Libro Complementario | Capítulo 7 | «Señor, enséñanos a orar»  | Escuela Sabática


Cuenta Esopo, el genial fabulista de la antigüedad, que una liebre era ferozmente perseguida por un águila. Al ver que no podía eludir la gran agilidad del ave, la liebre le pidió a su amigo el escarabajo que la salva­ ra. El escarabajo se dirigió al águila y le suplicó que perdonara la vida de su amiga. Pero el águila, mirando la insignificancia del escarabajo, devoró a la liebre delante del insecto. Desde entonces el escarabajo prometió vengar la muerte del lagomorfo y vivía acechando los lugares donde el águila ponía sus huevos y, cuando los encontraba, los tiraba y los rompía. Al darse cuenta de lo que hada el escarabajo, el águila recurrió a Júpiter, el dios printipal de la mitología romana, y le suplicó que le consiguiera un lugar seguro donde ella pudiera depositar los huevos. Júpiter le dijo que con toda confianza podía colocarlos en su regazo, pues to que allí estarían muy seguros. Cuando el ave puso los huevos allí, el escarabajo hizo una bola de estiércol y la tiró sobre el regazo de Júpiter, «el cual queriendo arrojar de sí aquella basura, sacudió el manto, dejando caer tam­ bién los huevos del águila»

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