Domingo 11 de mayo: Donde abundó el pecado (Romanos 5:12-21)
No solo el hombre sino también la Tierra había caído por el pecado bajo el dominio del maligno, y había de ser restaurada mediante el plan de la redención. Al ser creado, Adán recibió el señorío de la tierra. Pero al ceder a la tentación, cayó bajo el poder de Satanás. Y “el que es de alguno vencido, es sujeto a la servidumbre del que lo venció” (2 Pedro 2:19.) Cuando el hombre cayó bajo el cautiverio de Satanás, el dominio que antes ejercía pasó a manos de su conquistador. De esa manera Satanás llegó a ser “el dios de este siglo” (2 Corintios 4:4). Él había usurpado el dominio que originalmente fue otorgado a Adán. Pero Cristo, mediante su sacrificio, al pagar la pena del pecado, no solo redimiría al hombre, sino que también recuperaría el dominio que éste había perdido. Todo lo que perdió el primer Adán será recuperado por el segundo…
El sacrificio de animales fue ordenado por Dios para que fuese para el hombre Un recuerdo perpetuo, un penitente reconocimiento de su pecado y una confesión de su fe en el Redentor prometido. Tenía por objeto manifestar a la raza caída la solemne verdad de que el pecado era lo que causaba la muerte. Para Adán el ofrecimiento del primer sacrificio fue una ceremonia muy dolorosa. Tuvo que alzar la mano para quitar una vida que solo Dios podía dar. Por primera vez iba a presenciar la muerte, y sabía que si hubiese sido obediente a Dios no la habrían conocido el hombre ni las bestias. Mientras mataba a la inocente víctima temblaba al pensar que su pecado haría derramar la sangre del Cordero inmaculado de Dios. Esta escena le dio un sentido más profundo y vivido de la enormidad de su transgresión, que nada sino la muerte del querido Hijo de Dios podía expiar. Y se admiró de la infinita bondad que daba semejante rescate para salvar a los culpables. Una estrella de esperanza iluminaba el tenebroso y horrible futuro, y le libraba de una completa desesperación.
Pero el plan de redención tenía un propósito todavía más amplio y profundo que el de salvar al hombre. Cristo no vino a la Tierra solo por este motivo; no vino meramente para que los habitantes de este pequeño mundo acatasen la Ley de Dios como debe ser acatada; sino que vino para vindicar el carácter de Dios ante el universo. A este resultado de su gran sacrificio, a su influencia sobre los seres de otros mundos, así como sobre el hombre, se refirió el Salvador cuando poco antes de su crucifixión dijo: “Ahora es el juicio de este mundo: ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo” (S. Juan 12:31, 32). El acto de Cristo de morir por la salvación del hombre, no solo haría accesible el cielo para los hombres, sino que ante todo el universo justificaría a Dios y a su Hijo en su trato con la rebelión de Satanás. Demostraría la perpetuidad de la Ley de Dios, y revelaría la naturaleza y las consecuencias del pecado.
Desde el principio, el gran conflicto giró en derredor de la Ley de Dios. Satanás había procurado probar que Dios era injusto, que su ley era defectuosa, y que el bien del universo, requería que fuese cambiada. Al atacar la ley, procuró derribar la autoridad de su Autor. En el curso del conflicto habría de demostrarse si los estatutos divinos eran defectuosos y sujetos a cambio, o perfectos e inmutables.
Cuando Satanás fue expulsado del cielo, decidió hacer de la Tierra su reino. Cuando sedujo y venció a Adán y a Eva, pensó que había conquistado la posesión de este mundo; “porque me han escogido como su soberano”, dijo él. Alegaba que era imposible que se otorgase perdón al pecador; que por lo tanto los miembros del género humano caído eran legítimamente sus súbditos y el mundo era suyo. Pero Dios dio a su propio amado Hijo, que era igual a él, para que sufriese la pena de la transgresión y proveyó así un camino mediante el cual ellos pudiesen ser devueltos a su favor y a su hogar edénico. Cristo emprendió la tarea de redimir al hombre y de rescatar al mundo de las garras de Satanás. El gran conflicto que principió en el cielo iba a ser decidido en el mismo mundo, en el terreno que Satanás reclamaba como suyo (Patriarcas y profetas, p. 53-56).
Los hombres están emparentados con el primer Adán, y por lo tanto no reciben de él sino culpa y sentencia de muerte; pero Cristo entra en el terreno donde cayó Adán, y pasa sobre ese terreno soportando todas las pruebas en lugar del hombre.
Al salir sin mancha de la prueba, redimió el vergonzoso fracaso y la oprobiosa caída de Adán. Esto coloca al hombre en una condición ventajosa ante Dios; lo coloca donde, mediante la aceptación de Cristo como su Salvador, llega a ser participante de la naturaleza divina. Así llega a relacionarse con Dios y Cristo (Comentario bíblico adventista, t. 6, p. 1074).

Notas de Elena Segundo trimestre 2014 Escuela Sabática

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Lección Diaria

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