Notas de Elena | Domingo 19 de noviembre 2017 | Muertos a la Ley | Escuela Sabática

Domingo 19 de noviembre:
Muertos a la Ley
Los símbolos y las sombras del servicio ceremonial, más las profecías, deban a los israelitas una visión velada y borrosa de la misericordia y de la gracia que serían traídas al mundo mediante la revelación de Cristo. A Moisés se le revelo el significado de los símbolos y de las sombras que señalan a cristo; el vio el fin de lo que iba a desaparecer cuando, a la muerte de Cristo, el símbolo se encontró con la realidad simbolizada [tipo” y “antitipo”]. El vio que únicamente por medio de Cristo el hombre puede guardar la ley moral. Por la transgresión de esta ley el hombre introdujo el pecado en el mundo, y con el pecado vino la muerte. Cristo se convirtió en la propiciación por el pecado del hombre. El brindó su perfección de carácter en lugar de la pecaminosidad del hombre. Tom6 sobre si la maldición de la desobediencia. Los sacrificios y las ofrendas anunciaban de antemano el sacrificio que él iba a hacer.
El cordero sacrificado simbolizaba al Cordero que debía quitar el pecado del mundo (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 6, p. 1096).
Los que profesan aferrarse a Cristo, centralizando sus esperanzas en él, al paso que manifiestan su desdén por la ley moral y las profecías, no están en una position más segura que la que adoptaron los judíos incrédulos.
No pueden llamar a los pecadores al arrepentimiento en una forma comprensible, pues son incapaces de explicar adecuadamente de que deben arrepentirse. El pecador, al ser exhortado a abandonar sus pecados, tiene derecho a preguntar: ¿Que es pecado? Los que respetan la ley de Dios, pueden responder: Pecado es la transgresión de la ley. Confirmando esto, dice el apóstol Pablo: No hubiera conocido el pecado sino por la ley.
Solo los que reconocen las demandas validas de la ley moral pueden explicar la naturaleza de la expiación. Cristo vino para mediar entre Dios y el hombre, para hacer al hombre uno con Dios, poniéndolo en obediencia a la ley divina. No había poder en la ley para perdonar a su transgresor.
Solo Jesús podía pagar la deuda del pecador. Pero el hecho de que Jesús haya pagado la deuda del pecador arrepentido, no le da a él licencia para continuar transgrediendo la ley de Dios, sino que debe, de alii en adelante, vivir en obediencia a esa ley (Mensajes selectos, t. 1, p. 269).
La mayor dificultad a la que Pablo tuvo que hacer frente surgió de la influencia de los maestros judaizantes. Ellos le provocaron mucha dificultad ocasionando disensiones en la iglesia… Continuamente presentaban las virtudes de las ceremonias de la ley, exaltando esas ceremonias por encima del evangelio de Cristo y condenando a Pablo porque no las imponía a los nuevos conversos…
Sin Cristo, el transgresor era dejado bajo su maldición, sin esperanza de perdón. La ministración no tenía gloria en sí misma, pero el Salvador prometido, revelado en los símbolos y sombras de la ley ceremonial, hacía que la ley moral fuera gloriosa.
Pablo quería que sus hermanos vieran que la gran gloria de un Salvador que perdona los pecados daba significado a todo el sistema judío. Deseaba que ellos también vieran que cuando Cristo vino al mundo y murió como sacrificio para el hombre, el símbolo se encontró con lo simbolizado (Mensajes selectos, t. 1, pp. 278-280).

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