Notas de Elena | Domingo 17 de Diciembre de 2017 | Vuestro culto racional | Escuela Sabática

Domingo 17 de Diciembre

Vuestro culto racional

En el antiguo ritual que era el evangelio expresado en símbolos, ninguna ofrenda defectuosa podía llevarse al altar de Dios. El sacrificio que había de representar al Cristo debía ser inmaculado. La Palabra de Dios señala esto como ejemplo de lo que deben ser sus hijos: un “sacrificio vivo,” “santo y sin mancha,” “agradable a Dios”. Romanos 12:1; Efesios 5:27. Sin el poder divino, ninguna reforma verdadera puede llevarse a cabo. Las vallas humanas levantadas contra las tendencias naturales y fomentadas no son más que bancos de arena contra un torrente. Solo cuando la vida de Cristo es en nuestra vida un poder vivificador podemos resistir las tentaciones que nos acometen de dentro y de fuera. Cristo vino a este mundo y vivió conforme a la ley de Dios para que el hombre pudiera dominar perfectamente las inclinaciones naturales que corrompen el alma. Él es el Médico del alma y del cuerpo y da la victoria sobre las pasiones guerreantes. Ha provisto todo medio para que el hombre pueda poseer un carácter perfecto {El ministerio de curación, p. 92). Los que sean santificados por la verdad demostraran que esta ha producido una reforma en sus vidas, y que los está preparando para ser trasladados al mundo celestial. Pero mientras en la vida predominen el orgullo, la envidia y las malas conjeturas, Cristo no podrá reinar en el corazón. Su amor no estará presente en el alma. En la vida de los que han llegado a ser participantes de la naturaleza divina, hay evidencia de que se ha crucificado el espíritu altivo y autosuficiente que conduce a la exaltación del yo. En su lugar mora el espíritu de Cristo, y los frutos del Espíritu aparecen en la vida. Cuando poseen la mente de Cristo, sus seguidores revelan las gracias de su carácter. Nada menos que esto hará que los seres humanos sean aceptables delante Dios. Nada menos que esto les permitirá desarrollar el carácter puro y santo que deben poseer los que hayan de ser admitidos en el cielo. Tan pronto como un individuo se reviste de Cristo, su espíritu y sus palabras dan evidencias del cambio operado en él. Su alma queda rodeada por la atmosfera divina; porque Cristo mora en su interior {Exaltad a Jesús, p. 295). Cristo es la fuente de nuestra fortaleza. Estudiemos sus enseñanzas. Al dar a su Hijo Unigénito para que viviera en nuestro mundo sujeto a la tentación a fin de que pudiera enseñarnos a vencer, el Padre hizo amplia provisión para que no seamos llevados cautivos por el enemigo. Al enfrentar al adversario caído, Cristo venció en favor de la humanidad… Al participar de su naturaleza divina debemos aprender a discernir las tentaciones de Satanás y, mediante la fortaleza de su gratia, vencer la corrupción que existe en el mundo por causa de la concupiscencia. El que antes fue un pecador ser humano, puede ser refinado y purificado por medio de los méritos impartidos de Cristo, y comparecer delante de sus semejantes como colaborador de Dios. Al que busca a Dios con sinceridad, se le impartirá seguramente la naturaleza divina, y con toda certidumbre se le adjudicara la compasión de Cristo (Cada día con Dios, p. 149).

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