Jueves 22 de mayo
LEY Y JUICIO (Juan 5:30)
Aunque la Ley de Dios es una ley de misericordia, Dios finalmente la usará como la norma del Juicio. Él ha seguido ofreciendo oportunidades para que los pecadores se arrepientan y prometan lealtad, pero llegará la hora cuando se proclamará: “El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía” (Apoc. 22:11). Este anuncio sirve como preludio del Juicio Final.
En Apocalipsis 14:7, el primer ángel proclama el Juicio de Dios, aunque muchos otros textos hablan del Juicio de Cristo (p. ej., Hech. 17:31; 2 Tim. 4:1; 2 Cor. 5:10). ¿De qué modo Juan 5:30 nos ayuda a entender la función de Jesús en el Juicio?
Aunque Cristo había puesto a un lado su naturaleza divina cuando llegó a ser humano (Fil. 2:5-11), todavía tenía una relación especial con el Padre. Cuando los líderes religiosos lo acusaron de blasfemia, él informó a sus acusadores que Dios le había dado autoridad para cumplir tareas divinas específicas (Juan 5:19-30), una de las cuales era el Juicio. El hecho de que Cristo ha recibido la responsabilidad de juzgar demuestra la misericordia de Dios. Por cuanto Cristo ha llegado a ser uno con la raza humana, está en la situación de juzgar imparcialmente. Dada su familiaridad con la experiencia humana, Cristo no condenaría injustamente a una persona. De hecho, Cristo sugiere que la condenación no viene de él, sino que el pecador no arrepentido se condena a sí mismo cuando rehúsa aceptar la palabra divina (Juan 12:48).
Muchos están familiarizados con el contenido de la Ley de Dios pero no saben cómo guardarla. La Ley no es una lista de verificación que podemos usar para ver si estamos cerca del Reino; en cambio, es un instrumento que expresa diversos principios de amor. Cumplir la Ley no se limita a obedecerla a fin de ganar el favor de Dios, sino que nos llama a compartir el amor de Dios con aquellos que lo necesitan. Como norma del Juicio, la Ley mide el nivel de amor que la persona ha compartido con Dios y la humanidad. Cuando Cristo presida el Juicio Final, usará la Ley de amor de Dios, que es invariable, como la norma según la cual pronunciará las sentencias (Sant. 2:12).

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