Lección 8 | Martes 15 de agosto 2017 | Dios envió a su Hijo | Escuela Sabática Joven

Martes 15 de agosto
DIOS ENVIÓ A SU HIJO
“Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley” (Gál. 4:4).
El uso que hace Pablo de la palabra “cumplimiento” indica el papel activo de Dios en llevar a cabo su propósito en la historia humana. Jesús no vino en cualquier momento; vino en el momento preciso que Dios había preparado. Desde una perspectiva histórica, a esa época se la conoce como la Pax Romana (la Paz Romana), un período de doscientos años de relativa estabilidad y paz en todo el Imperio Romano. La conquista del mundo mediterráneo por parte de Roma trajo paz, un idioma común, medios favorables para viajar y una cultura común que facilitaría el esparcimiento rápido del evangelio. Desde una perspectiva bíblica, también marcó el momento en el que Dios había fijado la venida del Mesías prometido (ver Dan. 9:24-27).
¿Por qué Cristo tuvo que tomar nuestra humanidad para redimirnos? Juan 1:14; Gálatas 4:4, 5; Romanos 8:3, 4; 2 Corintios 5:21; Filipenses 2:5-8; Hebreos 2:14-18; 4:14, 15.
Gálatas 4:4 y 5 contiene uno de los informes más sucintos del evangelio en las Escrituras. La venida de Jesús a la historia humana no fue un accidente. “Dios envió a su Hijo”. En otras palabras, Dios tomó la iniciativa en nuestra salvación.
También, la creencia fundamental cristiana en la divinidad eterna de Cristo está implícita en estas palabras (Juan 1:1-3, 18; Fil. 2:5-9; Col. 1:15-17). Dios no envió un mensajero celestial. Vino él mismo.
Aunque era el Hijo divino y preexistente de Dios, Jesús también fue “nacido de mujer”. Aunque el nacimiento virginal está implícito en esta frase, esta afirma de manera más específica su auténtica humanidad.
La frase “nacido bajo la ley” indica no solamente el legado judío de Jesús, sino también incluye el hecho de que cargó con nuestra condenación.
Era necesario que Cristo tomara nuestra humanidad porque, con nuestra naturaleza humana, Cristo calificaba legalmente para ser nuestro Sustituto, Salvador y Sumo Sacerdote. Como el segundo Adán, vino a reclamar todo lo que el primer Adán había perdido por su desobediencia (Rom. 5:12-21). Por su obediencia cumplió perfectamente las demandas de la Ley, y así redimió el trágico fracaso de Adán. Y, por su muerte en la Cruz, cumplió con la justicia de la Ley, que requería la muerte del pecador, y así obtuvo el derecho de redimir a todos los que se acercan a él con verdadera fe y entrega.

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