Lección 8 | Camaradas de armas | Escuela Sabática | Primer trimestre

Escuela Sabática primer trimestre 2016 - Lección adultos - alumno maestros, - Rebelión y redención

Lección 8 | Camaradas de armas | Escuela Sabática | Primer trimestre


Lección 8: Para el 20 de febrero de 2016

CAMARADAS DE ARMAS

Sábado 13 de febrero

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Lucas 5:6-8, 11; Marcos 3:14; Mateo 8:23-27; Marcos 4:35-41; 9:33-37; Mateo 20:20-28.

PARA MEMORIZAR:

“Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras? (Luc. 24:32).

DESDE LOS PRIMEROS DÍAS de su ministerio, Jesús no trabajaba solo. Eligió humanos para participar en la predicación, la enseñanza y la ministración. Y, aunque los cuatro evangelios enfocan principalmente su vida, su muerte y su resurrección, a menudo lo hacen en el contexto de sus discípulos, los que estaban más cerca de él.

Así, mientras el Gran Conflicto rugía alrededor de Jesús, también lo hacía entre sus discípulos, hasta el mismo amargo final, cuando Jesús exclamó: “Consumado es”. A Satanás le resultó imposible hacer que Jesús tropezara y cayera. Sin embargo, los seguidores de Cristo fueron presas mucho más fáciles. Las fallas de sus caracteres abrieron una puerta que el enemigo aprovechó rápidamente.

El orgullo, la duda, la testarudez, la autosuficiencia, la mezquindad: cualesquiera que fueran sus fallas, estas abrían el camino a Satanás. La mitad de sus problemas eran generados por sus preconceptos y por no escuchar lo que Jesús decía que ocurriría. Tenían muchas lecciones duras que aprender. También las tenemos nosotros.

Domingo 14 de febrero

EL LLAMADO DE PEDRO

Cuando consideramos el increíble problema que estaba en juego en el Gran Conflicto, no sorprende que Jesús usara seres humanos para que lo ayudaran en el ministerio, especialmente unos que tenían tantas fallas como aquellos que eligió. Por supuesto, si consideramos la condición de la humanidad caída, cualquiera que él eligiera tendría defectos morales.

Caminando por la ribera del Mar de Galilea, seguido por una multitud, Jesús notó dos barcas de pescadores, cuyos dueños las estaban limpiando después de una noche improductiva. Estos pescadores ya había escuchado de Jesús, que había enseñado en su sinagoga, asombrando a todos con sus palabras (Luc. 4:31, 32). Jesús hasta expulsó un demonio de un hombre y todos estaban maravillados (vers. 33-36). Habían visto a Jesús en la casa de Pedro, sanando a la suegra de este (vers. 38, 39) y, más tarde, ese mismo día, sanando a muchos otros (vers. 40, 41).

No es raro que una multitud siguiera a Jesús por la ribera. Jesús entró en la barca de Pedro, la empujó un poco para alejarla de la orilla, de modo que la gente pudiera verlo, y luego les habló (Luc. 5:3). Cuando terminó, le dijo a Pedro que arrojara al mar la red que recién había limpiado. Seguramente, Pedro pensó que no lograría nada; pero, por respeto a Jesús, hizo lo que él le indicó.

Lee Lucas 5:6 al 8. ¿Qué nos enseña la reacción de Pedro acerca de él? ¿De qué forma nos ayuda a entender por qué, a pesar de las fallas obvias de Pedro, Jesús lo escogió?

La reacción de Pedro es notable. Quizá podamos trazar un paralelismo con la experiencia de Jacob luchando con el ángel: la misma percepción de la Presencia divina y un abrumador sentido de indignidad (Gén. 32:24-30). Una cosa es clara. Pedro se dio cuenta de su pecaminosidad, porque sabía que el Señor estaba allí. Su confesión abierta de su culpabilidad presenta un agudo contraste, por ejemplo, con la reacción de algunos líderes religiosos que se referían a Jesús como a un pecador (ver Juan 9:24) en lugar de reconocer, aun cuando estaban en su presencia, la propia pecaminosidad.

Lucas 5:11 dice que ellos, “dejándolo todo”, lo siguieron; esto significa que, cuando sus redes estaban tan llenas que se rompían, los hombres dejaron todo para seguir a Jesús. ¿Qué mensaje hay allí para nosotros?

Lunes 15 de febrero

“CON ÉL”

Cuando Jesús llamó a los primeros discípulos a orillas del mar de Galilea, ya habían presenciado su poder sobre el mal. Lo habían visto desafiar demonios (Luc. 4:34-36), sanar enfermos (vers. 38-41), gobernar la naturaleza (Luc. 5:4-6), revelar el pecado y, luego, asegurarle a Pedro que no había por qué temer (vers. 10).

Algún tiempo más tarde, después de orar toda la noche (Luc. 6:12), Jesús reunió a sus seguidores (discípulos) y, de un grupo mayor, eligió doce y los llamó apóstoles (Luc. 6:13; la palabra griega apóstolos significa “enviados”). Antes de que Jesús los enviara, pasó algún tiempo dándoles instrucciones (Luc. 9:1-5), que fueron similares a los detalles que le dio a un grupo mayor, de setenta, algún tiempo más tarde (Luc. 10:1-16).

Lee Marcos 3:14. ¿Qué quería hacer Jesús antes de enviarlos? ¿Qué mensaje importante hay aquí para todos nosotros?

¿Cuántas veces los discípulos modernos están ansiosos por correr a trabajar por Jesús en vez de pasar tiempo con él? La realidad sencilla es que, cuando salimos para cumplir la comisión evangélica, corriendo de aquí para allá con nuestra propia lista de cómo hacer las cosas, pasamos de largo al Salvador del mundo y tratamos de reemplazarlo con nosotros mismos. Es demasiado fácil tener un “complejo de Mesías,” pensando que nos corresponde salvar al mundo, olvidando que solo Jesús es el Salvador.

No sería descabellado decir que mucho de la historia del cristianismo está manchado por aquellos que profesaron el nombre de Jesús sin conocerlo, sin haber pasado tiempo con él, sin haber sido transformados por él. Lo último que necesita nuestro mundo o nuestra iglesia son personas que corran en el nombre de Cristo sin haber estado “con él”. Una de las estrategias mayores de Satanás en el Gran Conflicto ha sido su capacidad de apropiarse de aquellos que reclaman el nombre de Cristo, y usarlos para deshonrar ese nombre. Por ello, antes de enviarlos, Jesús quería que estos hombres estuvieran con él, sin duda para que aprendieran de él.

¿Qué significa para nosotros, ahora, sin tener la presencia física de Jesús, estar “con él”? ¿Cuáles son algunas maneras prácticas en las que hoy podemos pasar tiempo real con él?

Martes 16 de febrero

EL DOMINIO DE JESÚS SOBRE LA NATURALEZA

Lee Mateo 8:23 al 27, Marcos 4:35 al 41 y Lucas 8:22 al 25. ¿Cuál es la realidad del Gran Conflicto que se revela en estos textos?

Aunque no entendemos plenamente en qué grado Satanás impacta el mundo natural, la Escritura revela que su influencia está allí, tal como se ve en la historia de Job (ver Job 1:18, 19). Elena de White también nos dice que “Satanás está ahora procurando por medio de desastres en tierra y mar sellar la suerte de tantos como sea posible” (ELC 348). Esta es otra indicación de su poder en esta área. Es en medio de los interminables desastres naturales que golpean al mundo que se puede ver la realidad del Gran Conflicto que se juega aquí en la Tierra.

En esta historia, al llegar el anochecer de un largo día de enseñanza, Jesús sugirió a los apóstoles ir a un lugar menos habitado en la orilla opuesta. En medio del viaje, una repentina tormenta de viento los atacó y las olas entraban en la embarcación (Mar. 4:37). Jesús estaba tan agotado que dormía tranquilamente en la popa, ajeno a la situación. Los discípulos estaban tan ocupados luchando contra la tormenta que pasó un tiempo antes de que se dieran cuenta de que Jesús dormía.

Jesús no dijo nada cuando clamaron a él. Él no dio un sermón para explicar la situación en la que estaban, ni sugirió formas en que los discípulos podían actuar para salir victoriosos de la situación. Simplemente se puso de pie, levantó su mano, y dijo al viento y a las olas que se calmaran, como si fueran solo niños inquietos.

Ante esto, los discípulos quedaron abrumados de admiración. Ellos “temieron con gran temor, y se decían el uno al otro: ¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen?” (Mar. 4:41).

En esta historia tenemos muchas lecciones; vemos el poder de Jesús y, unida a eso, nuestra necesidad de confiar en él, no importa lo que suceda.

Aunque podemos ver la realidad del poder del Señor aun sobre la naturaleza, hay un lugar donde él no nos forzará con su poder, y es nuestra propia voluntad. ¿Qué nos dice esto acerca de cuán cuidadosos tenemos que ser con el don de la libertad de elección? ¿De qué forma la realidad del Gran Conflicto nos debe llevar a ser aún más cuidadosos en el uso de ese don?

Miércoles 17 de febrero

¿QUIÉN ES EL MAYOR?

Lee Marcos 9:33 al 37. ¿Qué lección enseñó Jesús a los discípulos aquí, y cuál es el mensaje para cualquiera que pretende seguir a Jesús? Ver también Mat. 18:3-5.

Este debate entre los discípulos sin duda estaba relacionado con sus conceptos acerca del futuro. Pensaban que Jesús liberaría a Israel de los romanos, restauraría el reino de David y gobernaría como su nuevo rey, con toda la gloria que la Nación experimentó bajo el rey Salomón. Cuando esto ocurriera, sin duda suponían que ellos, como parte del círculo íntimo de Cristo, tendrían lugares destacados y funciones importantes que desempeñar en el reino recientemente restaurado. Sin embargo, esto no era suficiente: querían saber quién de entre ellos sería el “mayor” en el Reino de los cielos. Esto parece, definitivamente, una insinuación de Lucifer. (Ver Isa. 14:14.)

Lee Mateo 20:20 al 28. ¿De qué modo respondió Jesús a esta última pregunta? ¿Cuál era su punto principal?

Tal vez lo que más chasquea en este incidente patético es su contexto. Estaban en camino a Jerusalén donde Jesús pronto sería crucificado. Él acababa de explicarles que sería traicionado, burlado, azotado, condenado a muerte y crucificado, y que se levantaría al tercer día (Mat. 20:18, 19). Tan pronto como terminó de decir todo esto, la pregunta de quién sería el mayor volvió a surgir. Ellos no oyeron lo que Jesús había dicho. Era obvio que no estaban escuchando. Interesados en sus propias ambiciones mezquinas, perdieron de vista los grandes problemas en juego, concentrándose en falsos conceptos de un reino terrenal que nunca vendría, y perdiendo lo que Jesús les decía acerca del Reino eterno que les estaba ofreciendo por medio de su propia muerte venidera.

Es fácil pensar cuán cortos de vista y mezquinos eran los discípulos. Mírate a ti mismo, y pregúntate: “¿Qué cortedad de visión y mezquindad necesito purgar de mi propia alma?”

Jueves 18 de febrero

ENCUENTRO DIVINO CON LA PALABRA

Era el tercer día desde la muerte de Jesús. Sus seguidores estaban mudos, conmocionados. Ellos habían pensado que Jesús aplastaría a los romanos; pero, en cambio, parecía que los romanos lo habían aplastado a él

Muchos discípulos se reunieron con los apóstoles después de la crucifixión. Varias mujeres visitaron la tumba el domingo de mañana temprano. Lucas nombra a tres de ellas, pero también había otras que habían venido con Jesús, de Galilea (Luc. 23:55; 24:1, 10). Regresaron de la tumba vacía para contar, a “los once y a todos los demás”, acerca de dos hombres de ropas brillantes que habían visto allí (vers. 9).

Lucas registra que, ese domingo de tarde, dos de los seguidores de Jesús regresaban caminando de Jerusalén a su hogar en Emaús, un recorrido de dos o tres horas (Luc. 24:13). Es probable que estuvieran tan concentrados en su discusión de lo que había sucedido el fin de semana que no notaron que un extraño caminaba cerca de ellos. Tal vez nunca lo habrían notado si él no hubiera intervenido en su conversación, preguntando por qué estaban tan tristes (Luc. 24:17).

Esta pregunta realmente encendió a Cleofas. Se preguntaba cómo este hombre podía ignorar todo lo que había ocurrido. “¿Qué cosas?” preguntó el extraño (Luc. 24:19).

Lee Lucas 24:19 al 35. ¿Qué dijeron estas personas que revelaba su falta de comprensión, y cómo les explicó Jesús la verdad?

Nota el modo en que Jesús enfatizó las Escrituras. Así como recurrió a las Escrituras en su batalla con Satanás en el desierto, usó las Escrituras para despejar la oscuridad en la que estaban estas dos personas. Recién después de haberlos afianzado en las enseñanzas bíblicas acerca de él y su misión, Jesús les brindó dos experiencias poderosas que los ayudarían a afirmar esas enseñanzas: primero, se reveló a ellos, mostrándoles que realmente había resucitado de los muertos; segundo, “desapareció de su vista” (vers. 31). Entre el estudio bíblico sobre la muerte expiatoria de Jesús y esas dos vivencias únicas, estos discípulos tenían un buen fundamento para su fe.

Aquí, y en todos los evangelios, vemos a Jesús manteniendo la Biblia en el centro. ¿De qué modo podemos protegernos de cualquier pensamiento que nos haga poner en duda la autoridad de las Escrituras?

Viernes 19 de febrero

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR: Cuando estuvo en la carne, Jesús expulsó demonios (Luc. 6:18), dio esperanza a los desesperados (vers. 20-23), mostró a la gente cómo vivir el amor agape (vers. 27-49), sanó al siervo del centurión (Luc. 7:2-10), resucitó al hijo de la viuda (vers. 12-16), calmó una tormenta (Luc. 8:22-25), liberó al endemoniado de Gadara de sus demonios (vers. 26-39), sanó a la mujer que tuvo una hemorragia durante doce años (vers. 43-48), resucitó a la hija de Jairo (vers. 41, 42, 49-56) y hasta resucitó a Lázaro de los muertos después de cuatro días (Juan 11:39-44). Con todo lo que hizo, y mucho más, el pueblo todavía luchaba por creer en él. “Aun los propios discípulos de Jesús fueron lentos para aprender y entender. A pesar de su amor por él y la reverencia por su carácter, su fe en que era el Hijo de Dios vaciló. La frecuente referencia de ellos a las tradiciones de los padres y su continua mala comprensión de los discursos de Cristo mostraban cuán difícil era para ellos liberarse de la superstición” (MR 18:116). La fe es un don de Dios, pero es un don que las personas pueden resistir porque, como hemos sido advertidos, Satanás es real, el Gran Conflicto es real, y el enemigo trabaja mucho para hacernos dudar y no creer. La salvación solo se encuentra por fe en lo que Cristo hizo por nosotros; Satanás lo sabe y, por eso, hará todo lo que pueda para apartarnos de esa fe. Sin embargo, siempre debemos recordar que, gracias a Dios, Jesús es infinitamente más poderoso que el diablo y, si nos aferramos a él, Satanás no puede derrotarnos.

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. Responde esto: “Si Jesús tiene tanto poder sobre la naturaleza, ¿por qué tanta gente, aun cristiana, cae víctima de desastres naturales?”

  2. ¿Cuáles son algunas de las razones por las que tenemos fe en Jesús y en lo que la Biblia dice acerca de él? ¿Por qué es importante mantener estas razones siempre ante nosotros? A pesar de esas muchas buenas razones, ¿por qué tantas personas luchan con la fe? ¿Cuáles son las cosas que nos hacen dudar, y cuál es la mejor manera de tratar con ellas?

  3. Como vimos esta semana, Jesús eligió personas con fallas para trabajar con él. ¿Qué esperanzas te da esto, con respecto al modo en que Jesús puede usarte, a pesar de tus propias debilidades?

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