Lección | Intermediarios | Escuela Sabática Menores

Lección 1 | Intermediarios | ¡Quedó ciego! | Escuela Sabática Menores | Cuarto trimestre 2016


Queridos Padres:

Recuerden que los maestros de Escuela Sabática enseñarán esta lección en la fecha señalada. Los alumnos deberán estudiarla y hacer las actividades prácticas después, durante la semana que comienza a partir de ese sábado.

Pensamiento clave.: Servimos a Dios cuando usamos sus dones para contar a otras personas acerca de su amor.

Versículo para memorizar: “Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo” (1 Pedro 4:11).

Recuerdas algo que te haya pasado y que haya cambiado toda tu vida?
Podría tratarse de la muerte de un ser amado, el divorcio de tus padres, la llegada de un nuevo bebé a tu familia. ¿En qué sentido habría sido diferente tu vida si eso no hubiera sucedido? La historia que sigue te mostrará cómo un acontecimiento cambió no solo la vida de un hombre, sino también la historia de toda la iglesia cristiana. (Texto clave y referencias: Hechos 9:1-19; Los hechos de los apóstoles, pp. 92-99.)
-Comienza a empacar; porque mañana saldremos de viaje hacia Damasco -oí que Saulo decía cuando entró en la casa-. El sumo sacerdote nos ha dado permiso para viajar hacia el norte, hasta Damasco. Vamos a tomar prisioneros a todos esos molestos cristianos. Los arrastraré hasta aquí si fuere necesario -dijo y luego soltó la risa.
Me estremecí con esa risa. Nunca lo había visto tan entusiasmado, pero eso me infundía temor. A veces me preguntaba si acaso no estaba llevando demasiado lejos su cacería de cristianos. Por cierto que no podía decir nada, porque solo soy un sirviente.

Comencé a empacar. Partimos a la mañana siguiente. Además de los guardaespaldas de Saulo, nos escoltaba una compañía de soldados. Demoraríamos varios días en llegar a Damasco. Él y sus soldados buscaban a los cristianos por todas partes. Una noche, Saulo sonreía sentado junto a una fogata. Luego se levantó y dijo, mirando las llamas:
-Mañana llegaremos a Damasco. Durmamos bien esta noche. Mañana tendremos mucho trabajo.
La forma en que pronunció la última frase me dio escalofríos, aunque estaba cerca del fuego. Pablo se levantó antes que nadie a la mañana siguiente. Recuerdo que dijo:
-Levántense todos, porque Damasco nos espera.
¡Qué furia sentía contra los cristianos! Después de servirnos un desayuno frío, estiramos las piernas y comenzamos la última etapa de nuestro viaje.
Saulo había bajado de su caballo y caminaba solo. Yo conducía su cabalgadura.

Repentinamente, apareció una luz brillante en el cielo.
Traté de calmar al asustado caballo, pero desistí porque no podía ver.
Me eché a tierra y me tapé la cabeza con mi manto, para no ver la poderosa luz que inundaba el lugar. Oí algo así como truenos, mien tras los burros rebuznaban espantados y los demás caballos retrocedían asustados. Oí que alguien gritaba: -¡Miren! ¿Qué le pasa a Saulo?

Levanté el borde de mi manto para ver lo que sucedía y vi a Saulo postrado en tierra en el camino. Se oía una voz que le hablaba, pero no pude ver a nadie.
-Saulo, ¿por qué me persigues? -dijo la voz.
-¿Quién eres, Señor? -preguntó Saulo.
-Soy Jesús. Desde que viste a Esteban ser apedreado, tu conciencia te ha estado molestando. Has perseguido a los que creen en mí.
-¿Qué quieres que haga? -quiso saber Saulo.
-Tienes que ir a Damasco. Te diré lo que tienes que hacer cuando llegues allá -dijo la voz.
Saulo se levantó con dificultad. Se restregó los ojos y gritó que no podía ver. ¡Estaba ciego!
Los soldados de su guardia personal corrieron a su lado para ayudarlo. Le dijeron que lo llevarían al médico. Pero Saulo les dijo que no, porque el Señor le había ordenado ir a Damasco y allí le haría saber lo que debía hacer. Dijo:
-El Señor ha hablado, y debo obedecer. Ahora continuemos el viaje.
Los guardias personales y yo cabalgamos a su lado para asistirlo en lo que fuera necesario. Iba directamente hacia la misma gente a la que había ido a asesinar. Pero ahora iba a unir sus talentos y habilidades con los de ellos, y no contra ellos, para servir a Dios y compartir su amor con otras personas.

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