cosas son para el hombre. Úsalas para convencerlo de que no hay mayor amor que el mío en la tierra o en el cielo. Amándome hallará su mayor felicidad (El Deseado de todas las gentes, p. 39).
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Notas de Elena G. de White
Lección 4: La salvación y el tiempo del fin
Para el 28 de abril de 2018
Escuela Sabática – Segundo trimestre 2018
PREPARACIÓN para el tiempo del fin

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