Lección 9 | Jueves 30 de noviembre 2017 | Lo que la Ley no podía hacer | Escuela Sabática Joven

JUEVES 30 NOVIEMBRE
LO QUE LA LEY NO PODÍA HACER
Opinión | Rom. 6:14; 7:15,18: 8:3, 4; Gál. 5:24
La cuerda floja es tan alta. Quizás algún día despertaste y pensaste: Quiero tratar de caminar por la cuerda floja de la ley, pero lo Intentaste y te caíste de cara. Cuando te miraste en el espejo, te encontraste con tu rostro completamente magullado, como un recordatorio de que no fuiste lo suficientemente bueno. Decidiste tratar de nuevo, pensando que quizás, con el tiempo, podrías mejorar; pero nunca pareció que podías hacer feliz a Dios.
La ley no es el salvador, es la norma. Como no es el salvador, estamos perdidos, a menos que estemos con el verdadero Salvador: Jesús. La ley señala los requisitos para la vida, pero no tiene la capacidad de salvarnos de las garras de una relación controladora con el pecado. El problema es que no podemos dejar el pecado porque nos sujeta con puño de hierro, nos suspira al oído e impulsa nuestras acciones. El problema es que todo lo que el pecado nos sugiere susurrando a nuestros oídos está en contra de la ley de Dios. Disfrutamos los aspectos del pecado que alimentan nuestros insaciables malos deseos, lo cual es una solución temporal para la necesidad más profunda, sin que lleguemos a tratar el problema de fondo que tenemos en nuestro corazón.
La ley no puede quebrar la sujeción a la que nos somete el pecado (Rom. 8:3); solo puede mostrarnos nuestro pecado. Es por esto que el sistema de sacrificios del Antiguo Testamento no podía librar al pecador del pecado a menos que conectara al pecador con el Mesías venidero: el Cordero de Dios. Los diversos sacrificios nunca podrían librar al pecador del pecado, solamente podían mostrar las consecuencias del pecado. Todos señalaban a aquel que realmente podía librarnos del pecado. Él realmente podía enfrentar el pecado y quebrar su dominio sobre la humanidad. No podemos abandonar el pecado por nuestro propio poder; solo cuando Jesús debilita el poder del pecado sobre nosotros podemos liberarnos e ir hacia él.
Cuando tratamos de caminar por la cuerda floja de la vida, Jesús es quien realmente nos recoge en sus brazos cada vez que caemos, para que podamos llegar al otro lado sin las marcas del fracaso. Debemos llegar al otro lado con (y por medio de) Jesús; pues de otro modo seremos juzgados por la cantidad de veces que caímos.

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