Lección 9 | Domingo 26 de noviembre 2017 | La demanda de justicia | Escuela Sabática Joven

DOMINGO 26 NOVIEMBRE
LA DEMANDA DE JUSTICIA
Logos | Rom. 6:23; 8:1
Romanos 8:1 declara: “Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús”, lo cual indica que en el pasado, los hombres y mujeres de Cristo vivieron en un estado de condenación, junto con sus pares no creyentes. Esta condenación existía a causa del pecado, que entró al mundo cuando Adán cayó y manchó a toda la humanidad futura (Rom. 5:18). En el griego del Nuevo Testamento, la palabra condenación significa que un individuo ha sido acusado de un crimen, ha sido examinado y condenado. Significa que el infractor ha sido declarado culpable y está esperando el castigo para que se cumpla la justicia. Para Pablo, la humanidad es el criminal, que ha sido declarada culpable de pecado y debe recibir la pena completa de la ley: la muerte (Rom. 6:23). Dado que “todos han pecado”, todos están condenados, así que todos deben morir (Rom. 3:23).
Sin embargo, en Romanos 8 ha sucedido algo para cambiar la situación. La condenación desaparece para “los que están unidos a Cristo Jesús”, lo cual solo puede significar una cosa: de alguna manera, la demanda de justicia ha sido saldada, así que los seguidores de Cristo ya no viven bajo la sombra de la pena de muerte.
Una ley de muerte (Rom. 6:14; 7:10)
La ley se destaca de manera prominente en el libro de Romanos, ya que Pablo busca demostrar que esta ha perdido su poder en las vidas de los cristianos (Rom. 6:14). El propósito de la ley es condenar el pecado en la humanidad y demandar un castigo apropiado, y por esta razón la ley funciona como un instrumento de la muerte (Rom. 7:10). Pablo argumenta que, en realidad, la ley aumenta los pecados que la gente comete e intensifica el juicio contra ellos, porque “si no fuera por la ley, no me habría dado cuenta de lo que es el pecado” (Rom. 7:7). Psicológicamente, este es un argumento sólido, porque como seres humanos caídos somos tentados con mayor fuerza a hacer las cosas que sabemos que son malas. Un niño no se siente tan tentado a tocar una hornalla hasta que su madre le dice: “¡No toques la hornalla!”
Cuando la ley nos dice qué acciones son pecado, nuestra naturaleza pecaminosa se ve atraída a esas acciones; y si elegimos pecar conociendo la ley, nuestra condenación se intensifica, porque hemos pecado deliberadamente. Incluso en el sistema legal moderno, los crímenes deliberados reciben un castigo más duro que los cometidos inadvertidamente. Una ley que solo puede ofrecer juicio no es suficiente para un Dios desesperado por salvar a la humanidad, así que él diseñó un plan que anularía el poder de la ley para condenar. Pablo explica este plan en Romanos 8:2 al 4.

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