Lección 7 | Domingo 12 de noviembre 2017 | Jesús, la perfección y yo | Escuela Sabática Joven

DOMINGO 12 NOVIEMBRE
JESÚS, LA PERFECCIÓN Y YO
Logos | Rom. 6:1-21; Gál. 5:17; 1 Juan 2:1 Jesús venció el pecado (Rom. 6:10)
Cuando Jesús murió en la cruz, venció al pecado. Fue a través del pecado que la muerte entró a nuestro mundo. Gracias a que Jesús venció al pecado, los cristianos ahora reconocen que su resurrección tiene un poder transformador. “En cuanto a su muerte, murió al pecado una vez y para siempre; en cuanto a su vida, vive para Dios” (Rom. 6:10). El impacto de la muerte y la resurrección de Jesús significa que se nos otorga el regalo de la vida eterna. Gracias a que Jesús quebró el poder del pecado, nosotros recibimos poder. El pecado ya no puede controlarnos como lo hacía antes. El resultado final no es el mismo.
Si seguimos a Jesús, no solo tratamos de reflejar el carácter de Jesús, sino también ganamos su recompensa y seguimos las pisadas de Jesús hacia la vida eterna. La justificación por medio de la fe es creer que solo a través de nuestra fe y nuestro deseo de seguir a Jesús somos salvos; nada que hagamos puede hacernos ganar la entrada al cielo. ¡Así es como funciona la gracia de Dios! Sin embargo, eso no significa que podemos vivir ignorando la realidad del pecado. Aunque nuestras acciones no pueden comprar la vida eterna, hay una conexión entre nuestra fe y la manera en que vivimos. “Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo podemos seguir viviendo en él?” (Rom. 6:2).
Nuestra lucha con el pecado (Gál. 5:17)
Aunque Jesús venció el poder el pecado, todavía estamos atrapados en una lucha entre el bien y el mal. El pecado puede haber perdido su poder eterno, pero vivimos en un mundo pecaminoso. Cada uno de nosotros enfrenta una lucha interna en la cual nuestra naturaleza pecaminosa está en guerra con nuestras buenas intenciones: “La naturaleza pecaminosa desea hacer el mal, que es precisamente lo contrario de lo que quiere el Espíritu” (Gál. 5:17, NTV). Decidir seguir a Jesús no quiere decir que nos volvemos inmunes al pecado.
Nos llaman o nos llamamos “cristianos” como una forma de declarar que somos seguidores de Jesucristo, pero el término cristiano funcionaría mejor como un verbo; ser un cristiano es una acción continua. Siempre enfrentaremos oposición y tentación. Sí, Jesús venció al pecado, pero el pecado todavía existe. Decimos que Jesús venció al pecado, en pasado, pero la realidad es que Jesús está venciendo el pecado en nuestro presente, y también en nuestro futuro. “Y el Espíritu nos da deseos que se oponen a lo que desea la naturaleza pecaminosa” (Gál. 5:17, NTV).
“La experiencia de la salvación implica arrepentimiento, confesión, perdón, justificación y santificación”.* Entramos en una relación con Dios, y como en cualquier relación, cuanto más lo conocemos y más tiempo pasamos juntos, más profunda se vuelve la relación y mayor es el entendimiento mutuo. Esta experiencia no debería percibirse como un plazo de tiempo o algo que solo puede suceder una vez. Nuestra relación con Dios no es estática; se mueve y crece.

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