Lección 6 | Viernes 4 de agosto 2017 | ¡Todo se ha cumplido! | Escuela Sabática Joven

VIERNES 4 AGOSTO

¡TODO SE HA CUMPLIDO!

Explora | Gál. 3:18 En resumen…

Números 23:19 nos recuerda que “Dios no es un simple mortal para mentir”. Por tanto, cuando Dios promete algo, se cumple, porque la palabra de Dios es el hecho en sí. Vemos demostraciones de eso en el relato de la Creación en Génesis, cuando Dios llamó a las cosas que no existían y aparecieron. En otras ocasiones, Dios declara, promete o invoca cosas que no aparecen inmediatamente, como su promesa a Abraham. Entonces, la ley llegó unos 430 años más tarde. ¿Revierte eso la promesa de Dios? La respuesta simple es ¡NO! La promesa a Abraham ya estaba cumplida cuando aquellas palabras salieron de la boca de Dios. Y sigue siendo relevante para nosotros hoy. Solo tenemos que aferramos de la promesa de Dios a Abraham, que somos justificados por gracia y heredaremos la vida eterna sin importar la presencia de la ley, ¡porque cualquier cosa que Dios promete se cumple!

Actividades sugeridas

» Crea una lámina, un mapa o un mural que haga una conexión entre el tiempo en que Dios hizo su promesa a Abraham y cómo la promesa sigue viva hoy.

» Escribe un texto corto sobre cómo nuestra sociedad moderna incentiva a las personas a romper promesas, en contraste con los mandatos que Dios nos da en la Biblia para que cumplamos nuestras promesas o con nuestra palabra.

» Escucha el himno “Todas las promesas” (N° 412 del Himnario Adventista). ¿Cómo podemos relacionar la canción con el tema de esta semana?

» Dirige un debate de grupo sobre la importancia de cumplir las promesas, y haz una relación con la promesa de Dios a Abraham y, por extensión, a nosotros.

» Reflexiona sobre un momento de tu vida en que tus padres -u otros adultos importantes para ti- te hicieron promesas que no cumplieron. ¿Cómo te sentiste? ¿Y en una ocasión en que sí cumplieron sus promesas? ¿Cuán diferentes fueron tus sentimientos? ¿Puedes visualizar a Dios cumpliendo contigo su promesa a Abraham?

» Crea una corta representación que conecte la época en que Dios hizo su promesa a Abraham y cómo la promesa sigue viva hoy.

» Observa los aspectos de la naturaleza que dan testimonio de que las promesas que Dios hace son verdaderas.

Lectura adicional

Santiago 5:12; 1 Juan 2:5; Deuteronomio 23:23.

Elena de White, Fe y obras, p. 47; Patriarcas y profetas, capítulo 11 (“El llamamiento de Abraham”).

Bruce Feiler, Abraham. Un viaje al corazón de tres religiones (Poliedro, 2002).

Nadine Joseph, Brooklyn, Nueva York, EE. UU.

¿Qué está queriendo transmitir Pablo con la analogía entre el testamento final de una persona y el pacto de Dios con Abraham? Gálatas 3:15 al 18.

Reemplaza la palabra “pacto” por “promesa” en los siguientes pasajes. ¿Cuál es la naturaleza del “pacto” en cada pasaje? ¿De qué manera el entender el pacto de Dios como una promesa aclara el significado del pasaje, y cómo nos ayuda a entender mejor lo que es un pacto? (Gén. 9:11-17; 15:18; 17:1-21). ¿Qué nos enseña esto, además, acerca del carácter de Dios, y de cómo podemos confiar en él?

Piensa detenidamente en todo lo que implicaría si Pablo efectivamente hubiera dado a entender que la fe anula la necesidad de guardar la ley. Entonces, por ejemplo, el adulterio, el robo, e Incluso el homicidio, ¿dejarían de ser pecados? Piensa en la tristeza, el dolor y el sufrimiento que podrías ahorrarte si simplemente obedecieras la ley de Dios. ¿Qué sufrimientos has padecido como resultado absoluto de la desobediencia a la ley de Dios?

En Gálatas 3:19 al 29, Pablo hace múltiples referencias a “la ley”. ¿A qué ley se está refiriendo Pablo primordialmente en esta sección de Gálatas?

¿Alguna vez has pensado para tus adentros: Si tan solo el Señor hiciera esto o aquello por mí, o lo de más allá, entonces nunca más dudaría de él ni lo cuestionaría? Sin embargo, piensa en lo que sucedió en el Sinaí, en la manifestación tan poderosa del poder de Dios que vieron los israelitas, y aun así, ¿qué hicieron? ¿Qué debería decirte esto, en cuanto a qué es la verdadera fe y cómo podemos conservarla? (Ver Col. 2:6).

Describe la naturaleza de los encuentros directos de Abraham con Dios. ¿Qué beneficio hubo en ese contacto directo con Dios? Considera Génesis 15:1 al 6; 18:1 al 33; 22:1 al 18.

Piensa en algunos de los encuentros que tuvieron otros personajes bíblicos con Dios: Adán y Eva en el Edén (Gén. 3); la escalera de Jacob (Gén. 28); Pablo, en el camino a Damasco (Hech. 9). Quizá no hayas experimentado algo tan dramático, pero ¿cómo se te ha revelado Dios personalmente? Pregúntate, también, si hay algo en tu vida personal que pudiera estar impidiendo que tengas la clase de intimidad y proximidad que experimentó Abraham con Dios. Si es así, ¿qué pasos puedes tomar para cambiar?

Piensa en todo este asunto de las promesas, especialmente las promesas incumplidas. ¿Cómo te sentiste con quienes no cumplieron su promesa contigo? ¿Hubo diferencia en el hecho de que la persona haya tenido la intención de cumplirla pero, luego, no pudo hacerlo o cambió de parecer, o si te diste cuenta de que la persona nunca tuvo la intención de cumplirla? ¿Qué sucedió con tu nivel de confianza después de que la promesa no se cumplió, por el motivo que fuera?

¿Qué significa para ti el hecho de saber que puedes confiar en las promesas de Dios? O, quizá, la pregunta debería ser: ¿Cómo puedes aprender a confiar en las promesas de Dios, por empezar?

¿En qué sentido estamos en peligro de corrompernos por causa de nuestro entorno, al punto de perder de vista las verdades importantes que Dios nos ha dado? ¿Cómo podemos concientizarnos sobre cuáles son esas influencias corruptoras, y cómo podemos contrarrestarlas?

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