Lección 8 | Miércoles 16 de agosto 2017 | Los privilegios de la adopción | Escuela Sabática Joven

Miércoles 16 de agosto
LOS PRIVILEGIOS DE LA ADOPCIÓN
En Gálatas 4:5 al 7, Pablo se explaya en su temática central, enfatizando que Cristo vino “para que redimiese a los que estaban bajo la ley” (vers. 4, 5). La palabra redimir significa “comprar otra vez”. Se refería al precio que se pagaba para comprar la libertad de un rehén o de un esclavo. Como lo indica el contexto, la redención implica un contexto negativo: una persona está en necesidad de ser liberada.
Pero ¿de qué necesitamos liberación? El Nuevo Testamento presenta cuatro cosas; entre otras: (1) liberación del diablo y sus engaños (Heb. 2:14, 15), (2) liberación de la muerte (1 Cor. 15:56, 57), (3) liberación del poder del pecado, que nos esclaviza por naturaleza (Rom. 6:22), y (4) liberación de la condenación de la Ley (Rom. 3:19-24; Gál. 3:13; 4:5).
¿Qué propósito positivo ha logrado Cristo por nosotros, mediante la redención que tenemos en él? Gálatas 4:5-7; Efesios 1:5; Rom. 8:15, 16, 23; 9:4, 5.
A menudo nos referimos a lo que Cristo ha logrado por nosotros como “salvación”. Si bien es cierto, esta palabra no es tan vívida y descriptiva como el uso distintivo que hace Pablo de la palabra adopción (huiothesia). Aunque Pablo es el único autor del Nuevo Testamento que usa esta palabra, la adopción era un procedimiento legal muy conocido en el mundo grecorromano. Varios emperadores romanos, durante la época de Pablo, utilizaron la adopción como medio para elegir a un sucesor cuando no tenían ningún heredero legal. La adopción garantizaba varios privilegios: “(1) El hijo adoptado se convierte en el hijo verdadero […] de quien lo adopta. […] (2) El adoptante acepta criar al hijo como es debido y atender sus necesidades de alimento y abrigo. (3) El adoptante no puede repudiar a su hijo adoptado. (4) El hijo no puede ser reducido a la esclavitud. (5) Los padres naturales del hijo no tienen derecho a reclamarlo. (6) La adopción establece el derecho a la herencia”.–Derek R. Moore-Crispin, “Galatians 4:1-9: The Use and Abuse of Parallels”, The Evangelical Quarterly, t. 61, Nº 3 (1989), p. 216.
Si estos derechos están garantizados en el ámbito terrenal, ¡imagina cuánto mayores son los privilegios que tenemos como hijos adoptados de Dios!
Lee Gálatas 4:6, considerando que la palabra hebrea abba era la palabra íntima que los hijos utilizaban para dirigirse a su padre, como la palabra “papi” o “papito” hoy. Jesús la usó en oración (Mar. 14:36), y como hijos de Dios también tenemos el privilegio de llamar “Abba” a Dios. ¿Disfrutas de esa clase de cercanía íntima con Dios en tu propia vida? Si no es así, ¿cuál es el problema? ¿Qué puedes cambiar para llegar a tener esa proximidad?

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